FUEGO EN EL MAR
Año: 2016
Duración: 108 min.
País: Italia
Dirección: Gianfranco Rosi
Guion: Gianfranco Rosi
Reparto: Documental
Música: Stefano Grosso
Fotografía: Gianfranco Rosi
En los últimos años se ha hablado mucho de Lampedusa, una minúscula isla, de apenas veinte kilómetros cuadrados, que se encuentra más o menos a medio camino entre Europa y el norte de África y es el punto de destino de decenas de embarcaciones de refugiados, repletas de africanos y asiáticos llenos de esperanza que se dirigen hacia una vida mejor. Para la mayoría, Lampedusa es una parada intermedia, pero para demasiados de ellos, por desgracia, también es la última parada. En los últimos años cientos de miles de personas han realizado la peligrosísima travesía y al menos 20.000 han pagado con su vida. El documentalista Francesco Rosi pone a su público ante la cruda realidad con la película Fuego en el mar (2016). En un principio, su intención era realizar un breve documental de unos diez minutos sobre Lampedusa y sus habitantes, como contrapunto a todas esas tristes noticias con las que la isla acapara la atención pública. Pero una vez en la isla, se dio cuenta de que era imposible resumir la complejidad de la isla y de su gente en tan solo unos minutos, así que decidió quedarse nada menos que un año, para acabar realizando una película de casi dos horas de duración. Rosi no quería, como hacen todos esos otros equipos de rodaje que visitan Lampedusa, registrar superficialmente las noticias y volver a desaparecer. Quería vivir la isla tal y como la viven sus habitantes.
El documental comienza con un niño que, al atardecer, intenta trepar a un árbol para cortar la rama perfecta para su tirachinas. El niño, según nos enteramos, es Samuele, de nueve años, nacido y criado en Lampedusa, hijo de una familia tradicional de pescadores. Rosi lo sigue mientras hace travesuras con su amigo, en el colegio y mientras hace los deberes, en el barco pesquero de su padre y durante la cena. A través de Samuele también conocemos a otros isleños, como su abuela, que reacciona de forma bastante mecánica ante la enésima noticia sobre refugiados ahogados, y Bartolo Pietro, el único médico de la isla. Ese médico desempeña un papel crucial en este documental; no solo es el enlace directo entre Samuele y los refugiados, sino que también es el único que se pronuncia sobre las cuestiones morales en torno a la crisis, lo que confiere a esta película un carácter político y social. «Ayudar es un deber de todo ser humano. No se puede mirar y no ayudar». Como único médico de la isla, también examina a los refugiados que llegan, los atiende y es quien certifica la muerte de aquellos que tienen menos suerte. A través de Pietro, la cámara de Rosi se dirige hacia los refugiados, que tras las llamadas de socorro en el mar son rescatados y, envueltos en mantas isotérmicas plateadas y con miedo, incertidumbre y desesperación en los ojos, esperan en un centro de detención a ver qué destino les deparará el futuro. En una de las escenas más impresionantes de la película, cantan con fuerza para liberarse de los años de privaciones, dolor y humillaciones.
Son sobre todo las palabras del doctor Pietro, y las imágenes que se muestran en contadas ocasiones, las que siguen resonando. Cuenta que algunos refugiados, que en los barcos abarrotados acaban en el fondo de la bodega y han tenido que pagar por ello todos sus ahorros, nunca tienen la oportunidad de llegar vivos a Lampedusa. Si no mueren asfixiados, lo hacen a causa de las devastadoras quemaduras que provocan los vapores de gasolina. El doctor Pietro lo ha visto muchas veces, pero sigue teniendo esperanza, empatía y el deber moral de ayudar. Fuego en el mar impresiona por su sencillez y da mucho que pensar. Por eso, el León de Oro que recibió Rosi en Berlín por este documental es más que merecido.
