POR LA REAGRUPACIÓN Y CONTRA LA RUPTURA
Llamamiento a la generosidad y sensatez de la militancia cegetista
He leído con mucho interés el artículo publicado por el compañero Rodrigo Vázquez Arias en el anterior número de La Campana, titulado O reagrupación o ruptura. En él dice, como consecuencia lógica de su descripción de la situación orgánica que “A este próximo XX Congreso de 2026, la CGT llegará con una importante conflictividad interna y con compañeras y compañeros fuera de la organización por decisiones antiestatutarias sobre las que el Congreso deberá decidir. Y, en mi opinión, solo tendrá dos alternativas posibles: o acuerda la reagrupación de toda la afiliación y militancia, anulando las decisiones cainitas de fraccionamiento de la CGT, o se pliega al desmedido interés mostrado por este SP confederal, consumando la ruptura y la escisión en dos de la organización.”
He de decir que estoy sustancialmente de acuerdo con lo expresado por el compañero en su texto. A primera vista parecería haber una tercera alternativa -que algunos defienden-, pero considero que no es ni viable ni deseable. Entre los opositores a Fadrique se está abriendo paso una idea que supondría, desde una visión revanchista, la única solución que algunos ven para el desastre actual de la organización. Y esa idea es la de ¡ganar el Congreso!, entendiendo como tal la conformación de una candidatura opuesta a la del actual secretario general -o sus adláteres, si tenemos en cuenta que aquel ha manifestado públicamente dudas sobre si repetir o no- que pudiera presentarse y superar a la “CGT de todas” en cuanto el número de apoyos en el próximo comicio.
Tengo para mí que esta tercera vía por si sola, de llegar a producirse, no nos solucionaría ningún problema a la CGT; más bien al contrario, el “ganar” el Congreso mediante una candidatura alternativa nos seguiría dejando a los pies de los caballos escisionadores, ya que “ganar” por un 55 a un 45 no supondría más que la prórroga de “perder” por un 55 a un 45, que es la situación actual. Simplemente, los mecanismos de poder estarían en manos de otros, pero no solventarían nada si la forma de funcionar es la misma que la presente. Además, es demasiado simplista pensar que quien se quede en exigua minoría acepte esta situación sin que su malestar se refleje orgánicamente y siga destruyendo la confederación.
La superación de la conflictividad interna actual solo puede hacerse desde la íntima voluntad de los protagonistas, militantes y sindicatos, de anteponer el sentido de organización a los pruritos personales y a las banderías. Para ello, es imprescindible, por parte de todos y todas, dejar a un lado las guerras de facciones y que dediquemos nuestros esfuerzos a sacar adelante la CGT, aunque sea a costa de algunas de nuestras posiciones personales. Por ello, considero indispensable que, ante el próximo Congreso confederal, hagamos todos un esfuerzo colectivo extraordinario y que nos pongamos de acuerdo en unas cuestiones mínimas que nos permitan salvar la organización, en primera instancia, y reforzarla en un futuro próximo. Estas cuestiones mínimas serían las siguientes:
- Es imprescindible que en el Congreso participe la mayor parte de la organización, incluidos todos aquellos que, desde el anterior comicio, han sido expulsados, desfederados, inhabilitados, des-vinculados, etc. Es el único modo en el que el debate se pueda tener de una forma serena y constructiva, llegando a acuerdos que sirvan para todo el mundo y evitando además que el Pleno del Congreso se convierta en una permanente jaula de grillos, unos reclamando la participación de todas y otras negándola, es decir, propagando nuevas semillas de rencor y enfrentamiento. La participación de todo el mundo debe estar clara desde el inicio de la primera sesión.
- El Orden del Día debe incluir una “Declaración de principios orgánicos” que sirvan como guía a esa organización que renace. Estos principios deben acoger las señas de identidad de nuestra CGT y establecerán, de forma clara y rotunda, cuestiones como la autonomía sindical, el federalismo, la condición no ejecutiva de los comités, la acción y democracia directas, es decir, todo aquello que nos une y nos pueda ayudar en la conformación de la identidad orgánica. Solo si tenemos claro qué tipo de organización queremos, podremos avanzar.
