“MANTENGO MI CRITERIO”: CUANDO EN CGT UN EXCEL VALE MÁS QUE LOS ESTATUTOS
Hemos recibido para su publicación en La Campana el texto “Mantengo mi criterio: cuando en CGT un Excel vale más que los estatutos”, que reproducimos literalmente.
Nos deciden a ello tres cuestiones.
Por un lado, la extrema importancia del tema que aborda, en el momento que ahora vive CGT: a las puertas de un Congreso ya roto por el fraude estatutario.
Por el otro, la veracidad documentada de los hechos que denuncia y la contundente argumentación con la que el artículo analiza el abuso y la arbitrariedad de unos personajes que traicionan la responsabilidad orgánica que una confiada afiliación les otorgó algún día.
No es el estilo propio de La Campana el reiterado uso en un mismo texto de expresiones enfáticas, por más que manifiesten coloquialmente el natural, justo y necesario enfado y estado de cabal rebeldía contra una injusticia tan insultante y pretendidamente impune como la que están llevando a cabo el SG y el SP confederales contra el propio XX Congreso … sobre todo contra los sindicatos y militantes que denuncian el fraude y, en definitiva, contra la CGT que La voz incómoda y La Campana defendemos.
AL La Campana
Empecemos por lo sencillo: al SOV Alicante se le quieren quitar 80 cotizaciones pagadas y acreditadas. No discutidas, no pendientes, no imaginarias: pagadas. Esas 80 cotizaciones son la diferencia entre 12 y 13 votos en el xx congreso, pero resulta que, aunque las pague el SOV, se decide que se le van a contar al SAP de Alicante porque así lo dice un “SuperExcel”.
[Ante las reiteradas reclamaciones sobre el encuadre de 10 cotizaciones realizadas por afiliados y afiliadas de enseñanza y sanidad privadas al SOV de Alicante y enviadas por este a la Territorial del País Valenciá i Murcia, el SAF fue respondiendo que “No existe ningún error, nosotros trabajamos con un Excel que denominamos “superexcel”… en el Excel confederal pertenecen al Sindicato de Administraciones Públicas de Alicante (243)… Mantengo mi criterio y no se admiten las cotizaciones que pretendeis incluir, porque afectan a otro sindiacto de Alicante… para finalizar así: “Ya pasó el período de reclamaciones y me mantengo en mi criterio”]
Para acreditarlas hemos aportado liquidaciones, certificados, transferencias, justificantes y toda la trazabilidad imaginable. Solo ha faltado que nos pidieran la talla de ropa interior de la Secretaría General y una muestra de ADN. ¿Y qué documento aparece para demostrar que esas diez afiliaciones dejaron el SOV y pasaron al SAP? Ni una baja, ni un traslado, ni un alta, ni un acto orgánico individual; ni una sola puta prueba. cero. la nada. Pero para jodernos un voto, por lo visto, con fe, el “SuperExcel” y dos cojones administrativos basta.
La respuesta, después de todo ese papel, es mucho más sofisticada: “Mantengo mi criterio”. Coño, fantástico. Pues haber empezado por ahí y nos ahorramos las fotocopias. Si un criterio personal vale más que las cotizaciones pagadas y más que los documentos, igual podemos tirar los Estatutos a la papelera y organizar el Congreso con una baraja española.
Y aquí aparece el contraste que hace que la cosa huela todavía peor. El SAP figura en la tabla definitiva con 4.190 cotizaciones, media 349 y 8 votos. Después pagos, correcciones y regularizaciones incompletas de última hora (Llevaban desde octubre de 2025 sin cotizar a su federación). Con la documentación económica actualmente trazable, el cálculo arroja 1.388 cotizaciones, media 115,67 y 4 votos teóricos, salvo que exista documentación adicional válida que justifique otra cifra y lo que es peor, si pretende que se le cuenten esos 8 votos, como no ha pagado por ellos, estaría incumpliendo una de las normas principales de participación, estar al corriente de pago.
No se trata ya del SAP. Se trata de explicar el Puto Doble Rasero. A Alicante, que ha pagado, se le quita un voto sin enseñar el documento que lo justifique. Al otro lado, con una situación económica dudosa que ha requerido correcciones y regularizaciones posteriores incompletas, se mantienen ocho. A unos se les exige demostrar hasta la talla de los calzoncillos. A otros parece bastarles con coser las cuentas con cuatro grapas, echarles cinta aislante y llegar al Congreso con cara de ‘circulen, aquí no ha pasado una puta mierda’.
Y todavía tiene más gracia. Entre las ponencias pendientes de debatir está la 7.30, “Criterios Registro Afiliación”, que pretende fijar precisamente reglas generales sobre encuadramiento y adscripción de afiliación. Es decir, el Congreso todavía no ha decidido esos criterios, pero con nuestras diez afiliaciones parece que alguien ya ha estrenado la película antes del puto estreno.
No estamos diciendo que formalmente se esté aplicando esa ponencia antes de aprobarla. Decimos algo bastante más incómodo: resulta difícil explicar por qué se pretende aplicar ahora una lógica de encuadramiento que precisamente está pendiente de debate congresual. Seguro que es otra puta casualidad.
