JULES SUPERVIELLE
(1884, Montevideo-1960, París)
A pesar de todo, ‘Homenaje a la vida’, sin resignación a nada, ni condescendencia. Un canto del poeta franco-uruguayo, cuando la tierra se desangraba y el dolor y el sufrimiento pugnaban por hacerse eternos en los años 30 y 40 del pasado siglo. Todavía y por siempre ‘homenaje a la vida’, en este poema escrito entre 1939 y 1945, cuando una lluvia, por diminuta que sea, logrará mojar las banderas, a pesar de las infanterías homicidas.
HOMENAJE A LA VIDA
Que hermosura elegir
domicilio en la vida
y dar morada al tiempo
en un corazón continuo,
y ver las propias manos
posarse sobre el mundo
igual que una manzana
en un huertecillo,
y haber querido a la tierra,
al sol y a la luna
como familiares
con realidad impar,
y haberle confiado
a la memoria el mundo,
como un jinete noble
confía en su corcel negro,
y haber dado forma
a estas palabras: mujer, hijos,
y haber servido de orilla
a continentes errantes,
y haberse acercado al alma
remando muy despacio
para que no se asustase
de una visita brusca,
qué hermoso haber gozado
de sombra en la enramada
y haber sentido los años
arrastrarse por el cuerpo desnudo
haber acompañado la pena
con la sangre negra de las venas,
y haber dorado el silencio
con la estrella Paciencia,
tener todas las palabras
que bullen en la cabeza,
elegir las menos bellas
y agasajarlas un poco,
haber sentido la vida
apresurada y poco amada
y haber sabido encerrarla
en esta poesía.
Encontramos este poema de Jules Supervielle en la “Antología”, editado en la colección ‘Selección de poesía universal’, texto bilingüe, de Plaza & Janés, editores (Barcelona, 1973), versión de Jacinto-Luis Guereña