SUGARCANE
Año: 2024
Duración: 107 min.
País: Estados Unidos, Canadá
Dirección: Emily Kassie, Julian Brave NoiseCat
Reparto: Documental
Música: Mali Obomsawin
Fotografía: Emily Kassie, Christopher LaMarca
En 1894 se abrieron en Canadá las primeras escuelas en las que se internaba a la fuerza a los niños indígenas. Ya no se les permitía hablar su lengua, tenían que adoptar la fe cristiana y se les enseñaba a avergonzarse de sus orígenes. La cineasta Emily Kassie se centra en la historia de la misión canadiense de San José, cerca de Williams Lake (Columbia Británica). La película presenta a Julian Brave NoiseCat, cuyo padre, Ed Archie NoiseCat, nació en el internado de la misión. Para padre e hijo, es un viaje de reconciliación con lo que San José le hizo al padre. El destino de Ed Archie NoiseCat es especialmente extraño, pero ninguno de los destinos de Sugarcane tiene nada de normal o comprensible. Todos son crueles e imperdonables.
En todas las escuelas, los niños indígenas eran golpeados, torturados, violados y a menudo asesinados por sacerdotes y monjas católicos para su reeducación. El descubrimiento de 200 tumbas sin nombre en otra escuela lleva finalmente a dos investigadoras a Williams Lake. Consiguen incluso poner al teléfono a uno de los últimos sacerdotes de la misión, con un desenlace previsible. Sugarcane es una de esas películas que siempre dan ganas de gritar de rabia a la pantalla. Pero Kassie y NoiseCat no se proponen manipular emocionalmente de forma deliberada, se mantienen sorprendentemente tranquilos en su narración y se niegan a provocar emociones.
Sin embargo, es imposible no indignarse ante los numerosos detalles, los diferentes incidentes y efectos que los cineastas presentan poco a poco al espectador. Está Willie Sellars, jefe de la Primera Nación de Williams Lake, que se esfuerza por lograr el esclarecimiento de los hechos y que se haga justicia, pero también intenta mantener la Reserva Sugarcane en paz. Su predecesor es el jefe Rick Gilbert, antiguo alumno de la misión que ha conservado su fe en Dios a pesar de todo. Se enfrenta a una dolorosa realidad que no le sorprende, pero que al principio se niega a aceptar.
Se ven grupos de autoayuda de antiguos alumnos. Vidas viejas y desgastadas que empezaron a beber como consecuencia de abusos y violaciones en la infancia y no han podido dejar el hábito durante el resto de su vida. Mientras tanto, se identifican 50 tumbas sin nombre en los terrenos de la misión utilizando un radar de penetración terrestre. Sin embargo, Emily Kassie y Julian Brave NoiseCat demuestran una asombrosa capacidad para no desperdiciar su película en una mera enumeración de atrocidades y hallazgos espantosos. Sugarcane es el retrato de un trauma colectivo, de sus diversos efectos en los supervivientes y de los arduos viajes emocionales que deben emprender individualmente.
La película no se basa en la cuestión de la culpabilidad ni en los resultados de la investigación, ni tampoco en la posible perspectiva de una indemnización. Son aspectos que surgen del propio tema, pero no son lo esencial de la película. La conmovedora película de Emily Kassie y Julian Brave NoiseCat se centra en su gente, en su durísimo viaje de procesamiento, superación y a veces incluso curación.
