Editorial
Te han sitiado corazón
y esperan tu renuncia.
Los únicos vencidos, corazón,
son los que no luchan.
No te entregues, corazón libre.
No te entregues.
Rafael Amor
El pasado 17 de noviembre, los quince miembros del Consejo de Seguridad de la ONU –EEUU, Argelia, China, Corea del Sur, Dinamarca, Eslovenia, Francia, Grecia, Guyana, Pakistán, Panamá, Reino Unido, Rusia, Sierra Leona y Somalia- llevaron a cabo uno de los más abyectos episodios de la historia de Naciones Unidas, ya cargada de injusticias y horrores desde su constitución en 1945.
Ese aciago día, obedientes todos ellos a la apresurada convocatoria reclamada por EE UU, por más que conocedores de antemano de la siniestra parodia que se les exigiría escenificar y estaban dispuestos a cumplir, las quince delegaciones, aprobaron sin rechistar y sin ningún voto en contra (incluidas Rusia y China que se limitaron a abstenerse y no utilizar Rusia el derecho a veto que le asiste) el cínicamente llamado “Plan de paz” para Gaza urdido por el presidente norteamericano.
Con esta Resolución del Consejo, la ONU se convierte, una vez más, en cómplice directo del genocidio en Gaza y garante de la continuidad del régimen de apartheid y colonización de Cisjordania, Jerusalén y toda la Palestina histórica.
Esta triste y truculenta parodia comenzó a finales de septiembre, cuando el presidente de EE UU firmó y proclamó urbi et orbi un texto, enseguida bautizado como “Plan de Paz” que, según él, “ponía fin a la guerra en Palestina”, tras considerar que, por el imperio de la amenaza global y la continuidad de la matanza genocida, el pueblo palestino quedase automáticamente despojado de toda legitimidad y capacidad para decidir sobre su destino y el de su tierra. Y con ello, pudiese Israel cantar la horrenda Victoria de su crimen de lesa humanidad y lograr la definitiva expulsión y holocausto del pueblo palestino de su propio país. Esto es lo que, EE UU, Israel y sus aliados llaman PAZ.
Pocos días después, el 13 de octubre, los jefes de estado y presidentes de al menos 20 países, entre ellos el presidente español, Pedro Sánchez, celebraron en Sharm el Sheij (Egipto) una abyecta ceremonia de sumisión a Trump y de respaldo al pacto de 20 puntos urdido entre los gobiernos de EE UU e Israel, disponiéndose a la par a culminar en beneficio propio las atrocidades cometidas sobre el pueblo palestino, que además quedarían impunes.
Entre el 13 de octubre y el 17 de noviembre, el gobierno de Israel, amparándose en el apoyo recibido en Sharm el Seij, resignificó el contenido, amplió y llevó a efectos las amenazas previstas, con la excusa de que el pueblo palestino y sus representantes todavía no han dado señales suficientes de la capitulación ordenada y cerca de dos millones de personas sobrevivientes al genocidio continúan aferradas a su cercado país:
+ La Franja de Gaza continúa convertida en un infernal campo de concentración nazi-sionista, reducido a la mitad de su territorio anterior (360 km2), derribados sus edificios y bajo cuyos escombros fueron enterradas vivas miles de personas, entre las que las sobrevivientes continúan a ser asesinadas, víctimas de los bombardeos incesantes o de los francotiradores del ejército israelí.
+ En Cisjordania continúa la ocupación militar de todo el territorio, así como el régimen de apartheid impuesto a la población palestina, los asesinatos impunes a manos de los colonos israelíes protegidos y armados por el ejército, las deportaciones masivas. Sólo en 2025, 32.000 personas palestinas han sido obligadas por los soldades israelíes a abandonar sus hogares en Cisjordania.
+ Las matanzas israelíes de personas indefensas continúan sobre los campos de refugiados palestinos en el Líbano fronterizo, al igual que sobre los Altos del Golán sirio.
Es la impunidad y continuidad de este intento de exterminio de las gentes palestinas en su propio país, arrebatándoles toda posibilidad de defenderse, lo que trata de garantizar la infame Resolución de la ONU del 17 de noviembre y, con ello, el pacto de silencio y censura real sobre aquello de lo que el mundo entero debiera ser testigo.
Como ha dicho el ministro de Exteriores español, José Manuel Albares, esta “resolución” es una “buena noticia” y “el inicio de un largo camino”. El camino del pacto de ocultamiento -orquestado en la Unión Europea por gobiernos y empresas de comunicación- que tratará de convencer a las personas, colectivos y organizaciones hasta ahora movilizados contra el genocidio, de que la victoria de los asesinos es ya inapelable, imbatible, definitiva …, contra la que no hay otra salida que la de la resignación y abandonar al pueblo palestino en su desgracia… y que no cabe otra movilización que no sea entonar a toda prisa un réquiem funerario por la dignidad y humanidad perdidas, arrinconando la rabia y la frustración en la fosa común de la desmemoria y el olvido decretados.
Sin embargo, el pueblo palestino resiste y nosotros, los comprometidos con la justicia y la dignidad humanas, hemos de ayudarles, exigiendo a los gobiernos que se dicen nuestros a poner fin a su complicidad con el pacto ladrón y genocida firmado. Animándonos en la movilización, que es seguro habrá de continuar, cada vez con mayor fuerza, hasta el fin de la opresión, el despojo, la limpieza étnica y el genocidio en Palestina.
Entre el 28 y el 30 de noviembre, organizaciones de solidaridad con el pueblo palestino volveremos a las calles en decenas de ciudades y pueblos, entre ellas Pontevedra el 29 de noviembre, pues el genocidio del pueblo palestino continúa a manos de sus enemigos, que también son los nuestros y los de toda la comunidad humana que se estime digna y libre.

