¿NUESTRA VIDA Y NUESTRA SALUD POR ENCIMA DE TODO?
La simple lectura en el “Libro de Ponencias” para la Conferencia Sindical de CGT (Palencia, 25-27 octubre), del título de la Ponencia nº 3, suscrita por 24 afiliados/as, despertó en mi una gran inquietud, que quizá no esté justificada. Ese titular afirmaba categóricamente “Nuestra vida y nuestra salud por encima de todo”, lo que, en principio, interpreté inicialmente como un simple exceso retórico, al objeto de incitar provocadoramente a la lectura de la ponencia sobre la “siniestralidad laboral” y la urgencia de una movilización sindical contra las altas cifras de letalidad y daños graves por accidentes de trabajo.
Sin embargo, a pesar de esta creíble excusa y por más que esté convencido de que realmente los autores del titular no quieren decir lo que real y literalmente dicen, la inquietud y el malestar persistía durante la lectura del texto. Comprendía que no debía obviar el hecho de que el título de un texto militante (y este lo es) fácilmente deriva en consigna seductora y popularizable que, como en este caso, refleja una ideología reaccionaria, en consonancia con los intereses privados -ideológicos y materiales- de las superpotencias económicas y políticas.
Con cierta frecuencia, escuchamos o cantamos melancólicamente el himno confederal: “Negras tormentas agitan los aires / nubes oscuras nos impiden ver / Aunque nos espere el dolor y la muerte / Contra el enemigo nos llama el deber / El bien más preciado es la libertad …”
Así que, según proclamamos melancólicamente en nuestro himno, hay bienes por los que vale la pena luchar aunque por ello nos espere el sufrimiento y perdamos la vida en el empeño. Son precisamente estos bienes -libertad, dignidad, compromiso- los que otorgan al hecho de vivir, a la vida de cada uno, algún sentido y valor y la haga merecente de haber sido vivida.
No ignoramos que en la España de hoy -ya que estamos en una democracia, dicen-, apenas ninguna persona ve amenazada su vida o sufre riesgo de represión dolorosa por el hecho de defender aquellos bienes tan preciosos como los aludidos en el himno confederal. “Apenas nadie”, con excepción claro está de los solicitantes de asilo y refugio, o de las víctimas de la Ley de Extranjería o los 30 saharauis confinados en el aeropuerto de Barajas y que, en lucha por la dignidad y libertad de su pueblo y para evitar su deportación por el gobierno español a Marruecos, se declararon en huelga de hambre, poniendo en riesgo salud y vida etc.
Por otro lado, tanto los vocablos “vida” como “salud”, pero todavía con mayor cuidado “salud” han de ser cuidadosamente definidos, antes de elevarlos sin más a la categoría de un “bien social indiscutible”. Sin que quepa en esta pequeña nota un análisis más argumentado, baste señalar que el término “salud” en su uso hegemónico actual, está directamente relacionado con los intereses de las poderosas industrias farmacológico-sanitarias, financieras y los aparatos estatales del control social. Nadie está más interesado que estas siniestras corporaciones en situar ideológicamente la “salud”, a condición de ser por ellos mismos definida, como el bien más preciado al que todo individuo ha de someterse y pagar por ello lo que está y lo que no está escrito.