VII Época - 115

Editorial

Te han sitiado corazón
y esperan tu renuncia.
Los únicos vencidos, corazón,
son los que no luchan.
No te entregues, corazón libre.
No te entregues.

Rafael Amor

No se trata de un ‘craso error judicial’ de un juzgado concreto, como ahora, 35 años más tarde, pretende sentenciar el Tribunal Supremo.  No fue un ‘error’ el que durante años mantuvo en prisión a dos inmigrantes marroquíes vecinos de Tarrasa -el albañil Ahmed Tournmouch y el vendedor ambulante Abderrazak Mounib-, aún cuando todo certificaba que eran inocentes de los cuatro delitos de violación de que se les acusaba. Abderrazak M. morirá en prisión, tras nueve años preso. Ahmed T. penará con 18 de años de cárcel, hasta lograr salir, enfermo y sin medios de subsistencia, literalmente arrojado a la calle.

No es esta la historia de un juez racista o de un error judicial, sino la mecánica actuación de todo el aparato de los Ministerios de Interior y de Justicia que intervinieron en el proceso. Tampoco se trata de una anécdota, de una aislada confusión de unas mujeres-víctimas que necesitan de que alguien dé cuenta y razón de la brutalidad a que fueron sometidas, sino del fatal prejuicio racista y xenófobo propio de los Estados nacionales. Ahmed y Abderrazak eran emigrantes y con el aspecto inconfundible del amorenado sur, pobre y necesitado. Eso les bastó para ser culpables de oficio.

En octubre de 1991, en varias comarcas de Cataluña, cierto número de parejas sufrieron en el anochecer los ataques de una persona que amenazaba con arma a los hombres y violaba o agredía sexualmente a las mujeres. Los atacados insistían en que el delincuente actuaba a rostro descubierto, reconocible por su aspecto general «moreno» y «agitanado». Se produjo un clima de preocupación social, cada vez más agravado por la presión de los medios de comunicación más sensacionalistas.

Un mes más tarde, fueron detenidos en Tarrasa Ahmed Tournmouch y Abderrazak Mounib, dos emigrantes marroquíes. Tanto la investigación policial como el proceso judicial a que fueron sometidos estuvo plagado de irregularidades, considerándoseles culpables y tratándolos como tales desde su detención. Incluso antes de que se hiciera la rueda de identificación, las víctimas y testigos ya habían visto a los dos acusados, ambos marcados como culpables por la sentencia mediática.

El resultado de la rueda, por más que debió ser anulada de inmediato, fue la ruina para ambos y la condena a decenas de años de cárcel por «cuatro violaciones», pese a que desde el primer momento tanto Ahmed como Abderrazak mantuvieron su inocencia.

De hecho, cuatro años más tarde, en 1995, la policía detuvo en Manresa a Antonio García Carbonell, al que en el momento de la detención se le encontraron varios objetos que declaró haber robado a las víctimas de los asaltos sexuales ocurridos en 1991. Además de conservarse un trozo de vestido de una de las mujeres violadas que conservaba restos de semen. Fue entonces cuando la Policía Científica de Barcelona envió́ la muestra a los laboratorios para contrastar el semen del violador con las características genéticas de los dos marroquíes que permanecían encerrados. Esta prueba había sido propuesta por la defensa de los acusados, sin que el Tribunal la admitiese. El resultado del análisis llegó en junio de 1997 y fue concluyente: Tournmouch y Mounib eran inocentes del delito por el que permanecían presos en la cárcel de Can Brians desde hacia seis años. El autor de la violación era Antonio García Carbonell.

Sin embargo, por más que una justicia ecuánime estaría obligada a exigir la inmediata libertad de los dos hombres, la administración de Justicia española los mantuvo en la cárcel, con el mendaz y antijurídico ‘argumento’ de que «ha sido revocada la condena de una de las violaciones, pero no de las otras tres por las que fueron condenados y de las que no hay rastros de semen que analizar”.

El 27 de febrero de 1998, todavía presos, Abderrazak M. comenzó su quinta huelga de hambre, mientras su amigo, Ahmed T, considerando que ya no podía luchar contra la pompa que lo condenó se mantenía acurrucado en el rincón de la celda.

Durante años el aparato judicial español (ese remedo infame de ‘justicia’ que le impide reconocerse a sí misma como tal y es incapaz de ejercer) se negó́ a revisar las condenas y decretar la inmediata libertad de las dos víctimas. ¡Antes dos inmigrantes presos inocentes que reconocer la raíz racista de una “culpabilización mediática” indigna, un “reconocimiento” testifical fraudulento, una “sentencia judicial” bochornosa y una “resolución penitenciaria” intolerable!

Abderrazak Mounib morirá en prisión en el año 2000, tres años después de que la “Justicia” española tuviese plena constancia de su inocencia, por más que, a los ojos del racismo institucional más indigno, siguiera siendo ‘culpable’ de su aspecto heredado. Y ocho años desde aquel día aciago en que los dos amigos habían caído en la impune y prepotente red criminal del prejuicio, el corporativismo y la incompetencia.

Habrá que esperar a 2023 y 2025, para que el Supremo estime la nulidad de todas las condenas pendientes y la libre absolución del sobreviviente Ahmed T. Pero solo ahora, en junio de 2026, Ahmed T. logra una resolución que le otorga una indemnización de 2,5 millones de euros. Por más que, ese Tribunal Supremo -compinche superior de todos los demás, discriminador ‘supremo’ por oficio de culpabilidades e inocencias- no hará ningún reproche penal o sancionador a quienes, ¡estos sí! con demostrada saña racista y ostentoso desprecio al débil y pobre que cae en sus redes, amañaron de tan siniestro modo la vida de dos personas.

Esos 2,5 millones de euros en definitiva no son nada, sólo el modo en que la infamia del sistema judicial organiza su propia impunidad y, aparentemente ‘repara’ con dinero público los agravios a sus víctimas. No permitirán a Abderrazak M volver a la vida, como tampoco a Ahmed T vivir de otro modo los años que a él, a su familia, amigos y vecinos le robaron en la prisión.

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