VII Época - 90

O REAGRUPACIÓN O RUPTURA

El XX Congreso de la CGT, a celebrar en 2026 será un congreso ordinario por la forma de la convocatoria, pero de ninguna manera será un congreso normal. Por las circunstancias que atraviesa la Confederación, será, se quiera o no, un congreso excepcional.

Solo tengo noticia de tres Congresos en situación parecida: el Congreso de 1936 en Zaragoza, con los llamados Sindicatos de Oposición fuera de la CNT, el Congreso extraordinario de unificación de 1984 en Madrid, con la mayoría de los Sindicatos de CNT-AIT y CNT-Congreso de Valencia dentro y una minoría de CNT-AIT fuera (con notario a la puerta y “camorra” en los aledaños) y el II Congreso extraordinario de la CGT de 1991 en Coslada, con todos los Sindicatos de Galicia aguardando fuera, a las puertas del Congreso, a que éste decidiera si éramos o no parte integrante de la CGT.

En 1936 prosperó la iniciativa de “enfrentar la situación todos juntos” y, así, todos los Sindicatos, incluidos los de la Oposición, realizaron y celebraron el Congreso. En 1984, sucedió lo contrario y un grupo, minoritario, se empecinó en impedir la unificación acudiendo a la justicia del estado hasta conseguir la ruptura definitiva de la Organización en dos, la CNT y la CGT. En 1991, el Congreso decidió que todos, los que estaban dentro y los que estábamos afuera, éramos la CGT y, así, se desarrolló el Congreso.

Únicamente viví entera la experiencia del II Congreso extraordinario de 1991, porque cuando se celebró el Congreso extraordinario de unificación en 1984 yo estaba fuera de la organización. Me había dado de baja del SOV de Oviedo en 1980 por la manera sucia de provocar la ruptura de la CNT en Asturias en dos organizaciones (“los de Campos” y “los de Ramonín” decían los mentideros). Fui uno de los tantos que “nos fuimos para casa” y fue el mayor error de mi vida en este aspecto. Lo pagué caro, cinco expedientes disciplinarios en el trabajo en cuatro años. (“si te quedas solo y no cambias de actitud, van a por ti sin miramientos”). Recibí el Congreso de unificación “como agua de mayo” y, visto el acuerdo de acción sindical aprobado en ese Congreso, me afilié al Sindicato Único de Trabajadores “Solidaridad Obrera” de Pontevedra de la CNT en agosto de 1984.

En el Congreso extraordinario del 28 de abril de 1989, el llamado Congreso de las siglas, se acordó constituirse en CGT y, en el aspecto estrictamente legal, utilizar únicamente esas siglas, pero en el ámbito público y sindical, hasta que se resolviese el recurso de amparo ante el TC, se podían usar las siglas “CGT (CNT)”. Los Sindicatos de Oficios Varios de Coruña, Pontevedra, Vilagarcía de Arousa y Vigo pedimos al Congreso autorización para seguir utilizando exclusivamente las siglas CNT, pues la sentencia del supremo no lo impedía. El Congreso nos autorizó por abrumadora mayoría, con el enorme enfado del secretario general, José March, que se atrevió a “advertirnos” ante el plenario del Congreso con “que se atengan a las consecuencias y que luego no vengan pidiendo ayuda”. Y claro que nos atuvimos a las consecuencias: impugnaciones de candidaturas en las elecciones sindicales de 1990, denuncias por “usurpación de siglas”, un intento de asalto al local sindical de Coruña (frustrado porque eran menos los asaltantes que los asaltados), querella en juzgado de instrucción de Coruña impulsada por el fiscal jefe de Galicia a denuncia firmada por José Luis García Rúa (que acabó en sobreseimiento por falta de indicios de delito)… y nunca le pedimos “ayuda” a Pepe March, pero derivó en una situación anómala en la CGT: el Secretariado Permanente confederal decidió que estábamos fuera de la Organización y no nos convocó a la celebración del II Congreso extraordinario en Coslada.

Reaccionamos solicitando a compañeras y compañeros de los Sindicatos de la CGT la celebración de asambleas informativas en las que explicáramos nuestra situación y respondiéramos a cuantas preguntas quisieran hacer. José del Río y yo hicimos la “vuelta a España”, aunque no en bicicleta.

Fue importante la asistencia a esas asambleas y pienso que su realización consiguió que gran parte de la afiliación tuviese un conocimiento cabal de todo el proceso habido desde el congreso de “las siglas”, lo que determinó que el inmediato II Congreso extraordinario de la CGT certificase, contra la opinión del SP, que los Sindicatos de Galicia éramos Sindicatos de la CGT.

A este próximo XX Congreso de 2026, la CGT llegará con una importante conflictividad interna y con compañeras y compañeros fuera de la organización por decisiones antiestatutarias sobre las que el Congreso deberá decidir. Y, en mi opinión, solo tendrá dos alternativas posibles: o acuerda la reagrupación de toda la afiliación y militancia, anulando las decisiones cainitas de fraccionamiento de la CGT, o se pliega al desmedido interés mostrado por este SP confederal, consumando la ruptura y la escisión en dos de la organización.

Hace ya tiempo que se viene mostrando con claridad meridiana el empeño temerario, casi enfermizo, de echar de la organización a todo “ente” que no acate las pretensiones ejecutivas del actual SP confederal, secundado por parte del Comité confederal de la CGT.

A ese grupo organizado, capitaneado por el secretario general Fadrique, no le está importando nada que la CGT pierda afiliación, representación, presencia en la conflictividad laboral y social, etc. Tampoco que se desestabilice la estructura orgánica que sostiene la acción sindical (véase el intento “suicida” de romper la organización de la CGT en el sector del transporte ferroviario)… No les importa destruir buena parte de la “casa” con tal de tener el control completo de lo que quede de ella.

Únicamente por intereses espurios (personales o grupales) se puede querer la ruptura.

Al resto nos queda esforzarnos aún más para conseguir que la afiliación sea conocedora y consciente de lo que se está fraguando en la CGT y responda en consecuencia.

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