VII Época - 110

LA CÁRCEL, FÁBRICA DE SUICIDIOS

La abrumadora cifra porcentual de suicidios de personas ‘en libertad’ se multiplica por casi diez en el ámbito penitenciario

Sobre pocas instituciones políticas y administrativas se vierten mayor número de prejuicios, falsedades o burdas mentiras que sobre la cárcel. Todo ello, aparentemente justificado en el convencimiento generalizado de que, habiendo delitos y agravios -algunos de ellos indignantes en grado sumo y gravemente lesivos, tanto física como moralmente- sus autores merecen permanecer por años confinados entre sus muros. No sólo arrebatándole al responsable de sus actos el bien más preciado y el derecho más reivindicado que constituye y naturaliza al ser humano: su libertad, sino también, en nombre de la ‘seguridad y la disciplina coactiva que ha de imperar en toda institución social contra natura’ (p.ej. la cárcel, la esclavitud, el ejército, la guerra, la desigualdad, la jerarquía, etc, etc), sometiéndole 24 horas al día a vigilancia, coacciones y normas de sumisión, en verdad y para muchas personas, del todo insufribles.

Esto es lo que ha puesto de relieve un reciente informe de Instituciones Penitenciarias, dependiente del Ministerio del Interior. En medio de una indiferencia social y política generalizada, el sistema penitenciario español ha derivado en los últimos años (probablemente desde siempre) en una funesta maquinaria productora de suicidios de presos, alcanzando cifras que, a no dudarlo, deben ser calificadas como criminales, por más que amparadas y declaradas impunes por la propia Ley que las promueve.

Un primer dato, destaca en el Informe. Mientras que la tasa anual de suicidios se sitúa en España en 8 casos por cada 10.000 habitantes, entre la población reclusa la tasa anual, en el último quinquenio, resulta entre siete y diez veces mayor, sobre una población carcelaria de 59.226 personas (2024).

El análisis hace un perfil tipo de los 29 internos que se quitaron la vida en 2025: varón ―solo se suicidó una mujer―, español, entre 36 y 55 años, sin pareja, con bajo nivel formativo, que se encuentra cumpliendo una condena elevada. Y destaca que el ahorcamiento fue el sistema utilizado en el 96% de los casos, y la celda, el lugar elegido en todos cuando se produjo dentro de prisión. Además, se señala que los delitos de robos (mayoritariamente ‘robagallinas’) siguen siendo los más frecuentes entre los reclusos que se suicidaron en 2025, con 12 casos, seguido de los que han cometido violencia de género, con siete. Entre ambos, representan el 65,5% de los casos, en línea con porcentajes registrados en años anteriores.

La abrumadora cifra de los suicidios deja un rastro de inestimable dolor tras de sí, que apunta a su consideración como un problema prioritario de salud pública de orden mundial. Así, la Organización Mundial de la Salud, estima que cada año más de 700.000 personas mueren por suicidio (9,2 suicidios por cada 100.000 habitantes), por más que se estima que los intentos de suicidio podrían multiplicar por 10 o 20 el número de suicidios consumados.

España no es una excepción al respecto. En 2021, en España, tuvieron lugar un total de 4.003 muertes por suicidio (8,4 por cada 100.000 habitantes) de los cuales 2.982 (12,8/100.000) fueron hombres y 1.021 (4,2/100.000 fueron mujeres). En 2022 se produjeron 4.227 muertes por suicidio, lo que significa que en nuestro país se suicidan una media de 11 personas al día (Instituto Nacional de Estadística, 2022).

¿Qué ocurrió en las cárceles? El fenómeno del suicidio afecta con especial virulencia a la población reclusa. Según datos ofrecidos por el Ministerio del Interior, en el año 2020 uno de cada cuatro fallecimientos que se produjo en las prisiones fue por suicidio (de 204 muertes, 51 resultaron como consecuencia de una conducta suicida). Las mismas funestas cifras se produjeron en 2022, cuando el 28% de las muertes que se produjeron en centros penitenciarios del Estado fueron suicidios.

La evidencia apunta a que en la cárcel se provoca una exacerbación -insistimos ‘criminal’, por procedimientos de todos conocidos y previstos en la normativa penitenciaria- de los factores que llevan al suicidio a tan alto número de reclusos, todas y cada una de ellas víctimas, a menudo desesperanzadas, de necesidades psicológicas y sociales que les destinan a darse muerte. Llegando a ejecutar con tamaña frecuencia el suicidio, pese a estar sometido a una constante supervisión y vigilancia por sus carceleros, que, en teoría, deberían esmerarse al menos en la aplicación de la Ley Orgánica 1/1979 que ‘impone’ a la Administración Penitenciaria la “obligación de velar por la vida, integridad y salud de los internos” y “reducir al máximo los efectos nocivos del internamiento”.

Rudo Cuñar (CGT Pontevedra)

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