VII Época - 76

Editorial

Te han sitiado corazón
y esperan tu renuncia.
Los únicos vencidos, corazón,
son los que no luchan.
No te entregues, corazón libre.
No te entregues.

Rafael Amor

El 25 de junio, en la sede del Foro Mundial de La Haya, los jefes de Estado y Gobierno de los 32 países enfangados en la OTAN, han dado por finalizada su reunión. Todos estuvieron de acuerdo y así lo escenificaron -¡en absoluta unanimidad, sin voz díscola alguna!- en suscribir el mandato recibido desde EE UU:

La OTAN se reafirma en su condición de brazo armado del capitalismo democrático-occidental, liderada por EE UU, extendiendo su capacidad de intervención más allá del Atlántico Norte, incluso al Indico y al Pacífico, si así lo exige la confrontación con China, declarada, en tanto que rival económica, como principal enemiga del capitalismo occidental (reunión de la OTAN, Madrid 2022).

Que el poder militar de la OTAN sea lo suficientemente fuerte y letal, como para garantizar a las empresas afines el saqueo en provecho propio de las materias primas, recursos y poblaciones mundiales, sin que ningún pueblo o rebelión alguna se le pueda oponer, bajo la amenaza cierta y ejecutable de ser destruido, tal y como ahora mismo se aplica, por ejemplo, al pueblo palestino.

Punto final a los fantasmales ‘intentos’ de organizar un poder militar efectivo (industria, logística, política, etc) en las naciones capitalistas occidentales, autónomo respecto de Estados Unidos.

Llevar adelante semejante doctrina, exige un gasto militar ingente a todos los miembros de la OTAN, por más que algunas naciones ya estén haciendo cálculos sobre la futura rentabilidad de la inversión que les autorice y demanda Estados Unidos. Pues, en sus términos, despreciables para la vida humana, la guerra y la industria militar puede ser un buen negocio para algunos. No ignoramos que las grandes guerras y las matanzas seculares pueden representar un gran negocio económico y alimentar la reproducción obscena del dinero como símbolo e instrumento del poder. También en este caso … los 32 de la foto de La Haya, es seguro que hayan valorado que su inversión (del 5% o de lo que finalmente puedan) terminará lucrando a las grandes empresas del complejo militar-industrial privado (todas ellas propiedad real del capital financiero internacional) y, en alguna migaja, a los gobernantes y políticos de los países extorsionados, pero que se mantienen en el redil.

La reunión de estos dos días en La Haya, dio ‘solución’ a esta exigencia, con tres medidas:

1.- Elevar el gasto militar de cada país miembro hasta el 5% del PIB de aquí a 10 años (2035), lo que representa un 3% más, frente al umbral que se había fijado en 2014. Un acuerdo al que también se compromete España como objetivo, pero asegurando al mismo tiempo que no está en condiciones de cumplirlo en lo inmediato (2025/2026), quedando en el aire la inversión que hará España en los años siguientes para cumplir con lo hoy pactado. Sin declararlo expresamente -para no desmerecer la foto, exigida por el narcisismo de Trump y el payaso contratado como secretario general de la OTAN, Marc Rutte- otros países apunten en el mismo sentido, respecto de la capacidad de sus propios sectores industriales nacionales de gestionar semejante inversión multimillonaria.

2.- Ese incremento de hasta el 5% del PIB se podrá establecer en dos partidas. El 3,5% debe destinarse a “gasto militar puro” y el 1,5% restante, a gasto militar asociado, en el que se incluiría ciberseguridad, control de fronteras o infraestructuras críticas que afecten a la seguridad militar. También España se suma a este planteamiento de modo que en consonancia con los demás países de la OTAN, tratará de que se puedan incluir en ese 1,5% partidas de gastos lo más abiertas posibles.

3.- En 2029, una nueva reunión de la OTAN, hará revisión del grado de cumplimiento e implicación de los distintos países, cara a alcanzar el objetivo del incremento en ambas partidas. También España, como los demás países, elaborará en esa fecha un informe preciso de los gastos efectivamente realizados o comprometidos en aras de cumplir el pacto acordado. Nada ni nadie le eximirá de este rendimiento de cuentas a ningún país, tampoco a España.

Como decíamos en anterior editorial de La Campana: frente a lo acordado por los 32 siervos del militarismo internacional en La Haya, estará nuestro empecinado y radical enfrentamiento. “Desde La Campana, renegamos de esa carrera alucinada en la que participa el gobierno español, en el que la competencia es por ocupar el puesto sicario más alto posible del escalafón criminal occidental, en la esperanza de lucrarse unos pocos con la barbarie genocida que se está dispuesto a compartir, financiar y apoyar. No será en nuestro nombre.”

 

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