VII Época - 104

Editorial

Te han sitiado corazón
y esperan tu renuncia.
Los únicos vencidos, corazón,
son los que no luchan.
No te entregues, corazón libre.
No te entregues.

Rafael Amor

Matanza tras matanza, genocidio tras genocidio … Israel avanza desafiante a toda idea de justicia y humanidad hacia la meta que ansía enloquecido: el exterminio del pueblo palestino y la anexión cruenta de nuevos territorios vecinos de Palestina y el Golán sirios, ya ocupados permanentemente por su ejército, o del Líbano, de nuevo invadido y expulsados sus habitantes de las aldeas y ciudades del sur.

Apoyado por EE UU y con la garantía de la ‘neutralidad indulgente’ de los países de la Unión Europea (camuflaje de la cínica y obstinada colaboración en el monstruoso crimen), la abrumadora mayoría de la sociedad israelí se siente con la potestad de utilizar cualquier método -por horrendo, inhumano y vil que sea- para conseguir el delirante objetivo que se propone pues otros más poderosos que él le acompañan en la producción de horror, inhumanidad y vileza.

Quizá logren su ansiada ‘solución final’ -ideada y ejecutada a imitación de sus maestros nazis- a la existencia resistente y rebelde del pueblo palestino, o quizá no. De hecho, la historia del reciente estado de Israel en los siglos XX y XXI es tanto la de la construcción nacional y delimitación sangrienta de un nuevo estado en Palestina, el Estado de Israel, previo despojo y supresión del pueblo árabe que habita aquel territorio desde siempre, como la de la dramática y épica resistencia de este pueblo a tan brutal e inhumano despropósito.

El naciente estado de Israel obtuvo en 1948 el respaldo de una ONU fracturada, al reconocer a los judíos un territorio nacional propio (arrebatado a los árabes) que, por otra parte, era mucho menor que el que ahora mismo ocupa y mucho menor del que pretende anexionarse. El nuevo estado, fundamentado en una doctrina nacionalista atroz, invadió́, saqueó y finalmente se apoderó militarmente de otras localidades, más allá́ de las fronteras que le habían sido concedidas.

En respuesta casi centenaria, a día de hoy, la población palestina trata de sobrevivir agónicamente aferrada a su tierra y hogares, enfrentándose con un coraje infinito y una capacidad de resistencia épica al holocausto sionista y al atroz régimen racista y apartheid impuestos por Israel por más que una legislación asesina -respaldada en su concepción y definición más criminal y perversa por EE UU y la UE- les considere “terroristas” y les trate como escoria apenas humana a eliminar.

En la Franja de Gaza, tras más de dos años de destrucción y genocidio incesante, Israel y los gobiernos de EE UU y la UE, ansiando convertirse en operadores inmobiliarios sobre el territorio ‘conquistado’, se ha apropiado de más del 60% de la Franja, al tiempo que mantiene cercadas a cientos de miles de personas sobrevivientes en condiciones de carencia de las necesidades básicas para la vida y permanentemente víctimas del aleatorio ‘tiro al blanco”.

A cinco meses del incumplido (por Israel) y propagandístico (a gloria de Trump y sus secuaces) ‘acuerdo de cese al fuego’ del 15 de octubre, el ejército israelí ha asesinado cerca de mil palestinos en lo que resta palestino de la Franja de Gaza y herido gravemente a más de 2000, sin contar los muertos por el malvivir a la intemperie, el hambre, el beber agua no potable o la desatención médica casi absoluta.

La Cisjodania palestina está a día de hoy convertida por la ocupación israelí en una mutilada piel de leopardo disecado, en la que cada mancha representa una cárcel, un gueto racial en el que ha de vivir secuestrada la vecindad palestina. Sobre esa realidad de racismo y apartheid, el pasado 5 de marzo, Israel inició las obras de un nuevo “muro de la vergüenza”, que habrá de reducir el territorio mentidamente ‘palestino’ de Cisjordania y aumentar el del Estado israelí.

Este proyecto prevé la construcción de una nueva barrera de hormigón que partirá de los Altos de Golán (territorio sirio, ocupado por Israel) y llegará hasta el Mar Rojo, extendiéndose por territorio palestino a lo largo de 500 kilómetros. Se trata de confinar por la fuerza de las armas y la violencia racista a todos los palestinos de la región en centros urbanos de suelos empobrecidos e infértiles. “Nos roban las tierras para que no podamos cultivar ni tener animales, ni sacar la piedra con la que edificar nuestras casas y escuelas, mientras a nuestro alrededor, construyen nuevas colonias racistas, exclusivas para colonos judíos, y carreteras segregacionistas para conectarlas”. Esta es la naturaleza de su plan.

Cisjordania está ahora mismo sufriendo un brutal castigo, marcado por la violencia más desmedida y los desplazamientos forzosos. Desde octubre de 2023, cientos de personas palestinas han sido asesinadas y más de medio centenar de comunidades palestinas han sido arrasadas por la violencia de los militares y los colonos. La limpieza étnica de Israel continúa ejecutándose, mientras su parlamento y gobierno construyen nuevos asentamientos en tierras robadas, aprueban leyes para condenar a muerte a los prisioneros palestinos, perfeccionan los instrumentos de apartheid contra toda la población palestina y cubren con su manto protector y suministro de armas a los colonos, verdaderas cuadrillas de asesinos y ladrones al servicio de la política de expansión, usurpación y colonización ejecutada por Israel

Nada queda por hacer digno de ser mencionado, que no sea desbaratar este siniestro plan genocida, comenzando por reconocer la legitimidad histórica y ética de la lucha e insumisión de las gentes palestinas por la libertad, la vida, el pan y la dignidad, valiéndose de los medios y procedimientos que estén a su alcance, frente a la opresión, el despojo y la violencia asesina que sufren a manos del sionismo nazi de Israel y sus cómplices. Que se impugne la criminalización de la lucha del pueblo palestino frente a los genocidas que tratan de exterminarlo en su propio país.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *