Editorial
Te han sitiado corazón
y esperan tu renuncia.
Los únicos vencidos, corazón,
son los que no luchan.
No te entregues, corazón libre.
No te entregues.
Rafael Amor
De nuevo el tinglado político-electoral ‘democrático’ en marcha, cuando tocan las elecciones al parlamento europeo, entre el 6 y el 9 de junio, como antes lo fueron catalanas, vascas, gallegas o españolas.
Como viene siendo imperativo, también en esta ocasión los partidos políticos peticionarios del voto para sus candidatos, tratarán de convencer a sus ciudadanos respectivos de la necesidad de votar, pues ésta es -así lo dicen, pues eso es lo que le mandan decir- “la única forma de arreglar las cosas”, ya que “el voto es la única arma que pertenece y pueden utilizar los ciudadanos de pro” para que el sistema representativo funcione adecuadamente. Todo ello, por más que todos, absolutamente todos los implicados en la mascarada en marcha sepan que el parlamento europeo resulta irrelevante como ámbito y lugar de decisión para nada serio. Función que, en todo caso, se reserva formalmente al Consejo de la Unión Europea, cuyos integrantes no son elegidos directamente por los ciudadanos y, por tanto, no intervienen en el actual simulacro representativo electoral.
Según la retórica institucional y oficial del sistema político-económico que rige en Europa, aquellas personas que depositen su voto secreto en la urna, aunque formalmente no más se trate de una elección al parlamento y no al Consejo, validarán y legitimarán tanto la personalidad de los miembros de la cúpula decisoria de la maquinaria política de la UE como sus futuras decisiones en todos los órdenes en que son competentes, que, por otra parte, ya son más y más determinantes que las que competen a los respectivos estados nacionales.
Sin embargo, todo el mundo reconoce que esas decisiones de la UE sobre asuntos de verdadera importancia, nucleares para el sistema económico y político vigente, jamás han estado condicionadas por un resultado electoral, fuese este el que fuese. Pues quien en verdad decide en lo que afecta a esas cuestiones nodales es, en todo caso, la conjunción de intereses entre el poder económico capitalista internacional (el poder fáctico, las grandes corporaciones industriales y financieras multinacionales) y las jerarquizadas corporaciones políticas de la UE.
Con todo, hasta la más infantil credulidad ha de tener límites, si no busca encubrir una complicidad interesada. El pasado 20 de mayo, 600 ONG’s se han unido para “invitar” a los partidos políticos que se presentan a las elecciones europeas a que cambien el rumbo de sus políticas y renuncien a la guerra, la industria armamentística, el racismo y la xenofobia contra los emigrantes, el colonialismo imperial, la geopolítica armada regida por la rapacidad de las empresas extractivistas en África y el mundo … en fin, que los gobiernos europeos declinen de sus prácticas habituales e intereses económico-geopolíticos en aras de la solidaridad internacional y la ‘democracia’.
Sin embargo, el sistema electoral y el ejercicio del voto personal, tal y como están diseñados en los sistemas ‘democrático representativos’ del occidente capitalista, desde EE UU hasta Europa, incluida Rusia, lejos de ser un instrumento útil para una más justa y armoniosa organización social, representa un fraude, un engaño, un entretenimiento colectivo, que pervierte la idea misma de ‘democracia’ (gobierno del pueblo). Una ‘democracia’ que para serlo genuinamente a día de hoy -tal como la CGT y el anarcosindicalismo defienden en sus Congresos-, habría de ser asamblearia entre iguales, económica y socialmente, colectiva en su acción y funcionamiento autogestionado y comunal-federal en su estructura.
Y no como lo es ahora. En primer lugar, porque la ‘agenda electoral’ sometida a debate durante la campaña, en ningún caso autorizará a ningún aspirante -anécdotas aparte- a traspasar los límites o poner en cuestión los cimientos del orden económico capitalista y político estatal autoritario. En segundo lugar, porque en ese compromiso ‘pro-sistema institucionalizado’ han de estar implicados todos los líderes candidatos, así como los partidos políticos que los entronizan. En tercer lugar, porque la personalidad de sus líderes está también siendo fabricada en cada ocasión por las empresas de márquetin electoral y/o selección de personal político adecuado a aquél compromiso. En cuarto lugar, porque la presunta ‘voluntad general” emanada de las urnas y, manifestada en el resultado final del proceso electoral, será finalmente ‘interpretada’, ‘formulada’ y ‘definida’, no por los votantes, sino por la conjunción de intereses entre el poder económico capitalista internacional (las grandes corporaciones industriales y financieras) y las jerarquizadas corporaciones políticas de la UE, que controlaron todo el proceso.
Ninguna libertad hay en el voto, ni en el momento de ejercerlo ni tampoco en asumir la condición de delegar durante años en otros la responsabilidad propia. La Campana, CGT-Pontevedra, llama a la clase trabajadora, a que actúe con voz propia, por siempre comprometida contra toda injusticia. No a que ejerza un voto, siempre ilusorio y claudicante, o a que delegue su responsabilidad histórica en oportunistas políticos de cualquier signo que, es seguro, en cuanto alcancen algún poder institucional, habrán de traicionarla necesariamente.

