LA CGT AL BORDE DE LA DESTRUCCIÓN COMO ORGANIZACIÓN ANARCOSINDICALISTA
La situación de la CGT es desesperada. El actual secretario general, Miguel Fadrique, ha ido llevando a la organización a un punto en que se ha convertido en una simple correa de transmisión de intereses políticos ajenos a los planteamientos básicos del anarcosindicalismo. No hace falta nada más que ver las iniciativas que ha ido tomando en los últimos tiempos para percatarse de que son los mismos temas y, lo que es peor, las estrategias de partidillos y grupúsculos que poco o nada tienen que ver con nuestros postulados, los que vienen conformando la agenda cegetista.
Así, nos vemos metidos en todo tipo de plataformas con los más variopintos objetivos, todos ellos incardinados en una estrategia “izquierdista” extraña a nuestros acuerdos y objetivos básicos. De hecho, no importan los acuerdos y objetivos de la CGT en aras de una falsa “unidad” popular que lo único que hace es enmascarar el sometimiento de la confederación a otras organizaciones y a sus intereses. Desde las iniciativas legislativas de todo pelaje hasta la huelga general de otoño, todo viene marcado por agendas políticas ajenas.
Evidentemente, esto no se hace sin la resistencia de amplios sectores de la organización que, conscientes de lo que se viene encima, intentan oponerse a las maniobras de Fadique y sus comparsas. Ante esta oposición, la decisión de Fadrique es clara: o conmigo o fuera de la CGT. De ahí la desfederación del sindicato de Transportes y Comunicaciones de Madrid, la destrucción de la Confederación de Andalucía, el intento de asalto de la propia FETYC y del SFF, las inhabilitaciones antiestatutarias, el boicot sistemático a la Confedederación de Galicia y todo un cúmulo de vilezas que este autoritario de manual ha venido cometiendo en los últimos dos años. Evidentemente, todas estas bellaquerías no serían posibles sin, primero, la dejación de sus deberes de parte del Comité Confederal y, segundo, sin su colaboración imprescindible. Asistimos, plenaria tras plenaria, a la transformación de la CGT en una organización verticalista utilizando cualquier maniobra para imponer los criterios de Napoleón Fradique.
A todo este maniobrerismo no es ajena la absoluta y vomitiva utilización de los medios de comunicación confederales, el Rojo y Negro, el Libre Pensamiento y la Televisión confederal, en especial el programa “Al Lío”. Es vergonzoso que estos medios defiendan públicamente, y así lo pregonen, a una policía “democrática”, que estén trufados de personajes de otras organizaciones en sus consejos de redacción, como el secretario general de Solidaridad Obrera, que provocó hace unos años un enfrentamiento entre ambas organizaciones al inmiscuirse, de modo interesado, en un problema interno de la CGT, o que vayan como invitados, de forma recurrente, policías al programa mencionado.
Los Estatutos son muy claros
Tenemos ahora la decisión (no se pueden llamar acuerdos a lo que está saliendo de las plenarias) de convocar (a propuesta de Canarias) una Plenaria Extraordinaria para decidir “medidas orgánicas a tomar contra las personas que asaltaron con violencia la plenaria confederal del 28 de enero de 2025”. Hay que recordar la negativa, hace unos meses, a convocar una promovida por trece miembros del Comité Confederal; sin embargo, la solicitud de Canarias, siendo grata al Secretario General, se convoca de forma inmediata. Siendo ya bastante lamentable que una territorial incluya un punto del Orden del Día netamente antiestatutario, es aún más penoso que el Comité Confederal, gracias a los palmeros de Fadrique, lo acepte y apoye sin ningún tipo de cuestionamiento. Veamos:
“Artículo 60. Todas aquellas situaciones conflictivas que se den por incumplimiento o desacato a los Estatutos y Reglamentos internos, por incumplimiento de acuerdos tomados formalmente por la Organización, por agresiones o injurias verbales o escritas, por acuerdos contra afiliados o afiliadas que éstos consideren lesivos, y en definitiva por todas aquellas cuestiones que puedan vulnerar el buen funcionamiento de la CGT y el respeto mutuo, si no fuesen resueltos por las partes dirimentes, y siempre que al menos una de ellas quiera plantearlo, se deberán resolver en el mismo ámbito que se generen, bien según se regule en la correspondiente Comisión de Garantías o mediante el mecanismo orgánico que se determine en dicho ámbito.”
Es decir, que, según los estatutos de la CGT, adoptados en Congreso: 1) Se acusa de agresiones, por lo que lo sucedido encaja perfectamente en el artículo mencionado. 2) Las partes dirimentes deben resolverlo en su ámbito, si es posible. 3) Si no lo hacen, se hará en la Comisión de Garantías, y 4) Esta se constituirá siempre que una de las partes quiera plantearlo.
