VII Época - 86

LUCHA DE CLASES

Título original: La lutte des classes

Año: 2019

Duración: 103 min

País: Francia

Dirección: Michel Leclerc

Guion: Baya Kasmi, Michel Leclerc

Reparto: Edouard Baer, Ramzy Bedia, Claudia Tagbo, Maud Wyler, Eye Haïdara, Leïla Bekhti, Baya Kasmi, Laurent Capelluto, Sébastien Chassagne, Jacques Boudet

Fotografía: Alexis Kavyrchine

Las películas del director francés Michel Leclerc se caracterizan por examinar las convicciones de una izquierda decadente de manera burlona, pero siempre benévola, componiendo microcosmos que, por extravagantes que sean, siempre suenan acertados.

En Lucha de clases, aborda la oposición cada vez mayor entre «dos escuelas»: la de los «ricos» y la de los «pobres». Cuando Sofía y Paul se mudan a una pequeña casa en las afueras, se enfrentan a un gran problema: todos los amigos de su hijo abandonan la escuela pública para ir a una institución católica. Cuando Corentin empieza a poner pegas para ir al colegio, la pareja, firmemente comprometida con los valores de la escuela republicana, ve cómo se desmoronan sus certezas. Todos sufrirán los tormentos de la «lucha de clases».

La comedia de Michel Leclerc se burla de las paradojas de la izquierda. Paul, músico punk-rock y anarquista, es reacio a cualquier idea de éxito social o aburguesamiento, pero se enfrentará a una realidad que hasta entonces ignoraba: ha pasado al bando de los burgueses. La evolución de la sociedad lo ha alejado poco a poco del revolucionario que escupía a los ricos en sus textos incendiarios.

En cuanto a Sofía, una brillante abogada de origen magrebí que ha ascendido socialmente, le cuesta aceptar la idea de que su hijo pueda ser percibido como un «blanquito». Michel Leclerc se burla amablemente de las contradicciones de sus personajes y los hace discutir sobre los dos fundamentos de la izquierda: la defensa de las minorías (a través de Sofía) y la lucha contra la autoridad y la moral (a través de Paul).

Lo que también señala el director es una sociedad dominada con demasiada frecuencia por el miedo. Luego está el miedo al fracaso, el miedo al otro, representado por esos padres angustiados por el futuro de sus hijos, convencidos de que la escuela pública del barrio es un obstáculo, un riesgo. La maestra ya no se atreve a utilizar ciertas palabras. Hay que suavizarlo todo, edulcorarlo todo, por miedo a preocupar a los niños. Y cuanto más avanza la película, más miedo tienen Sofía y Paul por su hijo, miedo a tener que cambiar de bando.

Michel Leclerc consigue abordar temas delicados con extrema ligereza. Se permite hacer buenas caricaturas sin caer nunca en la estigmatización, sacando su fuerza de la exageración de los rasgos más que de la búsqueda de lo ridículo. Mezcla las angustias de nuestra sociedad y busca menos encontrar respuestas que cuestionarlas. ¿Tenemos motivos para tener miedo? ¿Son todos estos temores reales o son solo fantasías?

El director se pregunta sobre el futuro de la escuela pública y las tensiones comunitarias. ¿Están a punto de desaparecer los ideales de igualdad tan queridos por las generaciones anteriores? Para el cineasta, no hay duda: la escuela pública es una riqueza. Es un lugar de mezcla, la posibilidad de confrontar a personas que no se parecen entre sí. Pero, aunque Michel Leclerc defiende esta mezcla social y teme una sociedad en la que cada uno permanece encerrado en su condición bien establecida, no ignora los desacuerdos que todo ello genera.

Lucha de clases se ve como una comedia entretenida que, sin embargo, invita a la reflexión. La religión, el uso del velo, el acoso escolar son algunos de los temas que el cineasta se atreve a abordar. Provocador, pero nunca moralista, Michel Leclerc multiplica los puntos de vista y no juzga ninguno. Huyendo de cualquier visión maniquea, nos ofrece una obra que divierte, provoca y conmueve.

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