JOAQUINA DORADO PITA
De la Coruña marinera a la Barcelona obrera /1
El 14 de marzo de 2017, fallecía en Barcelona, la militante anarquista, tapicera-barnizadora de oficio e ‘insobornable’ sindicalista del ramo de la madera en CNT, Joaquina Dorado Pita, nacida 100 años antes en la barriada marinera de Monelos en A Coruña. Tres días después, sus compañeros de lucha colocaron sobre el féretro la bandera negra anarquista y dos rosas rojas. En el recordatorio reprodujeron un poema de uno de sus poetas favoritos, juntamente con Rosalía de Castro, Federico García Lorca:
“Si muero, dejad el balcón abierto.
El niño come naranjas
(Desde mi balcón lo veo)
El segador siega el trigo
(Desde mi balcón lo siento).
¡Si muero, dejad el balcón abierto!”
Entre las intervinientes en el acto, la escritora Antonina Rodrigo, terminó su homenaje diciendo: “Mujeres como Joaquina, encarnan a miles de luchadoras anónimas que hicieron posible, la primera gesta revolucionaria de signo libertario, a cuyo compás latió entusiasmado, apasionado el corazón del mundo. Mujeres que tenían clara conciencia, que afirmaban su derecho a ser reconocidas como seres conscientes, capaces de asumir cualquier papel, por encima de sus compañeros, sin menoscabo de su condición de mujer.”
Joaquina Dorado, había nacido en el barrio de pescadores de Monelos, Coruña, en el seno de una familia trabajadora, a la que, como a tantas otras familias gallegas de aquél tiempo, la pobreza y violencia de la patronal del mar empujarán a la emigración.
Joaquina llegó, con su familia emigrante desde su Coruña natal, a Barcelona, en 1934. Tenía 17 años, marcada por el germen de la rebeldía, incubado en su barrio de la Galicia marinera. Según el testimonio de sus amigos: “El frecuente aviso de las sirenas, llamando a naufragio la marcó para siempre. … Ese fue el motor de su lucha aprendido directamente en aquellos desolados escenarios de vida y muerte, de las gentes que faenaban en la mar y un mal día se los tragaba el mar y dejaban a mujeres e hijos hundidos en la soledad de la pobreza absoluta … [Joaquina] hablaba su lengua gallega, dormida durante tantos años, pero allí estaba, conservada en el hondón de sus recuerdos. Exponía sus vivencias con entereza y sostenida emoción, conservadas por la persistencia de la memoria y la morriña”.
Joaquina, era de aspecto físico diminuto y gran belleza, rubia y de ojos azules, dotada de una “voluntad férrea y de ideología, valores y valentía gigantes. Sin aparentar su enorme fortaleza con esa engañosa fragilidad física, con la valentía que le daban sus convicciones, de lucha por la utopía de un mundo justo para todos, hombres y mujeres”.
Se cuenta una anécdota de su vida que ilustra este carácter indómito. En el último año de su vida, Joaquina, con 99 años, fue encontrada por sus vecinas tirada en el suelo y desmayada. Sin su beneplácito, fue ingresada por una resolución burocrática en una Residencia, de la que, en cuanto pudo y las fuerzas se lo permitieron, escapó y regresó a su casa, a vivir sola. Y decía, socarrona: “¡No pudieron conmigo los nazis, iban a poder éstos!. Me escapé entonces de campos de concentración y me escapo ahora, para vivir libre”.
En Barcelona aprendió el oficio de tapicera-barnizadora, afiliándose al sindicato de la madera y la decoración de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), cuya filosofía y planteamientos anarcosindicalistas ya compartía con su propia familia y vecinos marineros de Coruña, mayoritariamente afiliados en la poderosa Federación de la Industria Pesquera de la CNT de Galicia, tal como señalan todas las referencias.
La lucha antiautoritaria de Joaquina, tras integrarse en uno de los grupos más activos de las Juventudes Libertarias de Barcelona, en el barrio de Poble Sec y desde las filas anarcosindicalistas de la CNT, contra el franquismo español primero y siempre contra los fascismos europeos después, la desarrollará en lo que le reste de su vida centenaria, pero esto ya será materia de la próxima entrega genofontiana, en el próximo número de La Campana.
