VII Época - 83

SOBRE LA HUELGA PROPALESTINA DEL PRÓXIMO 15 DE OCTUBRE

Una decisión bien adoptada

El Comité Confederal de la CGT ha decidido, ante la insoportable matanza que se está produciendo en Palestina (sobre todo en Gaza, pero también en Cisjordania), la convocatoria de una huelga general de 24 horas, coincidiendo con la convocatoria de paritos de dos horas acordados por el sindicato CCOO-UGT y con paros de cuatro por parte de la CIG. Esta decisión se ha adoptado en la Plenaria Confederal del pasado 8 de octubre, a toda prisa y con escaso tiempo para debatir en profundidad la cuestión planteada (la convocatoria de la Plenaria se realizó el 3 de octubre). La Plenaria tuvo escasa asistencia, pero sus acuerdos fueron válidamente adoptados.

Esta circunstancia volvió suscitar el debate en sindicatos y federaciones locales en el sentido de cuál es el órgano que debe convocar las huelgas generales. Dicen algunos compañeros que la Plenaria se excedió en sus atribuciones, que no debería haber convocado y que la convocatoria de una huelga de tal alcance debería adoptarse con el debate y tiempo suficiente como para que toda la organización participase de la decisión, llegando incluso a hablarse de la necesidad de un congreso confederal para hacerlo. Algunas compañeras alegan que la convocatoria de huelga por parte del Comité Confederal va en contra de nuestros estatutos y, lo que es casi peor, en contra de nuestra naturaleza libertaria.

La cuestión es que si la decisión de convocar una Huelga General es un acuerdo de la organización -y, por lo tanto, merecedor de todas las precauciones y protocolos que la CGT tiene para su adopción- o si, por el contrario, se trata del desarrollo de acuerdos ya adoptados previamente y para los que no se necesita más que su aplicación efectiva orgánica. Es decir, si el Comité Confederal puede convocar o no una Huelga General o si, por el contrario, debe someter esta decisión a la organización al completo.

La CGT tiene todos los acuerdos habidos y por haber sobre la utilización de la huelga como herramienta de los trabajadores y de su organización, el sindicato, en defensa de sus intereses y aspiraciones. El Comité Confederal solo tiene que interpretar que cada convocatoria concreta esté acorde con los acuerdos, principios y finalidades de la organización, es decir, únicamente ha de decidir si la llamada a la huelga es conveniente, justa y necesaria en un momento determinado. Para mí, en estos momentos de maldad insoportable, en el que miles de personas son asesinadas ante nuestros ojos, la impasibilidad no es una respuesta aceptable. Hace algo más de un año -el 25 de septiembre de 2024- la CGT convocó una primera Huelga General por el pueblo palestino y este compromiso asumido en aquel momento no podía hacerla permanecer inmóvil ante la matanza actual y cotidiana. Y en esta situación, el Comité Confederal no ha incumplido ningún acuerdo orgánico.

Sin embargo, hay que reconocer severos fallos en el proceso. El propio Secretario General decía, en el informe previo a la Plenaria Ordinaria del próximo día 21 de octubre, que “…Pero también hay que entender que CGT tiene sus procesos de decisión, y no es tan sencillo como algunos piensan el convocar una huelga general, ya que requiere un tiempo de debate y de toma de acuerdos por parte de toda la organización. Si otras organizaciones no toman sus decisiones de esa manera y es su “ejecutiva” la que acuerda este tipo de decisiones, lo respetamos, pero en CGT entendemos que la participación de toda la organización es fundamental en este tipo de decisiones, ya que lo consideramos la base fundamenta de una organización anarcosindicalista.” Cuando el compañero Fadrique escribía esto, varias territoriales de la CGT, entre ellas Galicia, en uso de su autonomía, decidían la convocatoria de Huelga General mientras el Secretariado Permanente deshojaba la margarita y no sometía la cuestión a debate orgánico. En consecuencia, otras organizaciones convocaban sus paritos y nos obligaban a retratarnos ante dicha tesitura. La falta de olfato y visión del SP nos dejaba al descubierto en un tema en el que, hace un año, nosotros habíamos sido punta de lanza. Esta premura ha dejado descolocada a gran parte de la militancia, que siente que no se ha contado con ella.

