VII Época - 41

UNA ORGANIZACIÓN QUE NO RESPETA SUS PROPIOS ACUERDOS NO ES DE FIAR

Tradicionalmente, la formación anarcosindicalista se producía por tres vías principales: la primera, el aprendizaje que había por el propio contacto de los jóvenes militantes con los que ya eran veteranos; la segunda, por la experiencia de las luchas de la propia organización; y la tercera, a través de la autoformación, con la que se alimentaba el deseo de profundizar en aquellos aspectos en los que la experiencia dejaba de ser determinante, es decir, en la lectura de los clásicos del anarquismo o de la historia anarcosindicalista. En este aprendizaje era fundamental la persistencia orgánica de unos principios rectores de funcionamiento (autonomía, federalismo, acción directa) que, conjugados con el respeto a unos estatutos sencillos que plasmasen dichos principios para el día a día, formaban el corpus del funcionamiento orgánico.

Para que esto marchase era imprescindible la confianza entre la militancia y los entes orgánicos. El respeto a estos principios y el cumplimiento de los estatutos era general y, precisamente por ello, no era necesario ningún mecanismo inquisidor ni controlador orgánico alguno. La CGT era, como anarcosindicalista, una organización fiable.

Sin embargo, en los últimos tiempos -en especial desde el Congreso de Zaragoza- estamos descubriendo una organización que no es de fiar, en la que se ha perdido el respeto por los principios orgánicos y en la que el cumplimiento estatutario depende de si interesa hacerlo o no. Si esta actitud es adoptada por algunos comités confederales -en especial el Secretariado Permanente del Comité Confederal- el destrozo de la confianza es mayúsculo. En esta situación no es de extrañar que algunos compañeros acaben encomendándose más en la justicia burguesa -aborrecible ente nosotros- que en los propios mecanismos orgánicos para la resolución de problemas, mecanismos convertidos en inútiles por los propios comités confederales en su propio beneficio.

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Hace unos meses, Gonzalo Whelmi, afiliado ferroviario del Sindicato de Transportes y Comunicaciones de Madrid, pidió su baja sindical. Consecuentemente, la Sección Sindical ferroviaria de la CGT lo retira de todos sus cargos de representación y comunica a la empresa que Gonzalo deja de representar a la CGT. Sorprendentemente, el Sindicato de Oficios Varios afilia al interfecto y este, más sorprendentemente aún, pide la aplicación del protocolo de acoso por las decisiones tomadas por la Sección. Aquí cabría comentar que dicho protocolo había sido declarado incompatible con el anarcosindicalismo por el Congreso Confederal pero, a pesar de eso, es activado y esta comisión decide que ha habido acoso y culmina con la inhabilitación-expulsión de Póliz, cabeza visible de los ferroviarios confederales.

Mientras tanto, al Comité Confederal, encargado de las interpretaciones estatutarias, se les presenta el caso de a qué sindicato debe afiliarse un compañero, en definitiva, si puede afiliarse a un sindicato distinto al que le corresponde por su actividad laboral. En la práctica dilucidaría casos como el de Whelmi, si se puede afiliar a TYC o a OOVV. El Comité Confederal, por mayoría cualificada, determina que la afiliación debe hacerse a través del sindicato sectorial y solo en su defecto, a través del de OOVV.

Esta situación, en una organización sana, obligaría a anular la decisión de la comisión de acoso, al dar la interpretación del CC por buenas las decisiones de retirar a Whelmi de los cargos por no estar afiliado a la CGT. Sin embargo, el acuerdo del CC no produce ningún efecto y Póliz continúa expulsado-inhabilitado. En definitiva, no solo se incumplen los estatutos, sino también la interpretación que de ellos hizo el CC y, además, sin ninguna consecuencia para los inclumplidores y con consecuencias gravísimas para quien ha defendido tanto los estatutos como su interpretación.

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Meses más tarde, el Secretariado Permanente de la CGT convoca un Pleno de reorganización de la Federación de Sanidad. En la tabla de votos aparecen dos núcleos de cotizantes de Sanidad en dos sindicatos, el de Sanidad de Madrid y el de OOVV de Madrid. Hay en este último unos 300 cotizantes de Sanidad que, según los estatutos y la interpretación de los mismos efectuada en su momento por el CC, deberían estar afiliados en su sindicato de sector. El no hacerlo provocará una distorsión en la tabla de votos y en el propio funcionamiento orgánico.

Una vez pasado el Pleno de Sanidad, la Territorial de la CGT de Galicia propone que el CC se defina en Plenaria sobre esta situación, en el convencimiento de que se decidirá que estos 300 afiliados pasen de un sindicato a otro en cumplimiento de los estatutos confederales. Sin embargo, el SP se niega a que el asunto se trate en Plenaria, con lo que, a falta de nueva información, se da por buena esta situación irregular, contraviniendo no solo los estatutos, sino también la clarísima interpretación que el CC había hecho en Plenaria del artículo que define cómo se realiza la afiliación en la organización.

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El pasado 13 de junio, la Territorial de MCLMEX se dirige, a través de una circular, a la afiliación de Banca de Madrid y les dice que, ante las irregularidades en el sindicato -sin especificar, por supuesto, el papel protagonista que la Territorial ha tenido en dichas irregularidades- se den de baja en el Sindicato de Banca y de alta en otro sindicato cualquiera de la Territorial, de forma que las cuotas se paguen a través de este último sindicato.

Para la CGT de MCLMEX prima el cobro de las cuotas a la acción sindical, acción que se verá gravemente afectada por la dispersión que, necesariamente, se producirá de la afiliación de banca por los sindicatos cegetistas madrileños. No solo eso, sino que, incumpliendo los estatutos y desafiando el acuerdo interpretativo del CC ya mencionado con anterioridad, se fomenta la afiliación de los compañeros de banca a sindicatos distintos a su sindicato sectorial. Lo más lamentable de todo es que este llamamiento a afiliarse irregularmente se acompaña del aviso de que quienes no lo hagan no tendrán los servicios jurídicos que a todo afiliado le corresponden. ¿Coacción o chantaje? Que cada quién le de el nombre que mejor le parezca.

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Se han expuesto tres casos, en apariencia independientes entre sí, pero vinculados por una circunstancia común: comités y entes orgánicos que incumplen normativa orgánica básica aún después de que el CC se hubiera definido al respecto, incumplimiento que obedece a intereses particulares y no a los generales de la organización. Y aquí volvemos a lo que decíamos al principio de estas letras: la afiliación no se puede fiar de una organización en la que un grupo de entes y comités incumplen la normativa que entre todos nos hemos dado y lo hacen sin ningún rubor. Y lo que es peor, con un SP decidido a apoyar a los incumplidores en su actitud antiorgánica. Y cuando una organización no es de fiar, si no se corta de raíz, puede ser el comienzo del fin.

1 comentario

  • Andrés Gallego

    Nada que aportar a este artículo dada la lucidez en su planteamiento y la conclusión con la que desgraciadamente estoy de acuerdo. Hace mucho tiempo que el SP Confederal se ha alejado de los principios rectores de la organización y por otra parte el propio Comité Confederal está mostrando en su funcionamiento, una carencia de «autoritas» muy preocupante además la propia actitud de varias territoriales ( muy importantes por el número de personas afiliadas) que han abandonado el espíritu crítico y formativo que siempre ha caracterizado a nuestra organización en función de intereses espurios.

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