ANA SILVIA REYNOSO
(1938, Bonao, República Dominicana)
El 21 de diciembre de 1963, tropas del Triunvirato militar dominicano que tres meses antes habían dado un golpe de estado, fusilaron cerca del caserío de Las Manaclas a 16 personas, miembros del grupo insurgente guerrillero del doctor Manolo Tavárez Justo. Arrestados en el momento que iban a entregarse desarmados acogiéndose a una promesa del alto mando del Triunvirato que les había prometido respetar sus vidas si abandonaban las armas. Los ametrallaron allí mismo, en el momento que se acercaban con prendas blancas. En El despertar de las espigas, la poeta canta el dramático suceso. Memoria viva del obrero, del campesino, de los insurgentes a toda dictadura.
MANACLAS
Dolorosamente solos, quedaron los cuerpos
las manos machacadas;
los ojos mirando a lo alto
en un mirar sin ver,
las bocas crispadas,
truncas en la última palabra
de intensa rebeldía.
La montaña arropó de silencio
esas voces postreras
y el sonido se fue lejos
hasta el fondo del cerebro
de los asesinos,
y el pueblo miró consternado
una roja herida en su costado,
y lloró quedo,
y lloró de nuevo
sobre las heridas aún no cicatrizadas
de los 30 años,
y otra vez sufrió en sus carnes
la bota inmisericorde
teñida de amarillo,
otra vez se encogieron en el fondo
de la casa de yaguas
los últimos retoños,
el aire se tornó irrespirable
y las manos quedaron en alto
en busca de la azada.
La gesta del 59 volvió a repetir
su eco de libertad
en la agreste montaña,
y las mismas armas asesinaron
a mansalva
los cuerpos de los héroes,
otra nueva jornada
cubrió de gloria
la juventud valiente.
Y la tea encendida de la liberación
avanzó a muchos pasos
en las metas del pueblo.
Encontramos este poema de Ana Silvia Reynoso, en su poemario “El despertar de las espigas” [de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, 1976]