MADRID 1933 – FRENTE A LOS DESPIDOS, HUELGA GENERAL
35.000 obreros en el estadio Metropolitano, celebran la readmisión de los despedidos
En noviembre de 1933, treinta y cinco mil trabajadores de la construcción, procedentes de todos los barrios obreros de Madrid, se dieron cita en el estadio Metropolitano. La organización anarcosindicalista, CNT, había convocado Asamblea General para decidir colectivamente si se ponía fin a la huelga que duraba ya seis semanas.
Cuando Cipriano Mera, Feliciano Benito y otros militantes anarquistas, subieron al sencillo estrado cesó de inmediato la algarabía en las bancadas. Ya todos conocían los últimos acontecimientos. Sólo faltaba oír a los partidarios de reintegrarse al trabajo y, si los había, a los que proponían continuar la huelga. Finalmente, la gran asamblea decidiría.
Dos años antes, a finales de 1931, un reducido grupo de albañiles madrileños decidió separarse de UGT y constituir el Sindicato Único de la Construcción (SUC) de la CNT. No estaban de acuerdo con las prácticas ejecutivas y a menudo claudicantes del Comité local ugetista y, mucho menos, con los métodos con que se abordaban los problemas del sector y generales de la clase trabajadora.
En los meses siguientes, el pequeño grupo inicial se dedicó a distribuir propaganda, realizar mítines, impartir conferencias, promover “controversias” con otros sindicalistas, exponer los presupuestos filosóficos y de acción sindical anarquistas, divulgar incansables los conceptos de “acción directa”, “sindicato único”, “jornada de seis horas”, “sexualidad responsable”, “obrero consciente”, “comunismo libertario”, etc, etc. Sin embargo, todo ese trabajo militante parecía chocar con la hegemonía sindical de la UGT, que seguía siendo la influencia decisiva entre los trabajadores de la capital y también en el ramo de la construcción.
Todo cambió en octubre de 1933. Fue en esa fecha que pudo comprobarse hasta qué punto la labor anónima y apenas destacada de los primeros años había nutrido una planta, que enseguida se transformaría en un espléndido árbol de fuertes raíces y vigoroso tronco.
Como recoge Gutiérrez Molina, “la empresa constructora Hormaeche despidió a dos trabajadores de la contrata que efectuaba unos trabajados en las obras de los enlaces ferroviarios del paseo de La Castellana. Sus compañeros se pusieron en huelga de solidaridad y fueron despedidos también. A la vez, en otro tajo de la empresa Fierro, esta en la Ciudad Universitaria, también fue despedido más de un centenar de trabajadores”.
La gran mayoría de los despedidos eran afiliados de la UGT, pero quienes tomaron la iniciativa solidaria fue el grupo anarcosindicalista, incluso contra la opinión de los comités de la central socialista. La CNT declaró la huelga en las empresas afectadas y sus militantes en el ramo de la construcción se dispusieron a dejarse la piel antes que dejar pasar a trabajar a un esquirol. Siete semanas durará el conflicto.
En la segunda semana del conflicto, la CNT decidió plantear a los madrileños la necesidad de la huelga general en la construcción y, “si es necesario, en toda la ciudad” antes que ceder ante el injusto despido de los compañeros. El primer mitin en que iba a explicarse esa posición se había previsto para el 31 de octubre. Los cenetistas se cuidaron que nadie entrara a los tajos ese día, por lo que tuvieron que enfrentarse con la policía, pero también con “jóvenes milicianos socialistas que habían acudido a las obras para proteger a los afiliados de la UGT que querían trabajar”.
En medio del tumulto, muchos ugetistas rompieron sus carnets, ante lo que consideraban un abandono de los compañeros despedidos.
El mitin se celebró y fue tal el éxito que al día siguiente estaban paradas todas las empresas de la construcción de Madrid. Tras una encrespada asamblea celebrada en la Casa del Pueblo, la UGT terminó por adherirse a la huelga. “Unos días después, controlando totalmente el comité de huelga, el Sindicato Único de la Construcción de la CNT pidió a los restantes sindicatos cenetistas que le apoyaran declarando el paro general en Madrid. El Comité local lo convocó para el 11 de noviembre.
Al día siguiente, presionadas por las autoridades que veían que el conflicto escapaba a todo control y reforzaba a la CNT, las empresas de la construcción llegaron a un acuerdo, que contemplaba la readmisión de todos los despedidos, el pago de los jornales perdidos, el reconocimiento del SUC, la reducción de la jornada a 40 horas (antes 44). La gran asamblea del estadio Metropolitano aprobó el acuerdo y decidió la vuelta al trabajo.
