VII Época - 58

LEONARD PELTIER

50 años de permanente crimen de estado en EEUU

Todos ellos responsables conscientes del crimen atroz que cometían: Jimmy Carter, Ronald Reagan, George H. W. Bush, Bill Clinton, George W. Bush, Barack Obama, Donald Trump, Joe Biden

El pasado 25 de enero, el indio sioux, Leonard Peltier, pudo salir del presidio estadounidense en el que llevaba secuestrado desde 1977. Era el prisionero más antiguo de Estados Unidos, como sobreviviente a una infame persecución llevada a cabo por el estado norteamericano, a una retahíla de juicios-farsa, pruebas falsas, asesinatos de testigos, montajes judiciales viciados de racismo y bestialidad inhumana hacia la población de origen indio. Leonard Peltier era inocente -y todos lo sabían; jueces, fiscales, policías, alcaides, gobernadores de Estado, presidentes del país- de aquello que se le acusaba y por lo que fue condenado; pero era culpable de ser indio sioux-lakota, de haber denunciado el robo de las tierras a los pueblos indios, o de ser miembro del Movimiento Indígena Americano. Esta es la historia:

La matanza de prisioneros sioux en Wounded Knee

Todo comenzó hace 135 años, en Dakota del Sur (EE.UU.). En la mañana del 28 de diciembre de 1890, los militares vigilaban a unos 400 indios prisioneros que, hambrientos y ateridos de frío, habían sido arreados hasta el arroyo de Wounded Knee. Aquél día, el cielo amaneció encapotado y los desvalidos prisioneros se revolvían inquietos al otear la ventisca. El jefe sioux Pájaro Amarillo silbó sobre un hueso de águila y todos dirigieron hacia él la mirada. De pronto, se inclinó hacia el suelo, recogió un puñado de polvo, se alzó en tensa calma, levantó el brazo, abrió la mano y dejó que el viento esparciese los granos de arena. Todos comprendieron.

Los prisioneros -hombres, mujeres, ancianos y niños- pugnaron por escapar, pero los guardianes comenzaron a disparar. Dispararon sin parar. Siguieron disparando cuando ni uno sólo de los indios quedaba en pie. Finalmente, bayonetearon, patearon, mutilaron, remataron al que se movía. Después, el viento y el polvo rugieron sobre aquél campo de exterminio durante tres días.

Esta fue la gesta heroica de Wounded Knee, que mereció para sus autores las Medallas de Honor del Congreso de los EE.UU. Al menos 350 cadáveres, la mayoría de ellos de mujeres y niños, quedaron insepultos en la quebrada.

Leonard Peltier: Primer intento de asesinato

Leonard Peltier, que tiene ahora 80 años (más de la mitad de ellos cumplidos en la cárcel) nació en una reserva de Dakota. Su niñez fue la de un niño-jornalero en los inmensos campos de los blancos. La juventud le sorprende como emigrante en el Noroeste. Allí se encuentra con otros jóvenes que desean recuperar la libertad y dignidad de los pueblos indios, aplastados a sangre y fuego. Se unió a ellos. En 1970 participa en la ocupación de Fort Lawson, una base militar abandonada cerca de Seattle, otrora territorio indio. Dos años más tarde, interviene en la simbólica ocupación de la Oficina de Asuntos Indígenas de Washington.

Al poco tiempo de abandonar pacíficamente la Oficina, fue asaltado mientras comía por dos policías de paisano. Lo balearon y dejaron tendido en el suelo del restaurante. Pero ante el ruido que se armó, malherido como estaba, lo llevaron detenido ¡acusándole de intento de homicidio! Afortunadamente las “pruebas” no fueron suficientes para condenarlo, aunque ya lo habían elegido como símbolo a abatir de la insurgencia india.

Ocupación india de Wounded Knee, en 1973

En 1973, el Movimiento Indígena Americano (AIM) -al que pertenecía Leonard- decidió ocupar Wounded Knee, para reclamar las tierras que les habían sido usurpadas y conmemorar la matanza de cien años atrás. Tras dos meses de asedio, el AIM accedió a retirarse de Wounded Knee con el compromiso de que sus acusaciones de usurpación y maltrato criminal generalizado para con los pueblos indios serían investigadas.

