VII Época - 68

SÁHARA OCCIDENTAL

La libertad y dignidad de los pueblos, una y mil veces traicionada; hoy también, por el gobierno de coalición español, PSOE-Sumar

Los ministros de Asuntos Exteriores de España y Marruecos, Albares y Naser Burita respectivamente, se reunieron en Madrid el jueves pasado, 16 de abril, al objeto de reafirmar y glorificar con la infame palabrería habitual, la decisión adoptada hace tres años de Pedro Sánchez de traicionar al pueblo saharaui y de declinar de su propia responsabilidad como gobernante, promoviendo la anexión por parte del Reino de Marruecos de la antigua provincia española, cuyo proceso de descolonización, del que es responsable internacionalmente el gobierno español, sigue vigente.

Fue en 1975 cuando ministros de la España franquista agonizante anunciaron que entregarían la provincia española del Sáhara occidental, a Marruecos y Mauritania, pero no a sus habitantes, tal como preveía la legislación internacional.

Las tropas marroquíes y mauritanas (posteriormente, Mauritania renunciaría a “su parte”) iniciaron la invasión del Sáhara ex-español y, con ello, el saqueo de las ciudades y pueblos. El temor cierto a los fusilamientos en las tapias, el asalto a las casas y tiendas para robar y matar, a la “desaparición” en los presidios de Marruecos, empujó entonces a decenas de miles de personas hacia el interior del desierto, hacia la frontera argelina, en la región de Tinduf. Las columnas de exiliados fueron bombardeadas por la aviación marroquí con napalm, mientras atravesaban las planicies y dunas arenosas hacia los campamentos improvisados.

Pero en esta historia se da la circunstancia que la gran mayoría de los “desaparecidos” y de los asesinados, represaliados, condenados al exilio y la supervivencia en el más hostil de los medios -el desierto argelino- durante estos últimos 50 años, así como la práctica totalidad de los asesinados durante la invasión de 1975, siendo saharauis, tenían la nacionalidad española. Los cadáveres que cubrieron la huida de la población del Sáhara hacia el infierno del desierto argelino eran administrativa y jurídicamente españoles, nacidos en una provincia española y reconocidos como tales por las leyes españolas del momento.

Durante los siguientes 50 años los saharauis fueron quienes de resistir épicamente a la fuerza aplastante del ejército marroquí, hasta conseguir que la ONU no tuviese otra opción que reconocer su derecho a decidir en referéndum el destino de su país: si integrarse en Marruecos o mantenerse como nación. Sin embargo, el rey de Marruecos, una y otra vez, boicoteará el referéndum anunciado por la ONU e impedirá su celebración, mientras los sucesivos gobiernos de España, eludían sistemáticamente cumplir con la responsabilidad legal que le atribuye y exige el derecho internacional, en materia de autodeterminación y descolonización.

En todo este tiempo, se impuso al pueblo saharaui la necesidad de quebrar la complicidad del poder internacional con Marruecos. Para ello siempre contó con poco: en primer lugar, su tenaz decisión y voluntad de librarse del yugo que buscan imponerle; en segundo lugar, el apoyo más o menos explícito de aquellos que tienen intereses en la zona contradictorios con los del monarca marroquí y lo que este representa y de los 75 países que han reconocido la República Árabe Saharaui; en tercer lugar, el apoyo solidario de las gentes españolas, necesario para sostener las comunidades en el exilio de Tinduf y forzar al gobierno para que ejerza un papel más activo, tanto en la ONU como en otras instancias internacionales, para paliar el daño que se causó en el pasado inmediato.

Este último, es el peldaño que Pedro Sánchez hizo añicos hace tres años y que ahora, reproduce, sin disimular su complicidad en los crímenes de guerra y lesa humanidad y brutalidad homicida que usa el rey de Marruecos en el Sáhara ocupado.

Algo huele a podrido en Dinamarca, decía Shakespeare, pues todo crimen impune corrompe el aire y la vida a su alrededor. Algo huele a vileza y traición en este siglo XXI, en todo el mundo y en este nuestro país, España, pues se anuncia la pretendida consumación de un tremendo crimen, con miles de muertos a sus espaldas, cientos de cadáveres que jalonan el exilio de gran parte del pueblo saharaui desde sus tierras y ciudades en el Occidente sahariano hasta la planicie desértica argelina.

Sin embargo, pese a la voluntad y cálculos de poder homicida de los Pedro Sánchez o de los Mohamed, nada está escrito sobre el final de este crimen anunciado. Los amigos del pueblo saharaui a este lado del Estrecho de Gibraltar debemos estar preparados para salir en su defensa, aunque el escenario mundial opte, una vez más, por sacrificar en el altar de la injusticia, del desorden capitalista y del imperialismo genocida a otro pueblo, como lo hace en Palestina, Libia, Líbano, Congo, Sudán o Somalia.

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