Editorial
Te han sitiado corazón
y esperan tu renuncia.
Los únicos vencidos, corazón,
son los que no luchan.
No te entregues, corazón libre.
No te entregues.
Rafael Amor
El pasado 15 de enero, al menos 50 personas han fallecido durante el naufragio del cayuco en el que viajaban desde Mauritania, en la costa occidental africana, hacia Canarias. La precaria embarcación había partido el pasado 2 de enero con 86 personas a bordo, la mayoría de nacionalidad paquistaní. Es el segundo naufragio con muertos en la ruta canaria del que se tiene constancia en lo que va de año. El 1 de enero había arribado al sur de Tenerife una patera con cerca de 60 personas y dos cadáveres, uno de ellos de un menor de edad.
Hace ya más de tres años, ante la noticia de otro naufragio mortal de un cayuco cargado con inmigrantes a bordo, La Campana titulaba: “Silencio encubridor del crimen, servilmente ejecutado por los medios de (des)información”.
Con este rótulo se aludía en La Campana de entonces, al abominable contubernio -nunca formalizado y reconocido públicamente, por más que rigurosamente ejecutado- suscrito entre las grandes empresas de comunicación (escritas y audiovisuales, convencionales o digitales) y la casta política española. Pacto que tiene por objetivo fundamental, eliminar de la ‘agenda mediática” y “debate público’ la cuestión del siniestro modo en que se materializa el control del flujo migratorio: un interminable acontecer criminal que fría y calculadamente, tiñe cada día de sangre la frontera canario-africana.
El procedimiento periodístico utilizado es tan simple como inicuo: reduciendo cada suceso a mera ‘noticia efímera” (apenas unos minutos o unas líneas, entre titulares que más engañan que ilustran), pero obviando toda mención a la voluntad y realidad que diseña esta matanza sin guerra, esta carnicería ‘accidental’.
Sin embargo, este creado y artificial silencio no tiene otra razón de ser que servir como indigno manto con el que fabricar la impunidad de que gozan los responsables de tamaña hecatombe. Quienes de este modo espurio, utilizan el silencio inevitable de las decenas de miles de náufragos y desaparecidos en las aguas fronterizas del sur de España … del silencio de los abismos marinos y del silencio del África-Asia mísera que, en silencio, encarcelada en su pobreza, es asesinada.
Con todo y pese a todo, en este tráfico, la espada que no cesa de sangrar, ¡algo la empuña! … los cadáveres arrojados al mar, ¡a alguien acusan!
Huyendo de infiernos propios, por más que creados e incendiados por voluntades ajenas, en los últimos veinte años, cientos de miles de emigrantes de Asia y África intentan entrar en Europa por cualquier vía accesible, topándose de bruces con sus Leyes de Extranjería. Nadie sabe cuántos lo lograron, como nadie sabe los que han perdido la vida en el intento. Solamente en 2024 perdieron la vida en la ruta africano-canaria al menos 10.457 personas intentando alcanzar España, y un total de 131 embarcaciones han desaparecido, tragadas por el océano.
Sobre el dolor de los que caen, la normalidad va construyendo la cruenta realidad que nos cerca. Como la ocurrida este 15 de enero, cuando al menos 50 personas han fallecido en el naufragio de una precaria embarcación en la que viajaban hacia Canarias 86 migrantes, tras zarpar el 2 de enero desde algún puerto de Mauritania. La mayoría de ellos procedían de Gujrat, un pueblo al norte de Pakistán, donde se vive a duras penas de la agricultura y de pequeños negocios.
Tan solo 36 de los ocupantes fueron rescatados con vida por una embarcación marroquí. “Pasaron trece días de angustiosa travesía sin que llegara el rescate, sin agua ni comida”. La ONG ‘Caminando Fronteras’ informó de que había alertado seis días antes a los países que comparten aguas de rescate de la desaparición de la embarcación, pero “no fueron suficientes para que las autoridades marroquíes prestaran ayuda ante la emergencia”. Sobre esta cuestión, la Organización Internacional para las Migraciones de la ONU viene alertando de que “muchos de los naufragios que ocurren en la ruta canaria podrían haberse prevenido con la apertura de vías legales de movimiento y con mecanismos más rápidos de rescate y podrían haberse evitado mediante una asistencia rápida y efectiva a los migrantes en peligro”.
Entre tanto la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) para la regularización extraordinaria de migrantes con arraigo en la que tantos colectivos y entidades solidarias de todo el país habían depositado su vano esfuerzo e ilusa esperanza, se estanca de nuevo en los entresijos del parlamento español. Bloqueada por la gran mayoría de los partidos políticos, la ILP ha cumplido más de un año desde su entrada al parlamento para su votación en el pleno correspondiente, que nunca llega, por “falta de voluntad” de sus señorías, tanto de ‘izquierdas’ como de ‘derechas’, ‘ultras’ o de “medio paño”, “progresistas o tribales”. Todos un cero a la izquierda en materia de justicia y dignidad.
Como el ciego caballo
que gira cansinamente
alrededor de la noria,
el gobierno español ya no puede siquiera
contabilizar las fúnebres vueltas
que definen su servidumbre.

