¡CIENTOS DE JORNALEROS EN HUELGA FUERON ASESINADOS! / y 4
Tras el asesinato de Wilckens por los agentes de la Ley y el Orden, cuando más necesaria era la unidad sindical, estalla la traición de los sindicatos proto-peronistas, en camino hacia el fascismo
A principios de los años 20 del pasado siglo, la afiliación sindical de los trabajadores argentinos sostenía dos grandes organizaciones sindicales, la Federación Obrera de la Región Argentina (FORA) del V Congreso (1905), que se mantenía fiel al ideario de la FORA fundada en 1901 por los anarquistas y la Unión Sindical Argentina (USA), recién constituida en 1922 como resultado de la unión de varios sindicatos que compartían un modelo sindical centralista y verticalista, con fuerte poder de la burocracia dirigente y un ideario político izquierdista, inicialmente socialista y comunista autoritario, que pronto desembocaría en el fascismo peronista, propio de la CGT, en la que se integraría.
En este clima de división sindical, se produce el asesinato del anarquista Kurt G. Wilckens, autor del atentado que costó́ la vida al coronel Varela, responsable directo de la masacre de cientos de jornaleros huelguistas en la Patagonia, ocurrida un año antes.
Como contábamos en la anterior La Campana (nº 89, de 1 diciembre), por el asesinato de Wilckens en la noche del 15 de junio de 1923, mientras permanecía en su celda de la penitenciaría nacional, se celebraron decenas de asambleas en multitud de centros de trabajo y en los locales sindicales. Estalló incontenible la huelga general de protesta contra el crimen.
Al mediodía del sábado, la central sindical anarquista, la FORA, declaraba el paro general indefinido, hasta que no aparezcan los culpables del asesinato, se depuren las responsabilidades de las autoridades penitenciarias en connivencia con los grupos políticos gubernamentales y se entregue a sus familiares y amigos el cadáver de Wilckens. Con la convocatoria de huelga, también se invita al pueblo a lanzarse a la calle. Una tras otra, en forma unánime, las organizaciones sindicales van proclamando el paro por tiempo indeterminado. Incluso la USA lo hará́, extendiéndose la huelga desde Buenos Aires a otras ciudades de Argentina, como Rosario, Avellaneda, Mar del Plata o Bahía Blanca, mientras la policía secuestra el cadáver de Wilckens y lo entierra secretamente.
Sin embargo, la unidad de la clase obrera durará poco tiempo. La intriga de la burocracia sindical de la Unión Sindical Argentina, boicoteará de inmediato esa unión solidaria, que se había producido espontáneamente y de modo ejemplar.
El lunes la capital aparece paralizada y, de momento, en la convocatoria de huelga general parecen estar todas las organizaciones sindicales. La policía sitia a un grupo de panaderos -los primeros en declarar formalmente la huelga-, que se habían hecho fuertes en la sede del sindicato. La tensión crece por momentos y la FORA acuerda la celebración de una gran manifestación obrera para el martes, que es prohibida de inmediato por el gobierno. Pese a la amenaza, la FORA mantiene el llamamiento, pero ya los dirigentes de la USA -previendo que el éxito de la manifestación lo sería también de la FORA rival- piden primero a sus afiliados “que no participen de las manifestaciones” y poco después les exigen que “levanten el paro y acudan a trabajar”.
La desafección de los dirigentes de la USA -que al tiempo que desconvocan la huelga mantienen una retórica “revolucionaria” infame e hipócrita, que preanuncia su deriva hacia el fascismo sindical peronista-, debilita la protesta obrera.
Cuando miles de obreros, siguiendo el llamamiento de la FORA y su propio instinto de clase, acuden a la manifestación del martes y se acercan al local en que permanecen sitiados los panaderos, estalla una verdadera batalla campal, con el resultado de dos obreros anarquistas y un policía muertos y casi doscientos manifestantes detenidos. Durante todo ese día se suceden las escaramuzas entre huelguistas y los primeros esquiroles de la USA, estos apoyados por la policía.
Al día siguiente, el desesperado llamamiento a la acción de los anarquistas de la FORA no evita que se empiece a trabajar en numerosos talleres. Miles de obreros -dolidos con la división sindical y ya sin esperanza ni confianza en su propia fuerza- renuncian a ser protagonistas de la acción hacia un futuro justo y solidario, hacia el futuro soñado por los Wilckens, y vuelven humillados al trabajo.
