VII Época - 110

ANA SILVIA REYNOSO

(1938, Bonao, República Dominicana)

En ocasiones, un poema puede ser valorado como la vivencia por el poeta de una realidad que le conmueve de tal modo, que basta la descarnada descripción de la situación para que el lector comparta la desolación que ha conmovido a la poeta y se incorpore a su misma lucha. Como en anterior antología campanera decíamos; Memoria viva del obrero, del campesino, del pueblo hambriento …. Que reclama la solidaridad en la necesaria insurgencia a toda dictadura y la invención de otro cielo, en el que no sea posible que un ser humano haya de arrastrar la cadena del hambre y la miseria.

PUEBLO-HAMBRE

Por la herida inconclusa
de las manos abiertas 
va corriendo la sangre, 
los dedos que se crispan 
ciérranse en el vacío 
de la búsqueda eterna.

Va rezumando lodo 
por los poros gigantes 
embebidos de hambre, 
y en vano quieres 
que se llenen de ideas 
los cerebros anémicos.
No vives hombre sólo de pan 
sin embargo … 
los estómagos yertos 
gritan desmesuradamente 
por llenar las bacterias 
que amplias proliferan 
como únicas dueñas; 
ese crujir de gases 
que cantan incansables 
mórbidas cantilenas 
penetra en los oídos 
y retuerce las venas.

No vives hombre sólo de pan 
sin embargo … 
te sientas a la mesa 
mientras otros hermanos 
por tórridos caminos 
arrastran la cadena 
del hambre y la miseria.

No te des en el pecho, 
no grites a un dios 
que sólo observa 
donde llega del hombre 
el egoísmo, y dice, 
“tu mi hermano”, 
y los ojos redondos 
relumbrantes de sueño 
se esparcen en la noche 
como nuevas estrellas, 
y casi es necesario 
inventar otro cielo 
donde puedan entrar 
tantas manos vacías, 
tanto estómago yerto.

Encontramos este poema de Ana Silvia Reynoso, en su poemario “El despertar de las espigas” [de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, 1976]

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