Y cuando levantamos la vista del “SuperExcel”, la mierda no termina. La Plenaria acuerda Madrid como lugar del Congreso. Después aparece Parla y no consta otro Pleno o Plenaria que haya aprobado ese cambio, aunque el Reglamento atribuye precisamente a esos órganos la decisión sobre lugar y fecha. ¿Para qué coño reunir al órgano competente pudiendo cambiarlo y santas pascuas? Muy federalista todo.
Después está la Comisión Organizadora. El Secretariado Permanente de CGT comunica directamente quiénes serán sus tres integrantes. El Comité Confederal no se reúne para elegirlos. Y esa comisión, que debería organizar, acaba jugando al “Simón dice” con el Congreso. Simón dice que esta ponencia entra, Simón dice que esta desaparece, Simón dice que esta va a Organización, Simón dice que aquella va a Estatutos, Simón dice mayoría simple y Simón dice dos tercios. Y después que voten los sindicatos, claro. Total, si ya les han decidido antes qué entra, dónde va y qué mayoría necesita.
La propia Comisión reconoce 136 ponencias, 10 rechazadas y varios cambios de punto; después aparece una undécima exclusión. El pequeño problema es que el Reglamento solo deja fuera la ponencia presentada fuera de plazo. Lo demás debería llegar al Congreso. Pero parece que alguien ha descubierto una nueva competencia: hacer desaparecer ponencias, aunque hayan llegado a tiempo. Coño, qué práctico. Y aquí viene la parte fina: hay ponencias que materialmente afectan a Estatutos y siguen en Organización, donde pueden intentar aprobarse con mayoría ordinaria. Pero otras, como “SFF-CGT 40 años de lucha”, se mandan a Estatutos y pasan a necesitar dos tercios.
QUÉ PUTÍSIMA CASUALIDAD.
SI INTERESA QUE PASE: ORGANIZACIÓN.
SI MOLESTA: ESTATUTOS Y A ESCALAR EL EVEREST
Varias propuestas colocadas en Organización afectan realmente a estructura sindical, afiliación, federaciones y funcionamiento de órganos. O sea, materias estatutarias de toda la puta vida. Pero parece que los dos tercios funcionan como el portero de una discoteca: a unos “pasa, pasa”; a otros “tú no entras ni con recomendación del Papa”.
Luego están las ponencias que directamente desaparecen: bajas, desfederaciones, inhabilitaciones, derechos de afiliación, competencias entre órganos, ámbito de federaciones… ¡Qué mala suerte: siempre se caen del libro las que más tocan los cojones! Nunca desaparece una ponencia sobre el color de las cortinas.
Y, además, según la documentación difundida sobre el proceso, al menos 65 sindicatos promovieron un debate sobre la crisis orgánica, las desfederaciones, las inhabilitaciones y la Comisión de Garantías, y esa cuestión ni siquiera llegó a tratarse en Plenaria. Sesenta y cinco sindicatos. Pero oye, igual faltaba una autorización firmada por los padres, tres velas y Mercurio retrógrado.
Y aquí está lo verdaderamente incómodo. Todas las “casualidades” afectan exactamente a lo mismo: qué se debate, qué no se debate, con qué mayoría, quién vota y cuánto vota. O sea, todo lo que decide quién gana un Congreso.
No vamos a decir que hay tongo. Sería muy feo. Diremos simplemente que, si alguien quisiera montar uno, tendría bastante difícil superar el guion. Porque una cosa es equivocarse. Otra es que todas las equivocaciones tengan una puntería de cojones.
Y lo peor ni siquiera es el “SuperExcel”, las ponencias o Parla. Lo peor es el DESPRECIO a quienes deberían mandar: A las asambleas de los sindicatos y el Congreso. Si una asamblea manda una ponencia y una comisión decide que ni se debate, la asamblea pinta una mierda. Si una reforma estatutaria se coloca en Organización para esquivar los dos tercios, los Estatutos pintan una mierda. Y si el Congreso llega con el lugar cambiado, el libro filtrado, las mayorías condicionadas y los votos discutidos, entonces el Congreso pinta otra mierda: llega para decidir cuando ya le han decidido hasta qué coño puede decidir.
Después vendrán las palabras bonitas: federalismo, horizontalidad, autonomía, anarcosindicalismo. Quedan de puta madre en una pancarta. Pero si antes de que las asambleas y el Congreso decidan ya hemos tocado qué se debate, dónde se debate, con qué mayoría y cuánto vota cada sindicato, igual podemos ahorrarnos tanta poesía libertaria.
Porque entonces, las asambleas no mandan: molestan. el congreso no decide: llega cuando ya le han cocinado media partida. y los estautos no gobiernan la organización: sirven para limpiarse el culo.
No vamos a llamarlo tongo. Sería quitarle mérito. Porque para ser una simple sucesión de errores, está todo jodidamente bien colocado. Y si después de semejante espectáculo alguien todavía pretende vendernos que aquí no pasa nada, que aproveche y venda también pulseras antimosquitos, crecepelo y participaciones de la estampita.
Al menos el trilero de la esquina tiene la decencia de no llamarlo anarcosindicalismo.
La voz incómoda

