ALGO ES ALGO… PERO ¿CUÁNTO FALTA AÚN?
Poco después de finalizado el XIX Congreso, celebrado en Zaragoza, la autodenominada “CGT de todas” inició una campaña, continuada en el tiempo, con el objetivo de convencer a toda la organización de que todo iba bien y que el único problema interno reseñable era que los “perdedores” del Congreso obstaculizaban e incluso saboteaban el quehacer del nuevo SP confederal, elegido en dicho Congreso.
A ello se refiere el artículo del compañero Germinal Cerván publicado en el número 9 de esta VII época de La Campana (16.10.2023) titulado “La CGT no es un trofeo”, en el que señala los numerosos y graves problemas que vienen acaeciendo en la organización (comportamiento antiorgánico de la territorial de Madrid-Castilla la Mancha-Extremadura que culminó con la desfederación del Sindicato de Transportes de Madrid, incumplimiento del acuerdo de la Plenaria de Zaragoza con respecto a las inhabilitaciones de cargos del citado sindicato, la negativa a convocar plenaria extraordinaria del Comité Confederal promovida por más de 1/3 de sus miembros, negativa reiterada a incluir en las plenarias del Comité Confederal puntos del Orden del Día solicitados por la Confederación de Galicia, etc. etc.) sin que tuviesen nada que ver con la “tarea obstaculizadora” que, según “la CGT de todas” realizan aquellos a los que considera “perdedores” del Congreso. Y, pasado el tiempo, podemos constatar la congruencia que existe para quienes tienen una concepción autoritaria de la organización al considerarse “ganadores” del Congreso por salir elegida su candidatura al SP, ya que lo más importante para ellos es conseguir el “puesto de mando”.
Transcurridos más de dos años, ya está suficientemente aclarado y constatado que la autodenominada “CGT de todas”, independientemente de cuales fuesen sus iniciales propósitos, ha devenido en una banda (y no precisamente de rock) cuyo objetivo es conseguir el control de la CGT para imponerle una deriva hacia otro modelo de organización, jerarquizado y autoritario, donde las decisiones se tomen de arriba para abajo.
Para ello ha contado con la necesaria colaboración de una mayoría (en votos) del Comité Confederal que, con una actitud silente y de servidumbre hacia el SP, ha venido ratificando todas las cacicadas y vulneraciones estatutarias emprendidas por el secretario general, Miguel Fadrique, y “su” SP.
Durante este tiempo han venido acaeciendo, al mismo tiempo, en la organización dos historias en las que, de manera meridianamente clara, se ponen de manifiesto tanto el inaudito cinismo de este secretario general y “su” SP como el objetivo que persiguen. Una es la decisión de imponer como secretaria general de Andalucía a una compañera en flagrante vulneración de lo mandatado por el artículo 32 de los estatutos confederales; la otra es la historia de la obstinación en “domeñar” al Sector Federal Ferroviario (SFF-CGT). Veamos.
El secretario general, Fadrique, y “su” SP intentan, en primer lugar, imponer en el SFF-CGT un SP dócil en un comicio “impuesto desde arriba”, pero su candidatura resulta ampliamente superada. Luego impulsan y avalan, con la connivencia del sp de la Fetap, la constitución de las Secciones Sindicales Estatales de Adif y de Renfe con la pretensión de presentarlas en las empresas como las únicas y legítimas representantes de la CGT, maniobra que, otra vez, les fracasa al no hacerles ni caso la patronal. En su obseso empecinamiento decretan la “desvinculación” del SFF-CGT de la CGT negándoles el derecho a utilizar las siglas CGT; deciden echarlos fuera, pero… otra vez fracasan al toparse con una sentencia de la Audiencia Nacional. “Inasequibles al desaliento y firme el ademán” realizan un último (por ahora) intento para lograrlo: obtener la complicidad del Comité Confederal y lo incluyen en el punto 7 del orden del día de la Plenaria a celebrar el 21 de octubre: “Aplicación de los artículos 9 y 25 de los estatutos confederales”.
Para este pretendido “triunfo definitivo” cuentan con su cinismo manipulando y retorciendo los estatutos de la CGT y con la mayoría de actitud silente y de servidumbre del Comité Confederal, a la que ya estaban acostumbrados.
Intentan confundir mezclando la “estructura orgánica” (artículo 9) con el “funcionamiento de las Federaciones Sectoriales”, donde el artículo 25 contempla la posibilidad de constituir Secciones Sindicales Estatales y Sindicatos Federales “para el trabajo organizativo y de coordinación en su empresa y la defensa de los intereses laborales concretos”.
Anuncian su decisión de que el SP va a hacer cumplir su interpretación de los estatutos, usurpando esta competencia exclusiva del Comité Confederal, pero (sabedores de esto) dicen: “No obstante, llevamos este punto a plenaria porque queremos conocer la opinión del Comité Confederal y de toda la organización, para que, una vez celebrada la plenaria…”
Pero esta vez, en esta Plenaria del 21 de octubre y en el punto 7 de su Orden del Dia, esa mayoría de actitud silente y de servidumbre del Comité Confederal se convirtió en una clara minoría y, por mayoría bastante, el Comité Confederal hizo propias sus competencias estatutarias e impidió la tremenda cacicada del secretario general, Miguel Fadrique y “su” SP. Y… ¡algo es algo!, ¡claro que sí!
