Editorial
Te han sitiado corazón
y esperan tu renuncia.
Los únicos vencidos, corazón,
son los que no luchan.
No te entregues, corazón libre.
No te entregues.
Rafael Amor
El execrable crimen que viene cometiendo Israel en Palestina parece superar todo lo que cabría imaginar como humanamente posible y éticamente soportable. Sin embargo, todo se produce a plena luz del día y retransmite en directo, sin que el verdugo y sus cómplices consigan disimular el genocidio que vienen llevando a cabo de modo tan implacable como cobarde e inhumano frente a un pueblo indefenso. Todo indica que les basta con eliminar testigos y testimonios que, en su día -con ellos todavía vivos y sus herederos disfrutando del botín robado- pudiesen aportar las ‘pruebas’ (documentales, testimoniales y materiales), hoy ya evidentes e irrefutables, de lo que realmente ha sucedido.
Frente a este aciago destino, está el pueblo palestino resistiendo tenazmente.
Los crímenes que ahora mismo está cometiendo Israel, representan un capítulo más en la histórica cadena de atroces episodios, iniciada en 1948. Cada uno de esos sucesos ha venido resultando más sangriento e inhumano que el anterior, hasta lograr la victoria final diseñada: el despojo del territorio y consumación final del exterminio del pueblo palestino en su país ancestral.
Esta es la cruenta realidad ante la que hoy estamos. Durante esta misma semana, el ejército de Israel está ultimando el proyecto sionista de concentrar a sangre y fuego a más dos millones de personas en menos de un cuarto del territorio de la Franja de Gaza (unos 60 km2, poco más de la mitad del ayuntamiento de Pontevedra) en el que hasta unos meses vivían hacinados, asediada y apiñada su población en la mayor cárcel a la intemperie y de mayor densidad de reclusos del mundo. Todo, con la pretensión inmediata de imponerles sufrimientos insoportables hasta que mueran -asesinados o de hambre, sed y desatención médica- o ‘pidan salir voluntariamente’ hacia cualquier país sicario que acepte acoger el cupo correspondiente.
Este es el ‘dilema’ que enfrenta la sociedad israelí ahora mismo. O mata con urgencia a más de dos millones de palestinos gazatíes o bien consigue arrearlos a algún otro infierno, evitando por razones obvias, que este sea la Cisjordania ya ocupada militarmente, en la que las colonias judías apoyadas por el ejército ocupan ilegalmente más y más territorio palestino.
Y esto es lo que realmente enfrenta la humanidad entera. Tiene que decidir si lo tolera y se convierte en rehén y cómplice de un exterminio ladrón o, por si, al contrario, se rebela e impide el crimen.
En respuesta a ese desafío y emplazamiento histórico, en el día de anteayer, el presidente español anunció la adopción por su gobierno de nueve medidas, al objeto de mostrar el rechazo del estado español al genocidio y, si acaso, impulsar entre los demás miembros de la Unión Europea y de otros países, la urgente necesidad de parar la masacre y, entre todos, librarse del cerco de ignominia y podredumbre moral que viene imponiendo la complicidad actual con Israel, sobre todo Alemania, Italia y Francia.
Sin embargo, la tibieza de las nueve medidas adoptadas por el gobierno español, decididas además tardíamente y a destiempo, no corresponden con las exigencias del momento actual, ni afectarán lo más mínimo en la decisión de Israel de consumar en las semanas próximas el exterminio del pueblo palestino en la Franja de Gaza. Al contrario, el gobierno israelí las interpretará como lo que en realidad son, una declaración retórica de significado simbólico apenas relevante, más dirigida al consumo interno español que a lograr un cambio, por mínimo que sea, en la situación en Palestina.
Por ejemplo, el gobierno ni siquiera intentará evitar que los aviones y buques norteamericanos lleven armas y pertrechos a Israel desde las bases americanas en España, del mismo modo, que no podrá impedir que la banca internacional y europea operante en España -entre ellas los bancos Santander y BBVA- continúen financiando proyectos de armamento y negocio con el régimen de Israel y en los territorios ocupados de Cisjordania. Tampoco logrará hacer efectiva la anulación del comercio militar con Israel, incluso por la propia administración española, por más que esa medida ya estuviera vigente desde octubre de 2023. Y así, con el resto de las nueve medidas que se proponen.
Es por ello, que es más urgente que nunca movilizarse y situarse en un apoyo decidido y abierto a la resistencia palestina, usando todos los medios e instrumentos que dispongamos, para, en la medida de lo posible, articular organizativamente la solidaridad internacional y poder protagonizar nuevas y más intensas acciones de boicot, desobediencia civil, bloqueo e insumisión política frente a Israel y sus cómplices.
Y así, hasta hacer comprender a nuestros gobernantes, que no nos dejaremos gobernar ni silenciar ni intimidar por ellos, en tanto que no acaben con el genocidio en marcha y reclamen a sus autores la abominable responsabilidad de la que se están haciendo acreedores.