También están los que no aceptan las decisiones de este Comité Confederal, tachándolas de autoritarias y manipuladas por el Secretario General, Miguel Fadrique. Concuerdo con que la Plenaria fue demasiado urgente y que el propio Fadrique se desdice alegremente de lo defendido tan vivamente en su informe. Permitidme alegar que quien esto escribe no cree ser sospechoso de comulgar con las ruedas de molino que el SG nos quiere hacer tragar en cuanto a las cuestiones orgánicas, pero hay que decir que esta huelga no es una huelga de Fadrique, que es una huelga de la CGT y que, como tal, hay que actuar. Tenemos que conseguir que la huelga sirva y quien tenga facturas pendientes, que las pase en el momento y lugar adecuados. Y no son los escombros de Gaza el mejor sitio para hacerlo.

¿Ha cambiado algo desde la convocatoria?

Desde que se hiciera la convocatoria de Huelga General, se han producido una serie de acontecimientos que han llevado, legítimamente, a compañeras y compañeros del sindicato a preguntarse si no habrá que valorar la desconvocatoria de la huelga del 15 de octubre. La propuesta presentada por Trump, según todo el conglomerado mediático, debería ser el sostén de una paz duradera y justa. Sin embargo, ¿es esto cierto? ¿Estamos ante un escenario que suponga el fin de la opresión, masacre y apartheid del pueblo palestino?

Los sindicatos palestinos, que habían solicitado la convocatoria de huelgas en apoyo solidario contra el sionismo genocida, no han desconvocado este llamamiento. Sostienen, pues, la lucha y continúan reclamando el apoyo de la clase obrera mundial y, en especial, de la europea. Esto debería ser suficiente como para mantener la convocatoria y decidir nuevas movilizaciones, al menos mientras los sindicatos palestinos lo consideren necesario.

Nada ha cambiado en lo esencial: Netanyahu ha seguido bombardeando y vetando la entrada de ayuda humanitaria, sin diferenciar la situación actual de otros “alto el fuego” acordados con anterioridad. Además, la constitución de un consorcio que dirigirá la ocupación del territorio con Trump y Blair a la cabeza no augura nada bueno para el futuro del pueblo palestino. Trump, este Jesús Gil anabolizado, y Blair, el hombre de las armas de destrucción masiva de Irak, serán los chuscos garantes de una paz para un pueblo al que hace dos días querían expulsar sin miramientos de su tierra.

Se argumenta que hasta Hamás y la Autoridad Palestina son proclives a aceptar el mal llamado plan de paz. Pero seamos serios: cuando se ha asesinado a 70.000 personas inocentes, el plan es más un ultimátum que un pacto y su aceptación es más una rendición ante el terrorismo sionista que un acuerdo entre iguales. Además, ¿son los miembros de Hamás y la Autoridad Palestina representantes legítimos del pueblo masacrado? No está de más recordar que Hamás es una creación del estado sionista y que Abu Abbas lleva 20 años languideciendo en Cisjordania sostenido no por su pueblo, sino por una Europa incapaz de defender una paz justa y la dignidad de los palestinos. El asunto es demasiado serio como para dejárselo a todos ellos.

Por eso, considero que la convocatoria de Huelga General debe mantenerse. Está convocada para esta misma semana, el esfuerzo que se está haciendo es mucho y su utilidad, en estos momentos, sigue siendo manifiesta. Al igual que los cortes de la Vuelta Ciclista a España, las Flotillas de la Libertad y las manifestaciones, la Huelga General suponen gritar al mundo y, especialmente, a los poderosos, que el pueblo palestino no está solo, que vamos a permanecer vigilantes y que nos les vamos a dejar hacer lo que les venga en gana. El futuro de un pueblo no puede ser dejado alegremente en manos de nazis con kipá, de sus amigos mercachifles o de fanáticos religiosos de cualquier ralea. Por ello, ¡viva la Huelga General de apoyo al pueblo palestino!

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