VII Época - 45

CLAUDIO RODRÍGUEZ

(1934, Zamora – 1999, Madrid)

Claudio Rodríguez cumple su pubertad y adolescencia en la dramática postguerra de los años 40. Aún con la dictadura militar franquista ensañándose con todos aquellos que se le oponen a golpes de asesinato, prisión y tortura impunes, Claudio Rodríguez, con 22 años, se incorpora a la clandestinidad antifranquista. Hasta la muerte del dictador mantendrá tenazmente su oposición al régimen, unas veces con acciones clandestinas, otras con el mayor valor de la palabra libre y honesta, que, finalmente, no se vende. Después, la vida siguió y con ella, pese a todo y contra todo, como siempre, en el verdadero valor rige la alegría y no la voluntad de quienes, habiéndonos derrotado, aspiran a vernos domados

LO QUE NO ES SUEÑO

Déjame que te hable en esta hora
de dolor, con alegres
palabras. Ya se sabe
que el escorpión, la sanguijuela, el piojo,
curan a veces. Pero tú oye, déjame
decirte que, a pesar
de tanta vida deplorable, sí,
a pesar y aun ahora
que estamos en derrota, nunca en doma,
el dolor es la nube,
la alegría, el espacio;
el dolor es el huésped,
la alegría, la casa.
Que el dolor es la miel,
símbolo de la muerte, y la alegría
es agria, seca, nueva,
lo único que tiene
verdadero sentido.
Déjame que, con vieja
sabiduría, diga:
a pesar, a pesar
de todos los pesares
y aunque sea muy dolorosa, y aunque
sea a veces inmunda, siempre, siempre
la más honda verdad es la alegría.
La que de un río turbio
hace aguas limpias,
la que hace que te diga
estas palabras tan indignas ahora,
la que nos llega como
llega la noche y llega la mañana,
como llega a la orilla
la ola:
irremediablemente.

Encontramos este poema, integrado en “Poesía completa (1953-1991)” de Claudio Rodríguez, en la colección “Nuevos textos sagrados” de la Editorial Fábula Tusquets, Barcelona 2001

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