COMENTARIOS SOBRE GUERRA Y PAZ
El pasado 15 de abril, la compañera María Lucila Valenzuela escribió a La Campana un comentario al artículo “El ridículo como coartada …”, firmado por el Colectivo pontevedrés Justo Fierro (La Campana, VII Época, nº 66 de 31.03.2023), en el que señala: “Es una argumentación que no explica nada. ¿Cómo es, de forma práctica y actual, la forma de garantizar que esta paz extraña de la que hemos disfrutado los europeos, nada común en la historia de la humanidad, se pueda mantener? Oigo a mucha gente criticar el modelo al que vamos, pero nadie explica cuál es el modelo alternativo. Porque hay que reconocer que la paz en el mundo nunca duró mucho. Además, tampoco entiendo como casa … la crítica contra una OTAN vendida al poder americano … y el que ahora algunos países se planteen un futuro sin dependencia USA. Algo que creo que somos muchos quienes venimos pidiendo hace años …”
Agradecemos a la compañera, no solo su atención a nuestro artículo sino también la sinceridad y valor crítico de su comentario, aunque no compartamos algunas de sus reflexiones.
En primer lugar, hemos de destacar que nuestro artículo se limitaba a tratar de salir al paso del militarismo galopante que vienen impulsando las más altas autoridades de la Unión Europea (UE) desde tiempo atrás, como lo demuestra el hecho de que entre 2021 y 2024, el gasto militar de la UE hubiese aumentado más de un 30% respecto del periodo anterior, hasta alcanzar los 326.000 millones de euros.
Desde nuestra perspectiva, la crítica y frontal rechazo que manifestábamos contra el militarismo, se extiende a cualquiera de las tres estrategias que ahora mismo protagonizan el debate entre los gobernantes europeos y norteamericanos:
1) Mantenerse, sin mayores cambios organizativos, operativos y funcionales, en el marco de la OTAN actual, pero aumentando el gasto militar como mínimo al 2% del PIB de cada país, hasta alcanzar el 5%, tal como como plantean Trump y algunos dirigentes nacionales europeos;
2) Avanzar hacia una OTAN más ‘europeizada’, que aún manteniendo el liderazgo de EE UU, ofrezca mayor peso decisorio a militares y políticos europeos, a costa de incrementar la inversión y gasto en las unidades militares propiamente europeas.
Este parece ser el planteamiento teórico-estratégico que llevó al gobierno ejecutivo de la UE, presidido por Úrsula von der Leyen, por un lado, a escenificar públicamente su exigencia a los países miembros, para que aprobasen aumentar inmediatamente el gasto militar, en unos 800.000 millones de euros. Y por el otro, a aprobar el comunicado del “kit de supervivencia”, que, a través del ‘miedo’ y la ‘alarma’ frente a ‘poderosos y siniestros enemigos’ (cuya identificación se difumina), diese el pistoletazo de salida al proceso de ‘adoctrinamiento’, ‘concienciación’, o ‘cambio de mentalidad’ que pueda garantizar, económica e ideológicamente, un belicoso ‘apoyo popular’ al proyecto.
3) Avanzar hacia la creación de un Ejército propio de la UE, en el que se integren o coordinen los actuales ejércitos nacionales de los países miembros y que, algún día sea lo suficientemente poderoso y autónomo como para liberarse del liderazgo y hegemonía político-militar estadounidense.
Esta última parece ser la propuesta de la compañera María Lucila, cuando señala “Algo que creo que somos muchos quienes venimos pidiendo hace años”, pero que, con toda contundencia, no compartimos los compañeros antimilitaristas del colectivo Justo Fierro.
También se pregunta la compañera, “¿Qué forma hay de ‘garantizar que esta paz extraña de la que hemos disfrutado los europeos, nada común en la historia de la humanidad, se pueda mantener?” Suponemos que la compañera se refiere por `paz en Europa” a la circunstancia histórica de que desde la II Guerra Mundial, no se han librado batallas en los territorios de la actual Unión Europea, aunque si se hubiesen producido en amplias zonas de Europa, como las guerras de los Balcanes, sobre todo en la ex Yugoslavia o en Ucrania desde 2014. Y, en todo caso, esa presunta ‘paz europea’ fue y es compatible con la intervención criminal de ejércitos europeos o mercenarios financiados y armados por países europeos, en Argelia, Namibia, Indochina, Vietnam, Libia, naciones del Sahel y centro-africanas, Congo, Kenia, Mozambique, Iraq, Afganistán, Angola, Sahara Occidental, etc, etc.
Por otro lado, la compañera pone en evidencia algo que es obvio y, en ello, tiene toda la razón. Nuestro artículo no propone ningún “modelo alternativo” de organización militar supranacional distinto al que representan y ejercen en la actualidad mundial los ejércitos y la producción militar, asumiendo el protagonismo de la “solución militar” para dirimir los conflictos de intereses que genera la competencia capitalista por los recursos y el control en beneficio propio del global esfuerzo productivo de la población mundial.
“Oigo a mucha gente -señala Mª Lucila- criticar el modelo al que vamos, pero nadie explica cuál es el modelo alternativo. Aunque el comentario a esta afirmación, exige un espacio mayor que el que nos ofrece este breve artículo, baste con señalar, por ahora, nuestra consideración -contrastada por la experiencia histórica universal y el dictado de la razón- de que mientras imperen en el mundo el régimen de desigualdad económica y beneficio privado de la producción colectiva (capitalismo), el autoritarismo administrativo político (jerarquía estatal e imperio de la ley coercitiva) o la rivalidad geopolítica por el acceso a los recursos y la explotación de las colectividades humanas, las guerras y la violencia armada serán inevitables. No habrá en este mundo ‘paz’ ni ‘concordia’ ni ‘armonía’, ni “avenencia sosegada’ mientras persista el régimen económico-político actualmente hegemónico. Habrá, eso sí, guerras, ejércitos, violencias, alianzas y rivalidades, resueltas a golpes de fusil, misil o bombardeos.