VII Época - 80

OTRO FALLIDO ENCUENTRO INTERNACIONAL

Para resolver los daños a la salud y al medio ambiente provocados por el plástico / 2

En anterior artículo (La Campana, VII Ép. nº 79), refiriéndonos al rotundo fracaso del reciente Encuentro Internacional en Ginebra, auspiciado por la ONU, convocado para valorar y evitar los muy graves daños, ambientales y sobre la salud humana provocados por la contaminación por el plástico, señalábamos como el puñado de los prohombres “seleccionados y designados por los gobiernos de los 177 países en base a la alianza ya indisoluble entre el poder económico de la industria petroquímica internacional y cada uno de los estados nacionales y/o administraciones supra-nacionales” habían desdeñado “las advertencias de los científicos, negándoles la voz y el derecho efectivo a proponer ‘soluciones’ contrarias al interés empresarial del momento”. Y, al tiempo, mostrando el mismo desprecio a los pacatos alegatos de ONG’s y asociaciones del movimiento ecologista institucional subvencionado, siempre presentes en este tipo de eventos.

Detallaremos ahora algunas de las más graves consecuencias de este penúltimo fracaso.

En la anterior entrega citábamos la información contenida en dos relevantes Estudios científicos. El primero referido al impacto en la salud de los trabajadores de la industria petroquímica fabricante de plásticos, que había calculado que solo en 2015 se habían producido alrededor de 32.000 muertes prematuras a nivel mundial. El segundo, en referencia a las minúsculas partículas que llegan al aire, suelo y agua en los procesos de fabricación y uso de los plásticos, confirmaba que, en ese mismo año, 2015, la emisión de partículas finas derivadas de la producción de plásticos causó en el mundo más de 158.000 muertes prematuras certificadas.

El análisis revela que los fetos, bebés y niñas y niños son muy susceptibles a los daños asociados con los plásticos y que la exposición a estos materiales se asocia con un mayor riesgo de aborto espontáneo, parto prematuro y muerte fetal, así como defectos congénitos, crecimiento pulmonar deficiente, cáncer infantil y problemas de fertilidad en el futuro.

Un metaanálisis realizado sobre un muestreo de 1,5 millones de personas -también citado en el Informe Lancet- confirmó que uno de los agentes principales causantes de graves daños a la salud humana y al ambiente, está representado por las más de 16.000 substancias químicas que acompañan a los plásticos, tanto en el proceso productivo como en el acabado y posterior comercialización, uso y deshecho. Informes médico-sanitarios que han analizado los efectos de materiales plásticos en contacto con comida desvelaron que “el 40% de unas 3.700 sustancias químicas analizadas se liberan en los alimentos en determinadas circunstancias e influyen directamente en el metabolismo personal” y que “aproximadamente el 75% -esto es, unas 4.200 sustancias- son altamente peligrosas por sus efectos tóxicos, su persistencia, su bioacumulación y su movilidad”. Sin embargo, pese a estas evidencias, la alianza de la política con el capital, consigue que apenas se investigue y, menos aún, que se autorice y ejerza sobre estas substancias un verdadero escrutinio, información social, rigurosa vigilancia y retirada del mercado de las más peligrosas.

Además de la fabricación y uso cotidiano de los plásticos, también la gestión de los plásticos como residuos y materiales desechables, causan gravísimos problemas de salud humana y medioambientales. En primer lugar, el propio colectivo de trabajadores que faenan en el reciclaje también son grupos de especial riesgo. Según el Informe Lancet “Sea por su exposición a la quema de residuos o por clasificar plásticos de desecho que pueden estar contaminados con otros químicos tóxicos, los efectos reportados en la salud oscilan en una amalgama de cuadros que van, desde lesiones traumáticas y quemaduras, hasta enfermedades respiratorias, abortos espontáneos y cáncer … Una práctica particularmente peligrosa es la quema a cielo abierto de cables de ordenador recubiertos de PVC para recuperar cobre, lo que libera humo negro que contiene dioxinas, benceno y partículas finas en el aire”.

Es palmario que los participantes en el Encuentro de Ginebra eran, todos ellos, plenamente conocedores de lo que significará el fracaso de su reunión. Pues cada día que pasa se acumulan en sus despachos y ante sus ojos las pruebas indubitables y las evidencias inocultables de que vivir rodeados de plástico representa riesgos “graves y crecientes”, tanto para los humanos en todas las etapas de la vida como para el medio ambiente planetario en todos sus ámbitos: atmósfera, suelo terrestre-sedimentos fluviales y marinos y sistemas acuáticos.

Así pues, conocidas estas evidencias del daño derivado de un modelo de producción irracional del plástico, ajeno al interés social y bienestar colectivo, cada día más agresivo y extendido, ¿qué es lo que impide realmente su solución, sobre todo, cuando la tecnología y recursos de que actualmente se dispone podría resolverlo sin mayores contratiempos?

Sencillamente, lo impiden los intereses del empresariado del sector financiero y de la industria gasística y petrolera extractivas y petroquímica, operando siempre al unísono con los aparatos de poder estatales, que, en tanto que guardianes del orden económico mundial, disponen de los ejércitos y medios necesarios para imponer su voluntad y evitar ‘soluciones’ que, por más vidas que puedan salvar y producir un mayor bienestar colectivos, a ellos les puedan perjudicar en sus negocios y cerrarles el grifo de su inhumana actividad.

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