OTRO FALLIDO ENCUENTRO INTERNACIONAL
Para resolver los daños a la salud y al medio ambiente provocados por el plástico
Como dice el refrán anarquista: “Quien manda y domina, nunca podrá resolver los males que su mandato, privilegio y dominio le exigen. Y, así, quien en la autoridad confía pagará su credulidad en servilismo y más daño”.
Si bien es cierto que la industria del plástico está dejando gigantescos beneficios para algunas grandes empresas de la industria petroquímica, no es menos cierto que están dejando una huella fuertemente dañina, tanto en la salud de cientos de millones de personas como en la estructura nuclear del ecosistema terrestre.
Una revisión científica internacional, publicada el primer domingo de agosto en la renombrada revista The Lancet, ha recopilado todos los daños —conocidos— que provoca la exposición a los plásticos y ha lanzado una advertencia importante: ya hay pruebas suficientes de que vivir rodeados de estos polímeros [Los plásticos son polímeros sintéticos, fabricados por la industria química a partir del petróleo] representa riesgos “graves, crecientes y subestimados” para los humanos en todas las etapas de la vida, pero que, al menos en lo que la ciencia y la tecnología actual permiten prever, todavía se está en condiciones de evitar. “Ahora sabemos que (los plásticos) causan enfermedades, discapacidades y muerte prematura en todas las etapas de su ciclo de vida” al tiempo que afirman “lo podemos parar”.
La Comisión de Minderoo-Mónaco, que examinó el impacto en la salud de los trabajadores de la industria petroquímica fabricante de plásticos, calculó que solo en 2015 se produjeron alrededor de 32.000 muertes prematuras a nivel mundial entre las personas que trabajaban en la producción de plástico, expuestas a numerosas substancias químicas tóxicas, sin haber sido plenamente informadas de ello. Por otro lado, la producción de plástico también contamina el aire, el agua y el suelo, dispersándose en minúsculas partículas que llegan muy lejos de las fábricas en que se originan. Un estudio calculó que en ese mismo año, 2015, la emisión de partículas finas derivadas de la producción de plásticos causó en el mundo más de 158.000 muertes prematuras certificadas.
Pese a estos datos, los expertos científicos insisten “lo podemos parar”, aunque los más sensatos y menos crédulos añaden, “si es que nos dejan dirigir y organizar el proceso de sanación” y por más que “alrededor de estas sustancias químicas haya todavía un inmenso vacío de conocimiento” ya que “no se sabe casi nada sobre los riesgos de más de dos tercios de las sustancias químicas plásticas conocidas. Y de las que hay datos, aproximadamente el 75% -esto es, unas 4.200- se han considerado “altamente peligrosas por sus efectos tóxicos, su persistencia, su bioacumulación y su movilidad”.
Sin embargo, la Tecno-Ciencia sólo podría resolver esta amenaza y disminuir globalmente la intensidad del daño causado, a condición de que tanto la Ciencia y la Tecnología como la propia comunidad científica, fuesen en rigor independientes y ajenas a los sistemas económicos, políticos y sociales que ahora mismo rigen el mundo, monopolizando las decisiones sobre la aplicación que, en cada caso y oportunidad, ha de darse al conocimiento humano. Pero no lo son. De ninguna manera lo son. De modo que resulta ilusorio apelar a la Ciencia y la Tecnología como los agentes que, por si mismos, podrán resolver los daños provocados por la omnipresencia de los deshechos plásticos en el medio ambiente y en el interior de los cuerpos agredidos.
Baste con señalar tres hechos incontrovertibles: 1) Pese a las advertencias, la producción mundial de plástico se está acelerando. “La producción mundial de plástico se ha multiplicado por 250 desde 1950 y se prevé que se duplique de nuevo para 2040 y se triplique para 2060”. 2) En cuanto al reciclaje posible y tecnológicamente factible, solo se procesa el 10% y 3) El 90% restante no-reciclado, se quema, se desecha en vertederos o se acumula en el medioambiente, sin biodegradarse en tiempos a escala humana, sino que se fragmenta en partículas más pequeñas, doblemente dañinas por su facilidad de penetración en el cuerpo humano.
Como decíamos, el Informe de la revista The Lancet llegó en vísperas de la ronda final de negociaciones de los Estados miembros de la ONU (Ginebra, del 5 al 14 de agosto de 2025) para intentar concluir un tratado mundial sobre los plásticos que pusiera fin a la contaminación plástica, marcando un límite global a la producción de plástico y estableciendo regulaciones estrictas sobre las más de 16.000 sustancias químicas que hay en los plásticos, con análisis sobre su toxicidad y la retirada del mercado de las sustancias más peligrosas.
Sin embargo, el pomposo Encuentro de la ONU en Ginebra, en el que participaron altos representantes de 177 países, acabó en el más rotundo de los fracasos. Esto es, quienes rigen y toman decisiones [el puñado de los seleccionados y designados por los gobiernos de los 177 países en base a la alianza ya indisoluble entre el poder económico de la industria petroquímica internacional y cada uno de los estados nacionales y/o administraciones supra-nacionales] desdeñaron las advertencias de los científicos, negándoles la voz y el derecho efectivo a proponer ‘soluciones’ contrarias al interés empresarial del momento.
En la próxima entrega de este artículo, detallaremos este penúltimo fracaso -preanuncio del próximo- de aquella fantasiosa teoría que pregona la posibilidad real de resolver los problemas de contaminación, cambio climático, devastación de la biósfera, salud pública universal, etc, en el marco de gobernanzas mundiales y locales, fundamentadas en el capitalismo y la jerarquía armada.