Sin embargo, en esa misma Plenaria volvió a ser mayoría la de la actitud silente y de servidumbre al acatar la negativa a incluir en su orden del día los puntos propuestos por la Confederación de Galicia, especialmente el titulado “Aplicación por el SP y Comité Confederal de la CGT del Art. 32, apartados e) y f) de los Estatutos de la CGT a la compañera elegida como Secretaria General de Andalucía, participante en una candidatura política, en la que el mandato de sus electos continúa vigente.”
El artículo 32 dice literalmente en su apartado e: “En el caso de que la participación en candidaturas políticas afecte a cargos de la Organización, deberán presentar la dimisión, no pudiendo desempeñar cargos en la CGT mientras dure el mandato al que se presentó.”
Presentarse en una candidatura política, no es pretender formar parte de la junta directiva de la asociación de vecinos, de la comisión de fiestas del barrio, de tal o cual asociación cultural, deportiva… Presentarse en una candidatura política es aspirar a un puesto en órganos de poder del estado (sea diputado, sea concejal…) y es hacerlo públicamente, lo que conlleva defender y afirmar en público la bondad de una institución organizada jerárquica y autoritariamente (donde se toman las decisiones de arriba abajo) y su utilidad para conseguir una sociedad mejor.
Esto entra en flagrante contradicción con una organización “que se define anarcosindicalista, y por tanto: de clase, autónoma, autogestionaria, federalista, internacionalista y libertaria”, que se propone “La emancipación de los trabajadores y trabajadoras, mediante la conquista, por sí, de los medios de producción, distribución y consumo, y la consecución de una sociedad libertaria” y que “tanto en la adopción de acuerdos como en la elección de sus órganos de coordinación, representación y gestión, se regirá por principios de democracia directa”. Si mantener, en público y al mismo tiempo, ambas posiciones es inasumible para cualquier persona honesta, resulta absolutamente desastroso para la credibilidad de una organización como la CGT. Claro que quien se presenta una vez puede no volver a presentarse más, por eso no tiene sentido mantener la prevención más allá de la duración de ese mandato.
Solamente la suma de un enorme cinismo con una notable mediocridad mental puede pretender que con la presentación de un escrito renunciando a ocupar el puesto para el que se presentó ya se supera esa contradicción, ya se cumple con lo mandatado por el artículo 32 de nuestros estatutos.
Por esto me pregunto cuánto falta aún para conseguir que, ciertamente, la CGT se rija “por principios de democracia directa”, que sea cierto que en la CGT no hay comités ejecutivos con capacidad decisoria, que no hay jefes y subordinados… de lo que tanto presumimos hacia fuera, ocultando que ocurre “adentro”. Ni va a ser fácil conseguirlo, ni vale cualquier manera para lograrlo, por más necesario que sea, que sí lo es.
En el ya citado número 9 de esta VII época de La Campana, el compañero Rodicio de Lugo firmaba un artículo titulado “Ni perdedores ni ganadores. ¡Contra el poder!” en el que denostaba la confrontación entre grupos organizados y reclamaba la implicación de la afiliación para recuperar su protagonismo e impedir que fuesen los sp’s quienes decidieran en su nombre.
Eso me trae a la memoria la historia de los “paralelos” a finales de los años 70, llamados así porque se reunían en paralelo a la estructura orgánica de la CNT para adoptar acuerdos que, luego, cada quien intentaría imponerlo en su sindicato. No tardé en observar que quienes denunciaban con más ardor este paralelismo, también se reunían al margen de la organización, aunque eso sí, con el aval del exilio (custodio de la “esencia ideológica” de la CNT) lo que parecía conceder bula. Y llegó el tristemente célebre V Congreso de diciembre de 1979 que provocó la escisión de la CNT en dos organizaciones a lo largo de 1980.
No hace mucho que acudí a una reunión orgánica a la que también fue por primera vez un compañero que se presentó a sí mismo diciendo: “Eu son dun clan, pero teño principios”. El compañero no sabía, o pretendía no saber, que el primer principio de cualquier clan es el de pertenencia al clan y que este se impone a todos los demás principios que pudiese tener cualquiera de sus componentes. El muchacho no había leído a Ricardo Mella: “No se asocia el que no es libre, se somete”.
Recientemente he escuchado (o leído, no estoy seguro) algo muy cercano a “si una territorial afín vota en contra, pocas ganas quedan para seguir luchando”, remachado por una exigencia de lealtad “de grupo” (de ¿familia?). Y así no es.
Vuelvo a leer a Ricardo Mella, a quien acabamos de rendir homenaje en el cementerio de Pereiró (Vigo) por el centenario de su fallecimiento, “el pacto entre seres iguales y libres resuelve la antinomia consagrando la independencia y realizando la solidaridad”. Y es esta la única forma congruente de lograrlo, con el protagonismo de las asambleas de los sindicatos, los únicos entes de la CGT que son iguales y que, siendo libres, pueden construir el pacto federal que conforma la confederación de sindicatos que, según el artículo 9 de nuestros estatutos, es la CGT.
Y no queda otra que seguir intentándolo, porque “la lucha es el único camino” como nos gusta decir hacia afuera y que debemos y necesitamos ejercer adentro.