¿Qué es lo que no quieren entender ni Canarias ni la parte del Comité Confederal del brazo escayolado sobre el encaje de la supuesta agresión de Andalucía en los Estatutos? ¿Vamos a hacer con Andalucía lo mismo que con TTYCC de Madrid, condenarla sin escucharla para seguir con la limpia de los opositores a Fadrique? Canarias podría plantear la cuestión si entiende que ha sido agredida, pero debe hacerlo a través de la Comisión de Garantías prevista en el artículo 60 y no de otra forma. Tampoco puede hacerlo a través del ridículo “protocolo” aprobado en esta última plenaria, ya que no puede haber acuerdos de funcionamiento orgánico que se aprueben en plenaria, sino que deben hacerse en Congreso, ni mucho menos aplicar una norma inexistente cuando los hechos sucedieron.
No importa que el orden del día de la plenaria no hubiera sido debatido por las asambleas sindicales, sino que únicamente lo hicieron minúsculos grupos de militantes (a saber qué clase de comités, en el mejor de los casos, o secretariados se reunieron aprisa y corriendo para debatir sobre el tema). Volverá a pasar lo mismo en la plenaria extraordinaria y, lo que es peor de todo, tendrán la osadía de votar y tomar acuerdos como si estuviesen facultados por los Estatutos para hacerlo. Y no decimos debatir porque esto ya está olvidado en las plenarias confederales. Olvidan sus miembros que el artículo 45 de los estatutos, referido al Comité Confederal, dice, entre otras cosas que “…Sólo se recurrirá al uso del voto proporcional cuando se haya demostrado la incapacidad para establecer un acuerdo general de consenso…”. Para que se demuestre la incapacidad de establecer un acuerdo general de consenso, es imprescindible el debate previo a dicho intento de consenso. Sin embargo, por lo que sabemos del funcionamiento de las plenarias, no existe nunca dicho debate: únicamente se exponen las posiciones de cada miembro del comité, se tabulan los acuerdos que lleva cada quien y se transforman en un resultado mayoritario, mayoría tan exigua que, como en el caso de esta propuesta, no cabría considerarla ni mayoría en una organización anarcosindicalista. De debate y consenso, nada; se trasladan los aspectos más burdos de los mecanismos parlamentarios a la CGT y ¡voilà!, tenemos acuerdo. No importa si la mayoría no se manifiesta o si la diferencia es mínima, lo que importa es el resultado y hacer tragar tierra al contrario. Y así nos va.
Hay que actuar ya
No podemos dejar que se siga destrozando la organización y que Fadrique y sus satélites continúen su labor de alejamiento de la CGT de sus postulados fundamentales. Esta organización se sustenta (o sustentaba) en la autonomía de los sindicatos, que, a su vez, eran el reflejo de su afiliación; los comités no tienen otra función que la de sostener el funcionamiento orgánico mientras la organización a la que representan eventualmente no se pueda reunir. No están para adoptar decisiones no respaldadas por los acuerdos firmes; los secretariados son los órganos encargados del día a día, sin que puedan suplantar las funciones de los comités. En definitiva, una organización que va de abajo arriba y en la que cualquier veleidad autoritaria está desterrada.
Cuando decimos que hay que actuar nos referimos a que hay que combatir cada decisión antiestatutaria, no reconocer como acuerdos lo que no lo son, impulsar la petición de dimisiones de todos aquellos que estén dañando a la CGT, pelear en cada Plenaria por cada metro de terreno y exigir el debate de cada uno de los puntos del orden del día sin admitir votaciones ni tabulaciones hasta que el debate se haya extinguido. En definitiva, si queremos una organización libertaria, hagámosla funcionar libertariamente.
Ya lo hemos recordado alguna vez, pero no está de más repasar el dictamen leído en nuestro Congreso de Constitución de 1910, hace ya 114 años. En la quinta sesión se leyó el dictamen de la ponencia número cuatro, de la que formaba parte el compañero Luis Plaza, de los Obreros en Piedra de Vigo. Su trabajo resuena aún emocionante hoy: “…aún hay millares y millares de trabajadores que confían en su emancipación mediante la labor de otros hombres -trabajadores o no-, empleando medios indirectos en vez del directo explícitamente indicado en la frase que sirve de encabezamiento a este esbozo [La emancipación de los trabajadores ha de ser obra de los trabajadores mismos]. No es la obra de ellos mismos cuando encargan de su emancipación a otros; ni es posible se emancipen quienes empiezan por estar sometidos a las buenas o malas intenciones, a los acertados o disparatados actos de otros, a la voluntad perezosa o activa de los demás, a las conveniencias particulares o no de otros.[…] Y no es posible la emancipación de los trabajadores en tanto éstos tengan un emancipador, un jefe, por cuanto que aun logrando vencer a los sustentadores del régimen, no harían más que instaurar otro régimen de privilegios en el que resultarían privilegiados los emancipadores, los jefes. Que no es posible abolir los privilegios con organismos en que el privilegio exista, por cuanto no es posible la emancipación sino como obra de los trabajadores mismos…” . Y así estamos, luchando contra los nuevos jefes en un combate que no nos podemos permitir perder. En fin, o reaccionamos y nos enfrentamos a los que nos quieren convertir en un sindicato al servicio de intereses políticos ajenos, o nos podemos ir despidiendo.