VII Época - 102

Editorial

Te han sitiado corazón
y esperan tu renuncia.
Los únicos vencidos, corazón,
son los que no luchan.
No te entregues, corazón libre.
No te entregues.

Rafael Amor

“Siete millones de niños morirán en 2026 por causas ‘prevenibles’, evitables a muy ‘bajo coste económico, individual y colectivo’ y de solución con ‘nula dificultad’. Este es un anuncio de una de las oficinas centrales más prestigiosas del “orden internacional basado en principios y reglas consagradas en el derecho internacional”:

Según el informe del Grupo Interinstitucional de la ONU para la Estimación de la Mortalidad en la Niñez (en el que están implicadas, FAO, UNICEF, OMS, PMA …) presentado el pasado 18 de febrero – oscuramente emboscada como noticia en una esquina inaccesible de los medios de comunicación y (des)información- en 2024 el último año con datos estadísticos validados, murieron en el mundo casi 5 millones de niños antes de cumplir cinco años, la mayoría por causas fácilmente predecibles y prevenibles, pero no atendidas, pues responden al cálculo certero y al amparo de las decisiones económicas y políticas adoptadas por las autoridades respectivas y los intereses económico-geopolíticos que están detrás de su poder local y regional.

Continúa el Informe señalando que si las tendencias actuales continúan -y todo indica que continuarán-, en el actual quinquenio, entre 2026 y 2030, morirán 27,3 millones de niños, casi la mitad durante el primer mes de vida.

Semejante hecatombe -no por anunciada y prevista menos gratuita, menos cruel y menos enajenada- es atribuida por los gerifaltes del “orden internacional basado en principios y reglas consagradas en el derecho internacional”, entre ellos, los responsables del Grupo Interinstitucional de la ONU autor del Informe, a las siguientes causas:

Entre los recién nacidos, las principales causas de la muerte son las complicaciones derivadas del parto prematuro, las complicaciones durante el parto e infecciones como la sepsis neonatal o las anomalías congénitas. Después del primer mes de vida hasta los cinco años, la malaria fue la principal causa de la muerte en zonas endémicas de África subsahariana, seguida de otras dolencias, como la diarrea y la neumonía. Por otro lado, por primera vez, el informe estima las muertes causadas directamente por desnutrición aguda grave. Más de 100.000 niños menores de seis años fallecieron por esta causa en 2024, aunque se destaca y advierte de que esta cifra es, en realidad, mucho mayor, ya que la desnutrición debilita el sistema inmunitario de los niños y aumenta el riesgo de morir por enfermedades que de otro modo se superarían. Además, los datos de mortalidad no la recogen como causa subyacente de la muerte y los recién nacidos menores de un mes tampoco están incluidos en esa cifra.

Sin embargo, por más que la identificación forense y valoración de estas ‘causas’ de la mortandad infantil en el mundo resultan extremadamente útiles para poder atajarla, si acaso esa fuese en verdad la voluntad de las autoridades y poderes concernidos, lo cierto es que su presencia masiva -más de 27 millones de muertes, mayormente concentradas en determinadas regiones de África, Asia, pero también de América- revela que tales ‘causas’ en realidad son el efecto directo de la actividad de otros agentes, que en realidad no pueden ser combatidos con vacunas, antibióticos, alimentos, agua potable, higiene, atención médica y sanitaria. ¿Cuáles?

En primera respuesta, lo que es seguro es que esa arma mortífera no la empuña el Azar, ni el mandato de un Dios malévolo. Porque ninguna de esas 7.000.000 de muertes de niños anunciadas para 2026 -cuando entra la primavera, a estas alturas, ya más de millón y medio habrán fallecido- fue o será una muerte dictada por la pura naturaleza ciega. No habrán muerto, ni morirán porque un tigre, un rayo o un virus o una bacteria omnipotentes se les haya cruzado en el camino, sino porque alguien -más bien algo, una institución humana como la guerra, la explotación, la privatización de la ‘propiedad’, etc- ha decidido robarle a esos niños y niñas, la vacuna, el medicamento, el alimento, la atención y el respeto necesarios.

El mero informe forense de las circunstancias a las que van a ser condenados a muerte tantos niños y niñas, en realidad se está utilizando para encubrir la verdadera naturaleza de tan monumental sacrificio de vidas inocentes. No es por falta de recursos -económicos, materiales, alimenticios, médicos sanitarios, tecnológicos, etc,- que todo esto sucede. Pues esos recursos sobreabundan a escala planetaria, sin que los fabricantes de la Miseria ajena (700 millones de personas condenadas a vivir en la pobreza extrema) y Riqueza propia (el 10% de la población mundial, que acumula y, globalmente, parasita el 85% de la riqueza dineraria) renuncien a retenerlos e impedir su distribución allí donde son necesarios para mantener la vida. Es en este planteamiento que se encuentra la verdadera naturaleza y responsabilidad de la monstruosa mortandad infantil que se viene ejecutando en este mundo de “gobernanza internacional basado en reglas”. A saber: Que Hambre, Miseria, Exclusión … son rigurosa consecuencia del maridaje entre economía y estructura, entre capitalismo económico y jerarquía política, entre propiedad y poder, entre la inevitable fractura -lucha de clases, o como quiera llamarse- entre la gente trabajadora que construye la riqueza social y la minoría privilegiada que la usurpa y mata por millones.

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