UN FEMINISMO PUNITIVISTA Y CENSOR
Anteproyecto de ley contra la violencia vicaria
Un importante sector del feminismo institucional -me atrevo a señalarlo como hegemónico en el movimiento feminista global-, al contacto con el poder político y la administración del estado, está fagocitando y, sobre todo, pervirtiendo todo aquello que hasta hace bien poco venía defendiendo el movimiento originario en defensa de la mujer y la emancipación femenina, que nunca fue, ni histórica ni doctrinariamente, exclusivamente femenino.
Este martes, 30 de septiembre, el Consejo de Ministros ha aprobado el “Anteproyecto de ley contra la violencia vicaria”, definida como “aquella violencia que se ejerce contra una persona (mujer, en la gran mayoría de los casos) por su pareja o expareja a través de persona interpuesta’ como hijos menores o mayores con discapacidad, familiares directos o las actuales parejas de las víctimas.
En el Anteproyecto, reafirmándose en la doctrina feminista-punitivista y carcelaria que defiende la posibilidad de resolver este tipo de agresiones y violencias, no solo modificando el artículo 173 bis del Código Penal para agravar las penas cuando concurra el delito de ‘violencia vicaria’, si no, además, ‘prohibiendo al victimario publicar en cualquier medio informaciones que puedan causar más dolor a la víctima’, de modo que no pueda el criminal, una vez sentenciado, pronunciarse o siquiera testimoniar sobre su conducta y, sobre todo, evitar que ese testimonio pueda ser investigado, comentado, criticado, analizado, interpretado o señalado.
Defienden los promotores de este Anteproyecto que esta “censura” tiene como justificación el proteger a las mujeres, para que no ‘revivan’ lo sufrido en el momento trágico en que fueron víctimas de violencia vicaria y/o durante el proceso penal, en que fueron parte acusadora. Es lo que en la jerga jurídico-publicista ya instalada como doctrina oficial del régimen, suelen nombrar como ‘revictimización’, al sufrir la persona un daño psicológico impuesto, ya no mera prolongación de la herida sufrida por la muerte de sus familiares inocentes de toda culpa. En apariencia, la norma buscaría simplemente impedir la instrumentalización y exhibición lingüista del delito cometido como una forma de revictimización, ahora ya no a cargo únicamente del criminal, sino de los investigadores, autores literarios, publicistas o medios que reproducen, parcial o globalmente, apostillándolo o no, su testimonio.
En este planteamiento, la víctima de un suceso cruel, habrá de ser considerada y estimada por Ley, social y jurídicamente, por siempre rehén de aquél día aciago. Y, en consecuencia, la mera palabra del condenado habrá de ser considerada un delito punible (al menos durante 20 años, a juicio del juez), caso de difundirse por cualquier procedimiento y en cualquier contexto o género literario, de los muros de su mente y celda en que ha de permanecer prisionero.
Negar la voz a los sentenciados por un Tribunal de Justicia -sean en verdad culpables o resulten ser inocentes- impidiendo incluso su representación simbólica o literaria, es, sencillamente, un acto de poder y violencia, cuya consecuencia inmediata no es otra que la entronización de la tiranía y el autoritarismo. Es una señal más, otro espacio más que gana el neofascismo estatalista que se nos viene encima, liberticida y legalista.
No somos pocos los que conocemos, hemos leído y admirado, dos obras literarias extraordinarias, las “Medea” de Eurípides y Séneca, en las que se escenifica el más famoso caso de violencia vicaria. En este caso, la asesina Medea, matadora de sus hijos con Jasón. ¿Aceptaríamos sin más, que se censuraran estas obras magistrales y esclarecedoras, ante la demanda judicial de un Jasón doliente?
Sin embargo, la ministra anunciadora del Anteproyecto, argumentó en favor de su iniciativa censora: “No se puede dar voz a los asesinos, no se puede dar voz a quien ha quitado la vida a sus hijos. Una sociedad democrática como la española no lo puede consentir”. Bien dicho. A partir de que la nueva ley sea aprobada, ya no se podrá en España, por ejemplo, dar voz a los genocidas, asesinos de niños y ejecutores de violencia vicaria en su más contundente y precisa expresión. Así pues, aunque sea adelantándonos un poco a la proclamación de la norma en el BOE, reclamemos que las palabras de Trump, Netanyahu, Von der Layen … sean retiradas de todas las publicaciones, radios y televisiones, pues nada más oírlas, millones de personas revivirán el exterminio de cientos de miles de sus hijos, familiares y vecinos.