Editorial
Te han sitiado corazón
y esperan tu renuncia.
Los únicos vencidos, corazón,
son los que no luchan.
No te entregues, corazón libre.
No te entregues.
Rafael Amor
El 27 de febrero se cumplieron 50 años de la reunión del pueblo saharaui en los pedregales del Tinduf argelino, en que se decidió en asamblea popular la constitución de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) e izar sobre los campos de arena, viento y piedra la bandera de la resistencia armada, protagonizada por el Frente Polisario.
Allí fue donde y cuando todo un pueblo se alzó con coraje inaudito contra enemigos aparentemente mucho más poderosos que él. Un pueblo entero que, unas semanas antes, entre noviembre de 1975 y febrero de 1976, había sido traicionado por el último gobierno franquista y tenido que huir de su hogar y país, adentrándose en el desierto bajo una lluvia incesante de metralla, napalm y bombas, hasta llegar a la desolada frontera argelina,
Desde aquel día y hasta hoy, a pesar de las durísimas condiciones en que vive y de la dureza de la cruenta lucha contra su vecino invasor, el pueblo saharaui ha sabido construir y fortalecer su emancipación, simbolizando en la República su valeroso anhelo por la libertad e independencia y en defensa global del territorio, ancestralmente suyo, entre Marruecos y Mauritania.
A finales de 1975 el general Franco y su dictatorial régimen agonizaban de vejez y esclerosis en España. Su estertor sangriento llegaba también al Sáhara Occidental, convertido formalmente en provincia española desde 1958. Tras la voladura de Carrero Blanco en 1973, el gobierno franquista anuncia que realizará en 1975 un referéndum de autodeterminación para que los saharauis escogiesen su inmediato futuro. Sin embargo, el rey de Marruecos, que buscaba apropiarse del territorio, convenció al gobierno español de que paralizase la convocatoria hasta que el Tribunal Internacional de La Haya “determine los lazos históricos que unían al territorio con Marruecos antes de la llegada de los españoles, en 1884”.
El 16 de octubre de 1975 el Tribunal de la Haya dictó una resolución ambigua (no había lazo alguno de soberanía, pero sí dependencia de tribus nómadas saharauis que solían llegar en sus correrías comerciales hasta Marruecos). Lo que enseguida aprovecharon el rey marroquí y los malhechores del gobierno español, para ponerse de acuerdo y repartirse el botín saharaui. Al día siguiente, en sesión secreta, el gobierno de España firmó la orden de evacuar el Sáhara a partir del 10 de noviembre. Fue un acto más de la permanente rapiña que se libra en las alturas palaciegas, en la que los últimos ministros de Franco buscaban arramblar como posesos con todo lo que podían antes de confirmarse la muerte del dictador.
Así, cuando el 15 de noviembre (cinco días antes del fallecimiento del dictador) se firmen los Acuerdos de Madrid entre España, Marruecos y Mauritania, a Álvarez Miranda, ministro de industria, le será concedida la vicepresidencia por 10 años de la empresa saharaui Fos-Bu Cra, una de las minas de fosfatos más ricas del mundo.
Mientras en los salones políticos hispano-marroquís se consumaba la traición y se producía la invasión de las tropas de Marruecos, la población saharaui hubo de huir aterrorizada de pueblos y aldeas, para refugiarse en campamentos improvisados en el desierto. Sus casas fueron inmediatamente saqueadas. Muchos de los que se atrevieron a quedarse fueron asesinados. Otros, desaparecidos, fueron enviados anónimamente a los penales de Marruecos. Tres meses más tarde, la aviación marroquí, bombardeó con bombas napalm los improvisados campamentos de refugiados y de nuevo las familias tuvieron que huir, adentrándose en el desierto bajo la lluvia de metralla y horrendo fuego hasta llegar a la región de Tinduf.
Fueron estas personas que llegaron hasta allí en condiciones calamitosas, heridas y agotadas, dejando atrás un reguero de cadáveres, las que se reunieron y decidieron constituirse en República para la lucha y recuperar su país perdido. A aquel día siguieron en lo inmediato trece años de guerra. Una guerra escalofriante si se cuenta el reducido número de personas que integran la totalidad del pueblo saharaui. Unos pocos miles de hombres, apenas armados y sin recursos, con sus familias soportando condiciones de escasez extrema, se enfrentaron con temible éxito al innumerable ejército marroquí.
Bajo la promesa, suscrita ante la ONU, de que en 1992 se celebraría el Referéndum, el Frente Polisario acordó una tregua que de facto durará hasta hoy, pese al incumplimiento de lo pactado por Marruecos y la ONU y de la brutal represión -asesinatos, torturas, encarcelamientos, violaciones impunes de sus mujeres, discriminación infamante …- que continúa ejerciendo la monarquía marroquí sobre la población saharaui.
Es el rodar de una noria infame. Una y otra vez, Marruecos impide la celebración del referéndum, sin que la ONU ni los gobiernos españoles que se sucedieron -de este o aquél signo político-, hiciesen nada por cumplir su obligación histórica de reconocer y llevar a cabo el derecho de autodeterminación de las colonias.
Incluso en la última resolución del Consejo de Seguridad de la ONU sobre este conflicto, la 2797 del pasado 31 de octubre de 2025, no tuvo otro remedio que reiterar el reconocimiento del derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui, por más que, acto seguido y de modo vergonzante, valorase el plan de autonomía marroquí como el más viable, frente a la indeclinable libertad e independencia que el pueblo saharaui viene exigiendo legítimamente desde hace 50 años.
¿Hasta cuándo esto será así? ¿Hasta cuándo el pueblo del Sáhara se verá obligado a resistir como refugiado insurgente en el desierto a la ocupación marroquí? Sabemos que resistirá épicamente, como lo viene haciendo desde hace 50 años, mientras actúe la solidaridad internacional. Pues si esa falla, los matarán. Y serán los Mohamed, los Pedro Sánchez, los Macron, los Trump… los asesinos y, con ello, también nosotros, los vencidos.

