VII Época - 81

HACIA UN NUEVO CONGRESO CONFEDERAL

Sea congreso ordinario o extraordinario, no puede ser normal

En junio de 2022, la CGT celebró en Zaragoza su XIX Congreso. A partir de ahí, no podemos decir que las cosas hayan ido bien para la organización. Además de la permanente y creciente coflictividad interna, hay que destacar la progresiva disminución de nuestra presencia pública, la falta de iniciativas que no sean el sumarse a las de otros y, también, el retroceso de la representatividad sindical. No podemos decir que el futuro sea halagüeño para nuestras posiciones, salvo para el incomprensible -o interesado- optimismo de algunos.

La CGT de Galicia reclamó hace tiempo, y también recientemente, la convocatoria de un Congreso Extraordinario que afrontase la problemática interna, sobre todo la referida a las desfederaciones, inhabilitaciones y desvinculaciones decididas y ordenadas por diferentes secretariados de la organización; en definitiva, la necesidad de frenar el desangrado que nos consume y el tomar impulso, desde el reforzamiento ideológico, para hacer del anarcosindicalismo, de nuevo, un motor transformador y revalorizador de la clase trabajadora como fuerza social imprescindible. Sin embargo, teniendo en cuenta que faltan nueve meses escasos para que se cumplan los cuatro años estatutarios para el nuevo congreso ordinario, es de suponer que el Secretariado Permanente y el Secretario General no estén por la labor de convocar congreso extraordinario y que su horizonte sea la convocatoria del XX Congreso Confederal ordinario.

Sea como sea, esta convocatoria no puede suponer no abordar las cuestiones que están convirtiendo la organización en un permanente conflicto y en un  escenario de guerra de guerrillas entre facciones. No podemos esconder la cabeza bajo el ala.

El contenido del congreso

Sea extraordinario u ordinario, el congreso debe incluir en su Orden del Día, de una u otra forma, las cuestiones siguientes:

Posición de la CGT ante las inhabilitaciones, desfederaciones, desvinculaciones y, en general, sanciones a la afiliación, que se han producido desde el último congreso.

Análisis del comportamiento de distintos comités y secretariados de la organización, posiblemente extralimitados en sus funciones.

Interpretación de los distintos artículos de los Estatutos que han venido siendo de actualidad orgánica en los últimos tiempos.

En definitiva, el congreso debe solventar todas las cuestiones que nos han venido envenenando en los últimos cuatro años. Cualquier escamoteo al congreso de la discusión de esta problemática solo serviría para aplazar un enfrentamiento interno y una división orgánica cada vez más próxima.

Invitados al congreso

Ni que decir tiene que nadie puede ser vetado en el congreso. Los sindicatos y sectores afectados podrán asistir con todos los derechos a él (Transportes y Banca de Madrid, todos los sindicatos andaluces, etc.) e intervenir si fuera necesario, por supuesto. Esto, que debería estar claro e indiscutido por anticipado, concordaría con nuestra filosofía y nuestra naturaleza orgánica.

Debate en profundidad

Tendremos que fomentar el debate orgánico desde el primer momento. Para ello serían buenos los Cuadernos de Debate que, en otras ocasiones se usaron para otros congresos y que servirían para debates sobre el Orden del Día (no sobre los libros de ponencias) y que nos pondría en contacto a toda la afiliación y no solo a aquellos que estén organizados a través de determinadas ponencias y banderías. Estos Cuadernos se editarían periódicamente durante todo el período precongresual y servirían, fundamentalmente, para evidenciar qué cuestiones son las que preocupan de forma más perentoria a la militancia.

Una oportunidad que no debemos perder

El próximo congreso confederal es la última oportunidad que tenemos para enderezar la organización, para recuperar las señas de identidad libertarias y para que consigamos que los 115 años de lucha anarcosindicalista hayan merecido la pena. No podemos ir a ese congreso con los puntos rutinarios de “Acción social” y “Acción sindical”, como si no pasase nada en la CGT. Tenemos que volver a reafirmarnos en la acción y democracia directas, en la función simplemente coordinadora de los comités, en los secretariados no ejecutivos, en las decisiones de abajo arriba, en el pacto libre entre iguales, es decir, en las señas de identidad del anarcosindicalismo, sin atajos, sin jefes ni salvadores. Solo así podremos seguir adelante.

Por el contrario, si nos encontramos con un congreso rutinario, en el que se profundice de facto en la acción autoritaria de los comités, en que el anarcosindicalismo no sea más que palabrería hueca, en que se intente imponer unas posturas sobre otras con la ley del número, tendremos la escisión a las puertas. ¿Y qué hay mejor que un congreso para una escisión?

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