FLOW, UN MUNDO QUE SALVAR
Año: 2024
Duración: 83 min.
País: Letonia
Dirección: Gints Zilbalodis
Guion: Matiss Kaza, Gints Zilbalodis
Reparto: Animación
Música: Rihards Zalupe, Gints Zilbalodis
Fotografía: Animación, Gints Zilbalodis
¿ Cómo sería el mundo sin nosotros, los humanos? En su apasionante, devastador y a la vez reconfortante libro de no ficción El mundo sin nosotros, de 2007, el autor Alan Weisman dibuja hipotéticamente un mundo en el que los humanos habríamos desaparecido de un día para otro. ¿Qué cambios podríamos observar, qué pasaría con todas las pruebas de la civilización humana, las casas, las ciudades, los demás legados como los plásticos que hemos dejado a la tierra como pesada herencia? En aquel momento, hacía tiempo que se habían reconocido las líneas básicas del inminente cambio climático (al menos por parte de algunos) y el libro no ha hecho más que ganar relevancia desde entonces.
La fascinante película de animación Flow, del director letón Gints Zilbalodis, puede leerse sin duda como una ilustración de pensamientos sobre la Tierra sin seres humanos, por un lado, y las consecuencias del cambio climático, por otro, aunque la película no lo diga tan claramente. Con su película de 85 minutos, Zilbalodis continúa su propio cortometraje de animación Aqua de 2012 y muestra a un gato negro primero a través de un bosque de cuento de hadas y luego huyendo de una repentina inundación de proporciones gigantescas.
La perspectiva de la película es fascinante. Desde el principio, se pone a la altura del gato sin nombre, siguiéndolo en todo momento mientras acecha por el bosque, mostrando su curiosidad, su instinto de caza, su miedo y su asombro, acercándonos al animal con todos sus rasgos de carácter entrañables, sin que sepamos demasiado sobre su historia, sus orígenes y lo que ocurrió antes. Poco antes de que la marea rompa el entorno aparentemente paradisíaco, vemos una finca abandonada que perteneció a un escultor cuyas obras dan testimonio de su amor por los gatos y otros animales. Solo podemos especular si el gatito solía vivir aquí. En cualquier caso, el animal parece familiarizado con el entorno, antaño vivo y animado, que ahora parece abandonado.
Es en este lugar donde pronto aparecen los primeros signos de lo que amenaza a la región: al principio el agua sube lentamente, hasta que finalmente un diluvio arrolla todo a su paso y arrastra al felino hacia su incierto destino. Milagrosamente, sobrevive al maremoto y acaba en un barco, donde tiene que formar equipo con un perro, un capibara y un lémur para superar los diversos peligros. Es el comienzo de una odisea que puede compararse con la saga de Homero.
Afortunadamente, no hay ni rastro de la humanización de la fauna tan habitual en este tipo de producciones. En cuanto a la animación, la película no pretende competir con el nivel de Pixar y otros estudios estadounidenses, sino que sigue su propio camino, que recuerda un poco al diseño de los juegos de ordenador de antaño. Sin embargo, Flow consigue que el espectador se identifique con los personajes con un diseño gráfico de gran belleza, minimalista pero muy eficaz. A lo largo de la película, también se percibe la fascinación de Zilbalodis por el agua en todas sus formas y estados, desde las suaves gotas y los lentos goteos hasta la fuerza elemental de los maremotos.
Aunque las personas no desempeñan ningún papel en Flow, no se pueden ni se deben pasar por alto los paralelismos y los mensajes que esta película proporciona de forma totalmente no pedagógica y discreta. Para resistir a una catástrofe como el gigantesco maremoto y la inundación resultante, es necesaria la solidaridad incondicional de todos los seres vivos, a pesar de sus muy diferentes modos de vida y rasgos de carácter. Solo así podrá la humanidad desafiar los peligros de una naturaleza desatada y garantizar la supervivencia mutua. Es hora de comprenderlo y actuar en consecuencia.
