ALMERÍA, 26 MARZO 1939
Asamblea anarquista y anarcosindicalista, a vida y muerte
El 26 de marzo, apenas tres días antes del definitivo y formal colapso en todo España del ejército republicano, cuando las tropas motorizadas del ejército franquista estaban ya a las puertas. de Almería sin encontrar oposición real alguna, algunos representantes de CNT, Federación Anarquista Ibérica (FAI) y Juventudes Libertarias (JJ LL) habían participado conjuntamente con otras organizaciones antifranquistas y republicanas, en una entrevista con el gobierno militar de Almería, en la que les confirmó lo que ya todos sabían: que la guerra tocaba a su fin y solo cabía que cada cual sorteara como mejor pudiera la amenaza de la brutal represión que se avecinaba.
Inconformes con aquella sentencia que estaba en el ambiente, ¡sálvese quien pueda y como pueda!, los representantes libertarios, nada más salir de la entrevista, recorrieron las calles de toda la ciudad, convocando a los numerosos militantes anarquistas y anarcosindicalistas residentes en la ciudad a celebrar esa misma noche una reunión de urgencia, al objeto de valorar conjuntamente la situación en la que se encontraban tras el hundimiento de los últimos frentes bélicos y tratar de adoptar una posición colectiva que afrontase el futuro inmediato. Acudieron a la reunión cientos de personas, pues a Almería, una de las últimas ciudades resistentes al fascismo, se habían ido incorporando en los últimos meses militantes de las organizaciones libertarias combatientes, huyendo ante el avance de las tropas franquistas, pues ya el ejército republicano había abandonado toda esperanza de lucha y resistencia.
Tras los informes de los asistentes a la entrevista con el gobernador militar, en la asamblea se manifiestan tres posiciones mutuamente excluyentes. La primera, muy minoritaria, enseguida se descarta, pues la conclusión general es que había desparecido toda posibilidad de continuar con la guerra convencional, con un ejército republicano en desbandada y desmoralizado, cuyas unidades iban deponiendo las armas o rindiéndose una tras otra.
La segunda posibilidad, era la inmediata salida de las unidades y militantes libertarios hacia ciudades que, como Murcia, Alicante, Valencia y Albacete, todavía se mantenían a duras penas bajo control de la República y desde la que, suponían, se podría organizar una evacuación controlada, que ahorrase vidas y sufrimiento. Pues ese mismo día, ya 27 de marzo, el único buque republicano que podría salir del puerto de Almería -cerrado su embarque de hecho para los militantes anarquistas y cenetistas- lo haría esa misma mañana, pocas horas antes de que las tropas franquistas tomasen el absoluto control de la ciudad. Esta propuesta, que podría haberse adoptada hacía semanas, chocaba ahora con el férreo control militar y policial impuesta por el franquismo en todas las carreteras y principales caminos de acceso a las ciudades portuarias todavía resistentes.
La tercera opción concluía con la necesidad de que todos los que pudiesen y estuviesen en condiciones de asumirlo, alcanzasen la zona de sierra más cercana, entre el desierto y el mar, y una vez asentados, organizar unidades guerrilleras, que pudieran crearle al fascismo vencedor una situación de inestabilidad de consecuencias insospechadas.
Pasaban las horas y la asamblea no acababa de definirse. El debate era cada vez más acalorado, pues nadie ignoraba que la apuesta era a vida y muerte. Finalmente, con las avanzadillas fascistas ya en los barrios periféricos, se decidió pasar a votación las dos propuestas, concluyendo en un práctico empate. Se intentan nuevas votaciones, pero el resultado, una y otra vez, se repite. Finalmente, los reunidos deciden que cada quien elija la salida por la que hubiese optado, pero, eso sí, procurando mantener en la medida posible los vínculos personales y orgánicos entre todos ellos, sirviéndose de ayuda los unos a los otros. Muchos de los asistentes a la asamblea encontrarán la muerte en el cumplimiento de su opción; otros salvarán la vida, por más que pagando con años de cárcel y sufrimiento la indeclinable defensa de la libertad y la emancipación social que habían llevado a cabo. Pero esto ya será motivo de otras hojitas campaneras y genofontianas.
