ASALTO EN AGUAS INTERNACIONALES A LA FLOTILLA DE LA LIBERTAD
12J: CGT y Pontevedra con Palestina denuncian el abordaje
CGT Pontevedra y la plataforma-colectivo Pontevedra con Palestina han celebrado el pasado día 12 de junio, una concentración – punto informativo en la céntrica plaza pontevedresa de la Peregrina, para denunciar el nuevo acto de piratería en aguas internacionales cometido por el ejército de Israel.
El cobarde asalto, ejecutado con patente de corso otorgado por el gobierno israelí, con la garantía de que la fechoría quedará impune por mandato internacional de EE UU y la Unión Europea, se produjo el día 9 de junio, sobre un barco legalmente abanderado de la denominada Flotilla de la Libertad, que llevaba a bordo productos alimenticios y sanitarios con destino a la población palestina de Gaza, sometida a genocidio.
Tras el abordaje, Israel secuestró a los tripulantes y, con el consentimiento de los países humillados -entre ellos España, pues al menos uno de los tripulantes era español- los va ‘repatriando’ a su país de origen, tras mantenerlos encarcelados en una prisión israelí.
Ante este acto, que la Organización Marítima Internacional (organismo dependiente de la ONU, responsable de la seguridad y protección de la navegación) ni siquiera se atreve a denunciar, ya no digamos a perseguir de oficio, como sería su obligación, ¿qué queda de la legislación marítima internacional, de la dignidad de los gobiernos signatarios del derecho internacional marítimo y de la capacidad real de la ONU para cumplir y hacer cumplir su función histórica? NADA. NADA EN ABSOLUTO, al menos nada en absoluto cuando se trata de obligar a un poderoso aliado.
Entre las costas y aguas nacionales españolas (o de cualquiera de los países mediterráneos de la Unión europea) y las costas y aguas territoriales de Gaza-Palestina -cuyo Estado ha dicho el gobierno español que reconoce, sin nunca ejecutar y hacer valer su decisión- no hay otra frontera que las respectivas y, entre medias, aguas internacionales de libre y segura navegación. ¿Qué impide, entonces, al gobierno español o a cualquier institución española fletar embarcaciones con material sanitario, víveres y recursos humanitarios, salir de los puertos del Levante y, una vez, llegadas a la costa de Gaza, entregarlo todo a la población? Nada se lo impide, salvo, claro está, la cobardía geopolítica y la complicidad -esta sí real y no retórica- en el genocidio del pueblo palestino.
Recordemos como desde 2011, la Organización Marítima Internacional (OMI) empezó a autorizar ‘legalmente’ -lo que hasta ese momento sencillamente consentía, no dándose por aludida- la contratación por parte de las navieras de empresas de seguridad privada para proteger de los ‘piratas’ somalíes la navegación en el Índico. Y cómo la OTAN y la Task Force 150, una coalición liderada por EE UU, organizó con aquella excusa la Operación Escudo del Océano que operó en los golfos de Adén y Omán, los mares de Arabia y Rojo y el océano Índico. Y, como la Unión Europea, también con la misma excusa, organizó la Operación Atalanta, en la que intervienen buques militares españoles. La última intervención de la UE al amparo de Atalanta, se produjo hace apenas año y medio, en diciembre de 2023.
Recordemos también cómo el gobierno español, que no tuvo el más mínimo reparo en mandar buques militares españoles para cumplimentar la Operación Atalanta, tampoco lo tuvo para autorizar el uso de armas a los pesqueros españoles que faenaban en el Índico frente a los ‘piratas somalíes”, cuyas pesquerías estaban siendo esquilmadas por la actividad de los buques occidentales. Como no lo tuvo para subcontratar a empresas privadas de seguridad militar, el ‘acompañamiento’ de los buques pesqueros y mercantes por aquella zona. Pero claro, aquellas personas somalíes, al contrario que la envilecida y cobarde militarada israelí, eran unas pobres y míseras gentes de un pueblo mísero y explotado, pero un coraje extraordinario para hacer lo que hacían.
Durante la concentración y en el lugar descrito se desplegaron pancartas y proclamaron frases relativas a los citados hechos. Se puso la megafonía a disposición de los manifestantes y una compañera leyó un poema de una escritora palestina.
