VII Época - 41

LA COMUNA DE LA LUZ / y 3

La Ley y el Orden contra la Comuna

Viajero: ¡Adéntrate en el corazón del Bajo Alentejo, hacia las tierras sin sombra de la Odemira interior! Sube hasta la aldea de Vale de Santiago y alcanza la heredad de Fornalhas Vellas. Observa sobre la llanura encinar y olivarera las ruinas del antiguo caserón en el que Gonçalves Correia y sus amigos anarquistas hicieron realidad, por breve tiempo, su sueño de vivir libremente y en armonía, en propiedad colectiva de la tierra y reparto fraternal del esfuerzo y la cosecha. Esas ruinas, de muros rotos y sin techo, son el vestigio de la Comuna de la Luz, una de las experiencias más notables del anarquismo portugués e ibérico, según lo que hemos contado las anteriores semanas.

A lo largo de año y medio, desde los primeros meses de 1917 hasta el otoño de 1918, los comuneros de la Luz, lo compartieron todo entre sí. Sin embargo, abiertos al vecindario, no dejaban de proclamar la necesidad de los campesinos de rebelarse contra sus amos y el régimen de propiedad privada de la tierra. El propio Gonçalves Correia seguía recorriendo las aldeas de Odemira, divulgando las ideas anarquistas entre sus paisanos, animándolos a la lucha inevitable que acabase con la injusticia y la pobreza.

Pero el verano y otoño de 1918 fue terrible para el pueblo portugués. La peste -un virus de la gripe neumónica- se llevó más de 70.000 vidas y el hambre amenazaba a dos de cada tres familias rurales. Los comuneros de la Luz lograron salvarse todos, niños y adultos, gracias a los cuidados de la maestra y las normas higiénicas decididas por la comunidad, que nada tenían que ver con las condiciones insanas que imperaban en las viviendas y aldeas del Alentejo. En otros muchos lugares del Portugal más pobre, la población hambrienta asaltaba los graneros y almacenes de víveres y los desórdenes y huelgas se sucedían pese a la represión del gobierno pro-fascista de Sidónio, el “Presidente-Rei”.

El 18 de noviembre de 1918 estalló la huelga general en el Alentejo, contra la carestía de la vida. Había sido convocada por la Unión Obrera Nacional (UON), pero enseguida los trabajadores rurales de Fornalhas Velhas, Vale de Santiago y alrededores la hicieron suya, proclamando directamente la reforma agraria y ocupando las tierras de los amos, en especial de los “formigas” (especuladores que acaparaban el trigo, aceite y carne de cerdo para venderlo a precios abusivos fuera de la región, lo que condenaba al hambre a los campesinos).

La intervención del Ejército y de la Guardia Nacional Republicana logró abortar la rebelión social en la zona. Valiéndose de engaños y promesas de no tomar medida represiva alguna contra los huelguistas si se entregaban, los militares logran apresar a decenas de personas, a los que aporrearán, torturarán y, finalmente, deportarán a treinta de ellos a Angola.

Fue esta la ocasión que el gobierno aprovechó para liquidar la Comuna de la Luz, desembarazándose del peligroso foco revolucionario, ejemplo de eficaz comunidad anárquica, pacifista, naturista y autogestionaria.

Dramáticamente sucedió́ lo previsto por los amigos de Gonçalves Correia: que si la Comuna de la Luz llegase a tener algún éxito, no tardaría en ser destruida por la fuerzas reaccionarias. Como recoge Raul Brandão, “juzgaban que los actos practicados (durante la huelga y ocupación de Vale de Santiago) habían sido fruto de la iniciativa de la Comuna o de su ejemplo”.

Aunque Gonçalves Correia no estaba en Vale de Santiago el 18 de noviembre, sino en Beja, fue detenido en esta ciudad, bajo la falsa acusación de haberse apropiado de abono perteneciente a un labrador. Entregado por la policía a la Comandancia de la 4a División Militar, fue conducido a la cárcel de Limoeiro. Entre tanto, los militares habían entrado en la comuna, destrozándolo todo. Arruinaron el verdor de la huerta y saquearon la casa común. Maltrataron a los comuneros, obligando a hombres, mujeres y niños a huir campo a través. Tras la fechoría dejaron el recado de que si alguien volvía al lugar, seria detenido.

Así acabó aquella próspera comuna anarquista, aunque tan brutal final no doblegó a Antonio Gonçalves. Antes bien, no tardará en fundar una nueva comuna en Albarraque, “Comuna Claridad”. Pero esta ya es otra historia.

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