VII Época - 87

BAJO EL TIEMPO DE LOS ASESINOS

¡Del estigma de este horror no se va nadie, que no lo denuncie y combata!

La ‘tregua’ -inmediatamente rota de modo unilateral por Israel, a los pocos minutos de iniciarse- ha supuesto que Hamás entregase los rehenes israelíes que habían sobrevivido a los bombardeos y asedio de Gaza así como los cuerpos de los rehenes que murieron durante los dos años de guerra, y que Israel entregase un determinado número de presos y rehenes -prisioneros sin acusación, proceso ni condena- palestinos en su poder y entregar los cadáveres de dos grupos de 45 palestinos que había matado.

Este intercambio, mediado por la Cruz Roja, puso de manifiesto dos terribles situaciones, que muestran como las autoridades civiles y militares, funcionarios y empleados de Israel, se han convertido en depravados y cotidianos ejecutores de un régimen atroz, sólo comparable en su inhumanidad a la exhibida por los responsables de los campos de exterminio nazis.

Torturas y sadismo contra prisioneros palestinos, vivos y muertos

Los médicos de Gaza, facultativos del hospital Nasser de Jan Yunis, encargados de recoger los cadáveres de los palestinos de manos de Israel, denunciaron el pasado 15 de octubre que el ejército israelí les entregó cadáveres de prisioneros palestinos con signos evidentes de sádicas palizas, tortura y ejecuciones sumarias.

Buena parte de los 90 cadáveres de palestinos devueltos a Gaza por las autoridades israelíes mostraban señales de haber sido torturados y asesinados, con los ojos vendados, llevando esposas y presentando heridas de bala en la cabeza, con disparos entre ceja y ceja. “También tenían cicatrices y partes de la piel decolorada, lo que indica que les habían pegado antes de matarlos. También mostraban señales de que los cuerpos habían sido maltratados después de muertos”. Varios de ellos con evidentes muestras de haber sido muertos atados de pies y manos.

La violencia ejercida contra esas personas había sido de tal magnitud, que ya no era posible identificar ninguno de los cuerpos ya que, además, los médicos de Gaza, tras los bombardeos y destrucción sufridos en los últimos dos años, no tienen forma ni posibilidad alguna de realizar pruebas de ADN. Según los médicos gazatíes, los israelíes conocen la identidad de los cadáveres -los entregaron con etiquetas numeradas de las que se habían suprimido los nombres- “pero quieren que las familias de las víctimas sufran aún más”, no pudiendo reconocerlos.

Cárcel, tortura y agresión brutal bajo tierra, aislados y enterrados en vida

Según un informe del Comité Público contra la Tortura en Israel (PCATI), dos de los prisioneros palestinos que habrían de ser entregados por Israel a la Cruz Roja durante el intercambio -ambos de entre los 1700 recluidos sin cargos ni juicio, que deberían ser liberados- señalaron que Israel les mantenía a ellos y a decenas de palestinos de Gaza aislados en el complejo subterráneo de Rakefet, en el que los prisioneros jamás pueden ver la luz del día.

Esta prisión se había inaugurado a principios de los años 80, diseñada inicialmente para un pequeño número de reclusos israelíes de alta seguridad que ocuparían celdas individuales, con capacidad limitada hasta 15 hombres. Sin embargo, Rakefet fue clausurado como prisión unos años después “al considerarse inhumana” (para israelíes, pero no para palestinos). De hecho, el gobierno de Netanyahu, ordenó en octubre de 2023 reabrirla, para encerrar allí a decenas de personas palestinas.

Según los informes del israelí PCATI, las condiciones para los presos palestinos son “intencionadamente horribles” en todas las prisiones (garantizada su impunidad y legalidad, por los despreciables tribunales israelíes) pero las sufridas en Rakefet son infernales, no solo para la salud física sino para la salud mental, pues es muy difícil permanecer intacto, psíquica y somáticamente cuando se mantiene a una persona en condiciones tan opresivas y difíciles.

Los dos hombres testimoniaron y acreditaron ante los abogados de PCATI el sufrimiento que en aquél lugar oculto -no podían los presos comunicarse con nadie, ni con sus familias ni con nadie que no fuesen los carceleros- les infringían cotidianamente. Alojados en celdas que carecen de ventanas o ventilación, con tres o cuatro detenidos cada una, en las que “a menudo los encerrados se sentían sin aliento y asfixiados”, y en las que, se “sufren abusos físicos habituales, como palizas, torturas, actos de violencia constantes, agresiones con perros con bozales de hierro y guardias que les pisoteaban, además de negarles atención médica adecuada o de darles raciones insuficientes para alimentarse. Tienen un tiempo muy limitado fuera de la celda, en un pequeño recinto subterráneo, a veces solo cinco minutos cada dos días.

Estas descripciones coincidían con las declara-ciones televisadas del ministro israelí Ben-Gvir para dar a conocer su decisión de reabrir la cárcel subterránea: “Este es el lugar natural de los terroristas. Bajo tierra”, dijo.

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