VII Época - 44

NACE LA SOCIEDAD OBRERA DE OFICIOS VARIOS DE RÍO GALLEGOS

El infame complot policial frente a la organización obrera

A principios del año 1918, en la ciudad de Río Gallegos, capital argentina de la provincia patagónica de Santa Cruz, trabajadores de distintos gremios y actividades, decidieron organizarse y constituir una primera Sociedad obrera de Oficios Varios. Muchos de los trabajadores que habían llegado a la ciudad eran inmigrantes americanos y europeos, atraídos por promesas de salarios y condiciones de trabajo, inmediatamente defraudadas, pues las condiciones laborales que regían, tanto en la capital como en los pueblos y estancias del rural eran, sencillamente, inhumanas.

En principio la nueva Sociedad no ofrecía una clara definición ideológica, más allá de manifestar una clara voluntad de lucha colectiva contra la dura realidad que se vivía en los tajos, talleres y estancias. Sin embargo, ya en las primeras sesiones asamblearias se decidió, en primer lugar, adquirir una imprenta que garantizase la edición de la propaganda sindical e ideológica necesaria para la extensión de la organización obrera en toda la provincia y la publicación de un periódico, “1º de Mayo”. En segundo lugar, reunir fondos para constituir una Escuela obrera, bajo los principios pedagógicos de la Escuela Moderna, fundada por el pedagogo anarquista español, Francisco Ferrer y Guardia, fusilado diez años antes en el barcelonés cuartel de Montjuich. En tercer lugar, enviar delegados a las zonas rurales de Santa Cruz y organizar a las plantillas jornaleras.

Una de las primeras pruebas de fuego que habrá de sufrir la naciente Sociedad se produjo a finales de aquél mismo año, 1918. Se había convocado una asamblea de la Sociedad, al objeto de tomar un acuerdo sobre la deportación de un expulsado de Punta Arenas (Chile) que “no había cometido delito alguno en este territorio”.

Sin embargo, en la noche anterior a la asamblea, elementos extraños a la Sociedad -con toda probabilidad agentes de la policía disfrazados o pagados por ella, como se demostrará más tarde- se dedicaron a repartir entre la población unos manifiestos en los cuales “se aconsejaba la expropiación” agresiva y violenta. Al mismo tiempo, las autoridades se dedicaron a propalar rumores y falsas noticias, según los cuales los obreros del fronterizo Puerto Natales (Chile) se habían alzado en armas, lo que además, coincidía en la llegada al puerto cercano al estuario de Río Gallegos, un transporte de la armada argentina, que llevaba a bordo prisioneros a los anarquistas Simón Radowitzki, evadido del temible penal de Ushuaia, y a Apolinario Barrera.

Con estos mimbres se urdió el complot de las autoridades frente a la Sociedad obrera. Según describe el folleto de Amador V. González, “El espíritu obrero en la Patagonia” (Río Gallegos, 1921): “Las autoridades policiales, en previsión de imaginarios atentados terroristas, rodearon la manzana en la que se hallaba ubicada la secretaría obrera, y en el momento que la asamblea se hallaba sesionando hizo irrupción en su interior el jefe de policía y secundado por un piquete de guarda-cárceles armados a maúser, desalojó a culatazos el local, deteniendo a todos los obreros sindicados”, llevándolos a la cárcel bajo la acusación de estar organizando un presunto complot revolucionario. Acto seguido, se clausuró el local sindical, se asaltaron domicilios particulares de obreros significados y de otros muchos simplemente por su aspecto y condición de obreros y peones.

Tan “ridícula parodia, tal derroche y aparatosidad de fuerza” armada se prolongó durante un par de semanas, por más que “nada, absolutamente nada anormal había sucedido en Rio Gallegos” para que se mandase por “varios meses a la cárcel a un grupo de obreros sin más delito que se pobres” y negarse a serlo sin lucha.

La clausura de la Sociedad Obrera se prolongará durante meses, aún mucho después que se hiciese luz sobre la infame maniobra policial. De todos modos, cuando meses más tarde, la Sociedad Obrera abra de nuevo su sede, nutrirán sus filas más secciones de oficio y más trabajadores, más conscientes de la naturaleza de sus enemigos y del permanente complot entre autoridades y empresarios, entre policías y sicarios de la patronal. Pero esto ya será motivo de otras hojitas genofontianas.

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