VII Época - 43

PAULINO Y AMADEO HERNÁNDEZ / y 2

Se ganaba 4 pts, y los sindicatos reclamaban 5 pts. ¡No lo daban! Ésa fue la guerra… y los mataron

En 1936, los hermanos Paulino y Amadeo Hernández, militantes de la CNT, estaban marcados por el dedo criminal de los empresarios más poderosos. Como recordábamos la anterior semana, hacía tres que ambos se habían librado de una condena preparada arteramente por un complot policial, Paulino había decido quedarse en Sta. Cruz de Tenerife como repartidor de gaseosas, mientras que Amadeo se dirigió a Las Palmas, encontrando trabajo en el duro oficio de la mar.

Cuando estalló la sublevación del general Franco y sus siniestros compinches, el 18 de julio de 1936, los empresarios, coincidiendo en todo con los militares a los que financiaban y apoyaban de mil modos, aprovecharon la ocasión para diezmar a los dirigentes obreros que estimaban más peligrosos.

Como recordará la hermana de Paulino y Amadeo: “No era nada más porque ellos defendían el duro; porque la guerra vino por un duro. Se ganaba cuatro pesetas, y los sindicatos: cinco pesetas. ¡No lo daban! Ésa fue la guerra, porque pedían … ¡que no lo consiguieron! Ésa fue la guerra: vino por un duro ”.

A unos los matarán los sanguinarios falangistas dedicados a las “sacas” nocturnas de cientos de víctimas, cuyos cadáveres aparecían a la mañana siguiente tirados en cunetas y campos o desaparecían para siempre, arrojados al mar o las cavernas volcánicas de las islas. De este vil modo fueron asesinados en las islas al menos 1600 personas, casi todos dirigentes sindicales o líderes políticos de izquierda y republicanos.

A otros, los fusilarán legalmente en Consejos de Guerra sumarísimos (claro está que los tribunales estaban integrados por militares fascistas, sediciosos al orden legal republicano).

Sólo en la provincia de Sta. Cruz, fueron ejecutadas 62 sentencias de muerte, en aplicación de la “justicia al revés”.

Los dos hermanos fueron detenidos en los días inmediatos al 18 de julio. Paulino, en Sta. Cruz, el día 21 y Amadeo, en Las Palmas, sin que se conozca la fecha exacta. Ninguno de los dos se había escondido, sino que, por el contrario, nada más conocer, el mismo 18 de julio, que los militares rebeldes se habían acuartelado, participaron en los primeros grupos obreros combatientes contra el fascismo, proclamando la huelga general y la movilización sindical que evitase el triunfo de los golpistas. Sin embargo, no pudieron derrotar a los militares alzados. Carecían de armas y ningún partido ni institución gubernamental, depositaria de gran cantidad de armamento, estuvo sinceramente dispuesto a cedérselos, aún si con ello se salvaba la República del asalto militar.

Paulino fue detenido en la plaza Weyler de Sta. Cruz. Después de torturarle le llevaron ante un Consejo de Guerra sumarísimo. Fue, como todos en aquella circunstancia, una parodia de proceso y una sentencia canalla, decidida desde el mismo momento en que los empresarios y los falangistas civiles habían pasado a los militares los billetes con los nombres de los dirigentes obreros y de los políticos republicanos. Otros dicen que, en realidad, echaron “a cara o cruz” si lo mataban, y que perdió Paulino.

No falta quien asegura que el juego de la moneda era otro truco de la barbarie uniformada; que siempre salía por la cruz que santificaba los asesinatos, la cruz de la clerigalla que aplaudía al alzamiento y pronto lo declararía Santa Cruzada.

Paulino, tras entregar sus sandalias a un chico que se las pidió, se enfrentó al piquete de ejecución en el Barranco de Hierro, con férrea entereza. “Murió dando gritos: ¡Viva la libertad! y ¡Viva Ferrer y Guardia!” -dirá la hermana.

A Amadeo lo cogieron en Las Palmas. Lo subieron, junto con otros compañeros presos, al barco Dómine y desde allí los arrojaron atados al agua. A todos se los tragó la mar. Ni se sabe cuántos. “Los bandidos del pueblo fueron los que mataron a Amadeo”, dirá la madre al enterarse. Pero, en realidad, los bandidos serán los representantes de la Ley, el Orden y el Dinero, que durante cuarenta años y hasta hoy fueron amos de las islas.

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