ROMERÍA
Año: 2025
Duración: 115 min.
País: España
Dirección: Carla Simón
Guion: Carla Simón
Reparto: Llúcia Garcia, Mitch, Tristán Ulloa, Miryam Gallego, Sara Casanovas, Alberto Garcia, …
Música: Ernest Pipó
Fotografía: Hélène Louvart
Es el año 2004. Marina Piñeiro, que fue adoptada a una edad temprana, acaba de cumplir dieciocho años. Para poder optar a una beca para sus estudios de cine, necesita un documento que confirme el parentesco con su padre biológico. Por eso se traslada desde Barcelona, donde creció, a Vigo, en Galicia, donde vive la familia de su padre. Primero conoce a su tío Lois y a su familia hispano-francesa. Poco a poco va conociendo también al resto de la extensa familia de su padre: tías, una procesión de primos y primas, y finalmente a sus abuelos. Cada Piñeiro parece más excéntrico que el anterior. Marina observa divertida, mientras lo graba todo con su videocámara, que le sirve de práctico escudo. Mientras tanto, la oímos leer en off el diario de su madre.
Llama la atención que la «nueva» familia de Marina le cuente historias contradictorias sobre sus padres biológicos. De hecho, sus familiares afirman incluso algo diferente sobre la fecha de fallecimiento de su padre: según ellos, no murió poco después de su nacimiento en 1986, sino unos años más tarde. Por eso, ella no entiende por qué no tiene ningún recuerdo de él. Poco a poco le invade la sensación de que él ya la había abandonado cuando ella era solo una niña pequeña. Su mundo comienza a tambalearse y las certezas se desvanecen.
Marina va desvelando los secretos familiares capa a capa, como si se tratara de una cebolla. Todo ello da lugar a un recorrido de descubrimiento ligeramente divertido y entretenido, aunque poco memorable, que ocupa los primeros noventa minutos de Romería. Al igual que en Estiu 1993 (2027), el debut de Carla Simón sobre una niña de seis años que, tras la muerte de su madre, crece con sus tíos, la directora vuelve a recurrir a la semiautobiografía en su tercera película. Su madre murió de sida cuando Carla tenía seis años, tres años después de que falleciera su padre. Los fragmentos del diario que Marina lee en Romería se basan en pasajes del diario de la madre de la directora, Neus Pipó Simón.
Justo cuando uno teme que la película se estanque demasiado, Simón saca de la manga una jugada maestra. En una intrigante escena de realismo mágico, Marina, de 18 años, conoce a sus padres antes incluso de nacer. En un flashback vemos sus vidas. Estas difieren claramente de los sueños que su madre ha plasmado en su diario y de lo que su familia le ha contado sobre la pareja. Este giro conmovedor y melodramático le da un corazón palpitante a la película. También en el plano formal, Simón tiene algunos hallazgos geniales. Así, la desenfadada Llúcia García interpreta tanto a Marina como a su madre, mientras que su padre es interpretado por Mitch, a quien ya vimos como el primo favorito de Marina. Además, los fragmentos del diario ya no los lee la propia Marina, sino una mujer algo mayor a la que nunca llegamos a identificar del todo.
Romería resulta ser una película muy personal que, al mismo tiempo, aborda cuestiones universales sobre el origen, la pertenencia y cómo lidiar con los secretos familiares. Además, Simón consigue captar la forma de ver la vida de una generación en la era posfranquista, sin juzgarla moralmente en retrospectiva. El resultado es una película que entrelaza la historia personal y las experiencias colectivas, y que se interesa menos por la reconstrucción de una verdad inequívoca que por la ambigüedad de la memoria.
