VII Época - 59

JULES SUPERVIELLE

(1884, Montevideo-1960, París)

A pesar de todo, ‘Homenaje a la vida’, sin resignación a nada, ni condescendencia. Un canto del poeta franco-uruguayo, cuando la tierra se desangraba y el dolor y el sufrimiento pugnaban por hacerse eternos en los años 30 y 40 del pasado siglo. Todavía y por siempre ‘homenaje a la vida’, en este poema escrito entre 1939 y 1945, cuando una lluvia, por diminuta que sea, logrará mojar las banderas, a pesar de las infanterías homicidas.

HOMENAJE A LA VIDA

Que hermosura elegir 
domicilio en la vida 
y dar morada al tiempo 
en un corazón continuo, 
y ver las propias manos 
posarse sobre el mundo 
igual que una manzana 
en un huertecillo, 
y haber querido a la tierra, 
al sol y a la luna 
como familiares 
con realidad impar, 
y haberle confiado 
a la memoria el mundo, 
como un jinete noble 
confía en su corcel negro, 
y haber dado forma 
a estas palabras: mujer, hijos, 
y haber servido de orilla 
a continentes errantes, 
y haberse acercado al alma 
remando muy despacio 
para que no se asustase 
de una visita brusca, 
qué hermoso haber gozado 
de sombra en la enramada 
y haber sentido los años 
arrastrarse por el cuerpo desnudo 
haber acompañado la pena 
con la sangre negra de las venas, 
y haber dorado el silencio 
con la estrella Paciencia, 
tener todas las palabras 
que bullen en la cabeza, 
elegir las menos bellas 
y agasajarlas un poco, 
haber sentido la vida 
apresurada y poco amada 
y haber sabido encerrarla 
en esta poesía.

Encontramos este poema de Jules Supervielle en la “Antología”, editado en la colección ‘Selección de poesía universal’, texto bilingüe, de Plaza & Janés, editores (Barcelona, 1973), versión de Jacinto-Luis Guereña

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