VII Época - 90

¡CIENTOS DE JORNALEROS EN HUELGA FUERON ASESINADOS!

“Si el crimen queda impune, lo volverán a repetir, allí o aquí”

Han asesinado a Wilckens: ¡Huelga general, que nadie se llame a silencio! / 3

Recordábamos en La(s) Campana(s) anteriores, nº 88 y 89, las razones que llevaron al joven libertario Kurt Gustav Wilckens, militante pacifista y antimilitarista, a matar al comandante Varela, el ‘carnicero de la Patagonia’, responsable de la matanza en 1921 de cientos de obreros rurales, cuyo único delito había sido hacer huelga y desear dejar de ser esclavos. “Si este alevoso crimen queda impune y el silencio ignorante lo cubre y olvida lo sucedido, lo volverán a repetir, allí o aquí”, había dicho Wilckens, nada más conocer los hechos.

Poco tiempo después de estas palabras, Wilckens atentó mortalmente contra el siniestro militar. La organización obrera anarco-sindicalista argentina, Federación Obrera Regional Argentina (FORA), celebró el gesto del joven emigrante alemán, como un acto de pura justicia y acción social movilizadora en defensa de la clase trabajadora, enfrentada a un gobierno y patronal confabulados. No en vano, tanto los jornaleros rurales de la Patagonia habían sido directamente víctimas por cientos de la barbarie militar como los trabajadores de Buenos Aires y de toda Argentina, muchos de cuyos líderes venían siendo víctimas mortales de la despiadada represión gubernamental contra las organizaciones obreras.

Tras el atentado, Kurt G. Wilckens, gravemente herido en las piernas, condenado a andar con muletas, fue internado primero en la tristemente célebre cárcel bonaerense, conocida como Penitenciaria Nacional, y después trasladado a la Cárcel de Encausados.

El complot para matar a Kurt Wilckens estaba en marcha a finales de mayo de 1923. La noche del viernes 15 de junio, el sicario Jorge Ernesto Pérez Millán Témperley, hijo de una familia aristocrática, miembro de la nacionalista Liga Patriótica Argentina, había sido introducido en la prisión camuflado en uniforme de carcelero. Así́ disfrazado, se le destina a hacer guardia en el pabellón en que está la celda del aislado Wilckens.

Cuenta Oswaldo Bayer el suceso: “Allí́ durmiendo, está el anarquista extranjero. Una de sus muletas está apoyada contra la pared y la otra al borde de la cama, a su alcance, para poder incorporarse. Pérez Millán Témperley lleva el Máuser con ambas manos. Con el caño del mismo empuja brutalmente en la espalda del hombre dormido, que se incorpora como tocado por electricidad y mira al carcelero.

– ¿Vos sos Wilckens?;

– ¡Jawohl! (Así es), responde en alemán el sorprendido preso.

Y ya el índice de Pérez Millán aprieta el gatillo y sale la bala a quemarropa. En pleno pecho. Entra un poco por encima del corazón y luego de destrozar el pulmón izquierdo sale por la espalda”.

Wilckens, herido de muerte, resistirá́ con vida todo el día y noche siguientes, mientras la noticia se difundía con extraordinaria rapidez por los barrios obreros de Buenos Aires. “¡Han matado a Kurt Wilckens, cobardes le balearon mientras dormía!”.

A las 10 de la mañana de ese mismo día salían panfletos y llamamientos con las cabeceras de los periódicos anarquistas y obreros La Protesta y La Antorcha, sin que la policía ni los agentes para-policiales pudiesen hacer nada para impedirlo Y estalla lo impensable. Una consigna, que nadie sabe quién pronunció, se propaga por todos los centros de trabajo y miles de personas abandonan sus talleres. Los primeros en tomar el acuerdo formal de huelga en todo el sector será el gremio de los panaderos.

Al mediodía, la central sindical anarquista, la Federación Obrera Regional Argentina (FORA) declara el paro general por tiempo indeterminado e invita a todo el pueblo a lanzarse a la calle. A medida que se iban conociendo los detalles del asesinato la indignación obrera crecía. Una tras otra, en forma unánime, las organizaciones sindicales van proclamando el paro por tiempo indeterminado. Incluso los presos de la Penitenciaria Nacional se declararán en día de luto y huelga de hambre. La huelga se extiende desde Buenos Aires a otras ciudades de Argentina, como Rosario, Avellaneda, Mar del Plata o Bahía Blanca mientras la policía secuestra el cadáver de Wilckens y lo entierra secretamente en una “tumba para pobres”.

El lunes la capital aparece paralizada. “No se ve ni un alma por las calles del centro”, pero en los barrios la FORA prepara la gran manifestación obrera para el martes 19, pero antes estallará una verdadera batalla campal entre obreros anarquistas y la policía, que acaba con dos obreros y un policía muertos, decenas de trabajadores heridos y casi doscientos detenidos.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *