L’ÉTABLI
Año: 2022
Duración: 117 min.
País: Francia
Dirección: Mathias Gokalp
Guion: Mathias Gokalp, Nadine Lamari, Marcia Romano
Reparto: Swann Arlaud, Mélanie Thierry, Denis Podalydès, Olivier Gourmet, Lorenzo Lefebvre, Félix Vanoorenberghe, Zéli Marbot, Malek Lamraoui, Yasin Houicha, Robin Migné
Música: Flemming Nordkrog
Fotografía: Christophe Orcand
L’établi, de Mathias Gokalp, repasa una historia poco conocida, pero real, de lucha social en Francia: tras mayo del 68, militantes de extrema izquierda, en su mayoría intelectuales procedentes de las clases burguesas e influidos por organizaciones maoístas, se infiltraron en las clases trabajadoras a las que querían apoyar, entre otras cosas, haciéndose contratar en fábricas.
Adaptación de la novela autobiográfica de Robert Linhardt de 1978, la película de Mathias Gokalp sigue el periplo de uno de estos obreros, Robert, profesor de filosofía en la universidad que deja su trabajo para incorporarse a la fábrica de Citroën en la región parisina con el apoyo de su mujer (Mélanie Thierry), ella misma militante. Finge la quiebra de la empresa de su padre y, bajo esta tapadera, aprende a trabajar en el taller y entabla amistad con sus compañeros, a los que poco a poco anima a declararse en huelga, con la esperanza de provocar así un levantamiento que podría mejorar las condiciones de trabajo y de vida de los obreros. Pero las cosas no son tan sencillas como él pensaba, y su posición es más difícil de mantener de lo que pensaba.
Película social de corte realista, L’établi es precisa en los hechos que revisita y nos ofrece una verdadera inmersión en una fábrica de automóviles de la Francia de finales de los años sesenta. La mayor cualidad de la película es que nunca cae en el maniqueísmo ni en el idealismo ingenuo. Al contrario, su héroe, sinceramente comprometido, pero de origen burgués, permite a la película seguir un esquema clásico pero eficaz y muy pertinente en este caso particular: el del idealista enfrentado al sistema, con todas las desilusiones que ello implica.
Desde el principio sabemos que Robert es libre de marcharse y encontrar trabajo en la universidad en cualquier momento. Su situación es cómoda y su infiltración no pone en peligro a su familia. Evidentemente, no es el caso de sus compañeros de la fábrica, a los que anima a ir a la huelga en un momento en que la patronal, a pesar de la ley, no dudaba en presionar a los trabajadores para disuadirlos de movilizarse, teniendo en cuenta que varios de ellos (sobre todo los inmigrantes) eran alojados directamente en albergues por Citroën. En este sentido, las preocupaciones de los trabajadores, que no tienen necesariamente ahorros y algunos de los cuales tienen gastos sanitarios, están muy bien transmitidas, hasta las tensiones entre huelguistas y no huelguistas.
La galería de personajes es convincente, aunque no era nada fácil dar vida a tantos protagonistas en menos de 2 horas. La calidad de los diálogos y de la interpretación hace que cada personaje resulte creíble, aunque no todos tengan el mismo tiempo en pantalla.
El guion retrata también la diversidad de la clase obrera francesa de la época: jóvenes sin cualificación, algunos de ellos aislados de sus familias; hombres y mujeres que se han orientado hacia una nueva profesión tras realizar diversos trabajos esporádicos; inmigrantes italianos y norteafricanos, etc.
La dirección de Mathias Gokalp, sobria y serena, se mantiene lo más cerca posible de los personajes, privilegiando los primeros planos (incluso en el taller) y jugando con las miradas entre los obreros para poner de relieve las relaciones entre los personajes y transmitir la manera en que se unen poco a poco contra la dirección de la fábrica, permitiendo que el movimiento cobre impulso progresivamente. La fotografía de Christophe Orcand realza los colores de finales de los años 60, con tonos que se podrían calificar de otoñales.
El reparto es muy convincente (incluso en los papeles más secundarios) y hay una verdadera sensación de sinergia. Swann Arlaud sobresale en el papel de Robert: se muestra simpático y creíble en este papel de profesor militante cuyos ideales chocan con toda la fuerza de una realidad compleja, y su actuación, aunque solo sea a través de sus expresiones faciales, consigue transmitir el cuestionamiento de su personaje con gran riqueza de matices y profundidad.
En definitiva, L’établi es una película social compleja y equilibrada que consigue evitar muchos de los defectos que suelen lastrar otras obras del género para reflejar a la perfección una época pasada de una manera que puede arrojar luz sobre lo que está ocurriendo en el presente.