- Es imprescindible el debate orgánico. Desde que está en vigor el actual reglamento de funcionamiento de congresos, el debate está reducido a tediosas asambleas sindicales en la que unos pocos compañeros de prestigio o que ostentan cargos de responsabilidad orientan, en el mejor de los casos, al resto sobre las ponencias presentadas -ni siquiera se debate sobre el Orden del Día, sino sobre las ponencias- dejando de lado que aquellas son presentadas no se sabe muy bien por qué organismos (grupos de colegas, organizaciones específicas, incluso pudieran ser partidos políticos) mientras los sindicatos, que deberían ser los protagonistas de todo el proceso, se limitan a ser convidados de piedra que solo tienen voz para votar -otra vez las malditas votaciones- lo que otros proponen. En otras ocasiones se han habilitado mecanismos de debate como pudieran ser foros o cuadernos en los que la militancia -sin que grupos ni organizados ni desorganizados participen- intercambie sus pareceres sobe el Orden del Día y la organización en general y puedan ayudar a los sindicatos a adoptar sus criterios sin que estos grupos de presión mediaticen sus posiciones. Desde aquí, paso a proponer y reclamar la creación de dichos mecanismos de debate.
- La militancia debe intentar que los acuerdos congresuales alcancen el mayor consenso posible. No podemos con-formarnos con la simple reiteración de votaciones sin intentar que los acuerdos sean el resultado de la realidad orgánica, no en sus diferencias sino en lo que nos une. La CGT no gana nada si cada acuerdo supone dejar las espadas en alto para la próxima ocasión o si cada Congreso lo único que hace es delimitar facciones cada vez más enfrentadas.
No nos caracterizamos, y los lectores ya lo habrán comprobado a través de nuestros artículos en La Campana, por ser complacientes con las actuaciones orgánicas de nuestro secretario general, el compañero Fadrique. Suya es la responsabilidad del desastre en que ha sumido a la CGT, convirtiéndola en una organización dividida, con una notable pérdida en su proyección pública y uncida a los proyectos y planteamientos de otras organizaciones. Sabemos que su despotismo no ha hecho más que acentuarse con el paso del tiempo, tomando decisiones sin la participación del Comité Confederal y convirtiendo en enemigos a todos aquellos que denunciaban sus conductas. Sin embargo, no podemos llegar a la conclusión rápida y simplista de que su sustitución -o de sus acólitos- en los cargos de responsabilidad orgánicos es la solución que mágicamente resolverá todos nuestros problemas. No será solución si, al día siguiente del próximo Congreso, los cuchillos siguen llamando a degüello; si esto sucede, será responsabilidad de todas y ya no solo de Fadrique.
Vayamos pues, al próximo Congreso con espíritu abierto. Defendiendo la participación de toda la CGT en la construcción de su futuro, debatiendo el Orden del Día de forma amplia y generosa, adoptando acuerdos lo más consensuados posible y eligiendo un nuevo Secretariado Permanente que vuelva a ser lo que nunca debió dejar de ser: un organismo al servicio del Comité Confederal y, por lo tanto, de toda la organización, que someta a este las cuestiones de actualidad y que no se considere a si mismo un gobierno del sindicato.
No somos especialmente optimistas en cuanto a que todo esto pueda llevarse a cabo. Se ha venido exacerbando el cainismo desde los más altos cargos de responsabilidad, hecho que ha provocado su emulación desde algunas territoriales y sectoriales; el incumplimiento de los estatutos se consiente cuando no se fomenta sin que nadie ponga freno; la venganza es la salida que muchos ven a una situación desquiciante; la utilización de la justicia burguesa es la única solución que se ha dejado a muchos compañeros ante unos mecanismos orgánicos cegados y atascados; un desastre y con la CGT al borde de la ruptura. Sin embargo, conocemos la capacidad de la militancia, que se ha echado en otras ocasiones la organización al hombro y ha conseguido poner en su sitio a los salvadores del momento. Por ello, quizás, quizás, tengamos alguna oportunidad. De nuestra generosidad y sensatez dependerá.
