VII Época - 41

LA VIOLENCIA ASESINA DEL ESTADO EN U.S.A. AL DESNUDO

“Caso” Leonard Peltier: Acciones criminales en cadena que duran ya 50 años

Hace apenas unos días, el 10 de junio, el Consejo de Libertad de EEUU (¡este es su nombre; su personalidad, en cambio, ¡es la contraria!) dentro de la Penitenciaría Coleman volvió́ a negarle a Leonard Peltier su derecho de pasar los últimos años de su vida en total y definitiva libertad, sin condiciones ni persecuciones infames. Durante 50 años, los aparatos judiciales y sucesivos gobiernos de EEUU, incluido el actual, han puesto cada uno su grillete en la infame cadena que castiga a un inocente rebelde: Leonard Peltier.

Desde La Campana reiteramos, actualizados, los llamamientos a la solidaridad expresado el 10 de septiembre de 2000, y el 21 de septiembre de 2009, que ya han hecho suya gran número de organizaciones, entre ellas Amnistía Internacional.

Todo comenzó́ hace 110 años, en Dakota del Sur (EE.UU.). En la mañana del 28 de diciembre de 1890, los militares vigilaban a 400 indios prisioneros que, hambrientos y ateridos de frío, habían sido arreados hasta el arroyo de Wounded Knee. Aquél día, el cielo amaneció́ encapotado y los desvalidos prisioneros se revolvían inquietos al otear la ventisca. El jefe sioux Pájaro Amarillo silbó sobre un hueso de águila y todos dirigieron hacia él la mirada. De pronto, se inclinó́ hacia el suelo, recogió́ un puñado de polvo, se alzó́ en tensa calma, levantó el brazo, abrió́ la mano y dejó que el viento esparciese los granos de arena. Todos comprendieron. Los prisioneros pugnaron por escapar, pero los guardianes comenzaron a disparar. Dispararon sin parar. Siguieron disparando cuando ni uno solo de los indios quedaba en pie. Finalmente, bayonetearon, patearon, mutilaron, remataron al que se movía. Después, el viento y el polvo rugieron sobre aquél campo de exterminio durante tres días. Al menos 350 cadáveres, la mayoría de ellos de mujeres y niños, quedaron insepultos en la quebrada.

Esta fue la gesta heroica de Wounded Knee, que mereció́ para sus autores las Medallas de Honor del Congreso de los EE.UU.

Leonard Peltier, que tiene ahora 79 años (más de la mitad de ellos cumplidos en la cárcel o huido) nació́ en una reserva de Dakota. Su niñez fue la de un niño-jornalero en los inmensos campos de los blancos. La juventud le sorprende como emigrante en el Noroeste. Allí se encuentra con otros jóvenes que desean recuperar la libertad y dignidad de los pueblos indios, aplastados a sangre y fuego. Se unió a ellos. En 1970 participa en la ocupación de Fort Lawson, una base militar abandonada cerca de Seattle, otrora territorio indio. Dos años más tarde, interviene en la simbólica ocupación de la Oficina de Asuntos Indígenas de Washington.

Al poco tiempo de abandonar pacíficamente la Oficina, fue asaltado mientras comía por dos policías de paisano. Lo balearon y, malherido como estaba, lo llevaron detenido ¡acusándole de intento de homicidio! Afortunadamente las “pruebas” no fueron suficientes para condenarlo, aunque ya lo habían elegido como símbolo a abatir de la insurgencia india.

En 1973, el Movimiento Indígena Americano (AIM) -al que pertenecía Leonard- decidió́ ocupar Wounded Knee, para reclamar las tierras que les habían sido usurpadas y conmemorar la matanza de cien años atrás. Tras dos meses de asedio, el AIM accedió́ a retirarse de Wounded Knee con el compromiso de que sus acusaciones de usurpación y maltrato criminal generalizado para con los pueblos indios serían investigadas.

Pero una vez más, el gobierno blanco de EE.UU. incumplió́ lo tratado. El FBI desató una terrible campaña contra los militantes de AIM, cazándolos a traición y dejando sus cadáveres sobre las calles, simulando que perecían en “reyertas callejeras entre delincuentes”. William Janlow, subfiscal general del Estado, dijo: “la única forma de lidiar con el problema indígena en Dakota es encañonar en la cabeza a los lideres de AIM y apretar el gatillo”. Así́ lo hizo. Más de 60 miembros de AIM murieron de este modo sólo en la reserva de Pine Ridge, en Wounded Knee.

Para evitar ser cazados por los paramilitares del FBI, los indios se agruparon en aldeas-comunidades que pudieran vigilar. En una de ellas, en Oglala, estaba refugiado Peltier, cuando dos policías entraron sorpresivamente en automóvil y comenzaron a disparar. Era la señal acordada para una invasión masiva de federales. Para salvarse, todos los residentes huyeron. Sin embargo, al final de la refriega había tres muertos: los dos policías atacantes y un muchacho indígena al que habían abatido.

De nuevo se desató la cacería por todo el país. Peltier fue detenido, celebrándosele un juicio-farsa, que acabó condenándolo a dos cadenas perpetuas por “doble asesinato”. La mascarada fue sangrienta. “A Anne Mae Aquash, miembro de AIM, la amenazaron para que acusase a Peltier. No lo hizo y apareció́ muerta de un balazo. Pero el FBI cortó las manos al cadáver y se las mostró a Myrtle Poor Bear, una enferma mental que terminó firmando hasta tres declaraciones distintas -y contradictorias- en las que inculpó a Peltier. Esto bastó para condenarlo”.

En 1979, cuando se conoció́ que las pruebas contra Peltier habían sido amañadas, el FBI presionó a varios reclusos para que lo asesinasen. A uno de ellos, Standing Deer, que sufría de terribles dolores en la médula espinal, le amenazaron con retirarle los medicamentos si no lo mataba. No quiso hacerlo, lo dijo a otros reclusos y fue por ello lobomotizado, con la disculpa de aliviarle el dolor. Se cumplía así́ la amenaza que le había dirigido un carcelero.

De este modo y con estas tretas mantienen preso en la telaraña infame de la “Justicia de Estado” a Peltier a sabiendas de su inocencia. Puro rencor y cálculo de aparato de estado, que se sabe más fuerte cuanto más brutal la tropelía que comete y los demás le dejamos hacer. No fue fuerte el estado cuando asesinó a los indios en Wounded Knee, como no lo fue cuando las cacerías nocturnas contra AIM o no lo es cuando mantiene injustamente a Peltier encerrado; pero sí lo es, cuando las gentes no nos inclinamos hacia la tierra, cogemos un puñado de polvo, alzamos la mano y exigimos, como el jefe indio, ¡Libertad! ¡Libertad para Leonard Peltier!

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