Pero una vez más, el gobierno blanco de EE.UU., como tantas otras veces había hecho y continúa haciendo, incumplió lo tratado.

La caza del indio

El FBI desató una terrible campaña contra los militantes de AIM, cazándolos a traición y dejando sus cadáveres sobre las calles, simulando que perecían en “reyertas callejeras entre delincuentes”. William Janlow, subfiscal general del Estado, dijo: “la única forma de lidiar con el problema indígena en Dakota es encañonar en la cabeza a los líderes de AIM y apretar el gatillo”. Así lo hizo. Más de 60 miembros de AIM murieron de este modo sólo en la reserva de Pine Ridge, en Wounded Knee.

Para evitar ser cazados por los paramilitares del FBI, los indios se agruparon en aldeas-comunidades que pudieran vigilar. En una de ellas, en Oglala, estaba refugiado Peltier, cuando dos policías entraron sorpresivamente en automóvil y comenzaron a disparar. Era la señal acordada para una invasión masiva de federales. Para salvarse, todos los residentes huyeron. Sin embargo, al final de la refriega había tres muertos: los dos policías atacantes y un muchacho indígena al que habían abatido.

De nuevo se desató la cacería por todo el país.

Detención de Peltier y juicio-farsa: ¡Culpable!

Peltier fue detenido, celebrándosele un juicio-farsa, que acabó condenándolo a dos cadenas perpetuas por “doble asesinato”. La mascarada fue sangrienta. “A Anne Mae Aquash, miembro de AIM, la amenazaron para que acusase a Peltier. No lo hizo y apareció muerta de un balazo. Pero el FBI cortó las manos al cadáver y se las mostró a Myrtle Poor Bear, una enferma mental que terminó firmando hasta tres declaraciones distintas -y contradictorias- en las que inculpó a Peltier. Esto bastó para condenarlo”.

En 1979, cuando se conoció que las pruebas contra Peltier habían sido amañadas, el FBI presionó a varios reclusos para que lo asesinasen. A uno de ellos, Standing Deer, que sufría de terribles dolores en la médula espinal, le amenazaron con retirarle los medicamentos si no lo mataba. No quiso hacerlo, lo dijo a otros reclusos y fue por ello lobotomizado, con la disculpa de aliviarle el dolor. Se cumplía así la amenaza que le había dirigido un carcelero.

Una mano alzada … un puñado de polvo al viento

De este modo y con estas tretas mantuvieron recluido hasta hoy y, desde ahora en arresto domiciliario, a Leonard Peltier a sabiendas de su inocencia, de todo aquello de que le acusaba y fue condenado. Una y otra vez, las revisiones de los juicios reclamadas, pese a la evidencia de la sangrienta farsa protagonizada por los jueces, eran desestimadas, al igual que eran desoídas por gobernadores y presidentes las peticiones de libertad para Peltier y de castigo para los autores que urdían, amparaban y ejecutaban con todo el descaro la violencia más atroz contra el indio rebelde.

Todo fue y sigue siendo, puro rencor y cálculo de aparato de estado, que se sabe más fuerte cuanto más brutal la tropelía que comete y su población le deja hacer. No es fuerte el Estado cuando asesina a indios en Wounded Knee, como no es cuando organiza cacerías nocturnas contra las AIM’s del mundo y no lo es cuando mantiene injustamente a los Peltier secuestrados; pero sí lo es, cuando las gentes de este planeta nuestro, renunciamos al coraje del jefe indio, y no nos inclinamos hacia la tierra, cogemos un puñado de polvo, alzamos la mano y exigimos, como el jefe indio, ¡Libertad! ¡Libertad para los Leonard Peltier, del mundo! ¡Libertad para los secuestrados en Gaza y Cisjordania!, ¡Libertad y rebeldía!

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