VII Época - 86

CONTINÚA EL DESTROZO DE LA CGT

Proponen que el Pleno Federal de la FETAP admita en su seno a trabajadores ferroviarios

¿Ferroviarios en Administración Pública?

Esencialmente ese es el contenido de una ponencia presentada para el Orden del Día del Pleno de la FETAP que se celebrará en Lleida a finales de este mes de noviembre. Se propone que el Pleno “…apruebe ratificar la integración en FETAP de las Secciones Sindicales Estatales de las entidades públicas empresariales RENFE Y ADIF y, en consecuencia, dar finalmente carácter DEFINITIVO a dicha integración…”. Por lo que ahora sabemos, en mayo se aprobó esta integración provisionalmente y en este mes se le quiere dar carácter permanente a la misma. Pero, claro, hay problemas que no se resuelven con la facilidad con que los despachan los ponentes, como veremos a continuación.

Los Estatutos generales de la CGT dicen lo siguiente en su artículo 23: “Las Federaciones Sectoriales o de Ramo tendrán una estructura similar a la de la CGT, que en ningún caso irá en contradicción con la normativa general y demás acuerdos de la Confederación General del Trabajo. Dichas Federaciones se estructurarán en los ramos de producción o servicio que a continuación se relacionan:

· Administración Pública. …

· Transportes y Comunicaciones. …”

Está claro, según los Estatutos de la CGT, que los sectores de Administración Pública y de Transportes y Comunicaciones son distintos y que, por ello mismo, los trabajadores de cada uno de los sectores deberán estar encuadrados en su Federación Sectorial correspondiente sin ningún tipo de duda. No es posible, pues, que haya trabajadores del sector del transporte -y nadie en sus cabales osará defender que los compañeros de RENFE y ADIF no son de este sector- que pertenezcan a la Federación Sectorial de Administración Pú-blica ni viceversa.

Sabemos que siempre han existido los trabajadores de sectores “fronterizos”, es decir, siempre ha habido dudas de si unos trabajadores concretos pertenecen a uno u otro sector, pero no es el caso. La afiliación de los compañeros ferroviarios de las empresas públicas está sobradamente consolidada históricamente dentro de la Federación de Transportes y solo podría plantearse el cambio a Administración Pública consultando a toda la organización a través de la vía de modificación de Estatutos en un Congreso o de la interpretación estatutaria, o sea, a través de la opinión de una Plenaria Confederal. La Federación de Administración Pública no puede acordarlo unilateralmente porque la decisión afecta a toda la organización, no solo a ella.

Se basa esta pretensión de integración en los propios Estatutos de la FETAP, argumentando que, al tratarse de una Entidad Pública Empresarial y estando estas entidades estatutariamente integradas en la FETAP, su pertenencia a la sectorial está plenamente justificada. Sin embargo, no tienen en cuenta los compañeros ponentes lo siguiente:

El que la FETAP así lo pueda determinar en sus Estatutos es completamente irrelevante, ya que estos no pueden contradecir lo expresado por los generales de la CGT, en los que se diferencian y crean los sectores de Administración Pública y de Transportes y Comunicaciones.

a) La FETAP no puede modificar unilateralmente los Estatutos de la CGT, sea formalmente o sea por la vía de los hechos, y lo hace al admitir en su seno trabajadores de otro sector, en este caso del transporte.

b) La FETAP solo puede aplicar los mencionados Estatutos de la CGT, en ningún caso interpretarlos ni modificarlos. La modificación solo compete a los congresos confederales y la interpretación a las plenarias del Comité Confederal de la CGT. Por lo tanto, la FETAP es totalmente incompetente para aprobar lo que se pretende

c) La propuesta, en los términos que está realizada, también podría acabar justificando que la afiliación de la enseñanza o sanidad públicas pasasen a integrarse en administración pública, lo cual sería un dislate similar al que ahora se pretende con los compañeros de transporte.

d) La propuesta, de aprobarse, dividirá de forma efectiva el sector, ya que dejaría las empresas privadas ferroviarias dentro de la federación del transporte y las públicas en la de administración pública, provocando una división y un debilitamiento sindical absolutamente nocivo para la clase obrera y en especial para los propios trabajadores ferroviarios. De esa misma manera, sería como si la sanidad pública se desvinculase de su federación sectorial de Sanidad, y lo mismo se hiciera con la enseñanza. Sean privadas o públicas, estos sectores no pueden, estatutariamente, estar repartidos en dos federaciones sectoriales distintas.

¿A qué viene este disparate?

Siendo meridiano que los trabajadores ferroviarios son trabajadores del sector del transporte y no de la administración pública, ¿qué justificación tiene este intento unilateral por parte de la FETAP? Por desgracia para la CGT, la explicación la hemos de buscar en el escenario de conflicto permanente provocado en la organización por la actitud y decisiones del compañero Fadrique y sus paniaguados, siempre proclives a la sumisión y a la satisfacción de sus deseos más perentorios, aunque hagan un daño irreparable a la organización.

Tenemos aquí que recordar el empecinamiento de nuestro secretario general en doblegar la actitud insumisa del Sector Federal Ferroviario, que no acepta su autoritarismo y sus decisiones contrarias a los principios y Estatutos confederales. Estas decisiones supusieron el intento fallido de que se nombrase un secretariado del ferroviario partidario de las “fadricadas”, la sanción a destacados compañeros del ferro-viario por hacer cumplir los Estatutos de la CGT y, más recientemente en la llamada “desvinculación” del SFF de la CGT, utilizando argumentos peregrinos y trileros. Entre otras maniobras, está la aceptación de la constitución de Secciones Sindicales Estatales paralelas al SFF en Renfe y en Adif, lo que supone una gravísima apuesta por la consolidación de una ruptura orgánica. Precisamente estas secciones son las que solicitaron el ingreso en la FETAP hace unos meses y a las que ahora se pretende darles entrada definitiva. Ni que decir tiene que esta artimaña no podría haber sido posible sin la participación cómplice del secretariado de la FETAP -siempre hay sumisos dispuestos a mirar hacia donde señala el jefe- ni la del propio secretario general, dispuesto a todo mientras consiga llevar a cabo sus fines, confundiendo estos, enfermizamente, con los intereses de la CGT.

No podemos consentir este nuevo ataque a la organización. El Comité Confederal debe asumir su papel y reclamar que estas decisiones pasen por la autorización de toda la CGT, en Plenaria Confederal y tras el debate de toda la organización. Ya sabemos que el compañero Fadrique y sus acólitos harán todo lo posible y usarán todo tipo de marrullerías para evitar el debate, dando por buena la idea de que el SP es el gobierno de la CGT y su secretario general, su presidente omnipotente. El representante de la CGT de todas cada vez lo es de menos y no le importa el daño inmenso que le está causando a la organización.

¿Y los demás qué podemos hacer? Lo que no es una alternativa es quedarse llorando por los rincones. Los entes de la CGT y, especialmente, los sindicatos y las territoriales no pueden aceptar impasibles decisiones que les afectan gravemente y para las que no han sido consultados. Tampoco es suficiente prepararse para el próximo congreso y limitarse a lanzarse a una conquista del poder para hacer lo mismo que está haciendo el secretario general y deshacer lo mal andado. No es nuestra organización un campo de batalla en el que todo se pueda dirimir a base de reunir coyunturalmente más fuerzas que el enemigo. Impugnar este acuerdo, que seguro que llegará a producirse, y hacer funcionar las plenarias, los mecanismos cotidianos de toma de decisiones, podrá enmendar la senda iniciada por los autoritarios, a los que es imprescindible alejar por simple salud orgánica. De nosotros depende.

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