VII Época - 106

LA GRAZIA

Título original: La Grazia

Año: 2025

Duración: 133 min.

País: Italia

Dirección: Paolo Sorrentino

Guion: Paolo Sorrentino

Reparto: Toni Servillo, Anna Ferzetti, Milvia Marigliano, Orlando Cinque, Massimo Venturiello

Fotografía: Daria D’Antonio

El mandato del presidente italiano Mariano De Santis llega a su fin. Tras casi siete años y seis crisis de gobierno superadas, este jurista profundamente católico está cansado de las responsabilidades de su cargo. De buen grado deja la gestión diaria en manos de sus asesores, sobre todo de su propia hija Dorothea, mientras que él se limita a mantener una visión general. Pero es precisamente ella quien, antes de su despedida, le exige que firme una ley sobre la eutanasia y que se pronuncie sobre dos solicitudes de indulto. Es gracias a su tenacidad que, al final, el apático De Santis logra asimilar emocionalmente su propio pasado para tomar una decisión sobre su último gran acto oficial.

El director italiano Paolo Sorrentino no solo esboza un profundo estudio de los personajes, sino que también aborda una gran variedad de temas delicados. La decisión subyacente sobre un proyecto de ley relativo a la eutanasia sirve tanto de punto de partida como de metáfora indicativa de la evolución de normas antiguas y arraigadas hacia una visión moderna y renovada. Un enfoque que también representa la diferencia de perspectiva entre el presidente, ya entrado en años, y su hija más joven.

Sorrentino evita deliberadamente emitir un juicio moral definitivo sobre la eutanasia. Como suele ocurrir en sus películas, se trata de conceptos que pone en escena sin profundizar en el tema. Además del conflicto generacional, La Grazia aborda la autodeterminación, la perseverancia, el arrepentimiento, la religión y la absolución. En este sentido, la película se pierde a veces en una profusión de simbolismo y metáforas, mientras que en otros momentos parece quedarse un poco estancada.

En La Grazia, Sorrentino vuelve deliberadamente al enfoque más directo que conocemos de sus anteriores obras, en las que a menudo se cita a sí mismo en cuanto a estilo y expresión. El último plano de La Grazia es una referencia casi idéntica a la escena del salón de baile de La gran belleza y tiene un significado similar. Y a menudo rompe las escenas ralentizadas con movimientos de cámara irracionales, enmarcados por una banda sonora de música electrónica moderna y, de vez en cuando, rap.

Al mismo tiempo, la brecha generacional y el conflicto interior del presidente se reflejan en esta ruptura auditiva entre lo clásico y lo moderno. En este papel, el actor italiano Toni Servillo, protagonista fetiche de Sorrentino, ofrece una interpretación tremendamente convincente y casi magnética, quizá la más sobresaliente de su larga y deslumbrante carrera. Cuenta con el apoyo, sobre todo, de Anna Ferzetti en el papel de Dorothea, la hija de De Santis, y de Milvia Marigliano como Coco Valori, amiga de la familia.

La Grazia es una creación intrigante que convence por su elegancia. Se trata, además, de una impresionante lección magistral de puesta en escena cinematográfica a cargo de la directora de fotografía Daria D’Antonio. El sólido reparto, con Servillo como protagonista, es la guinda del pastel de esta película. El regreso de Sorrentino a su estilo habitual, ambicioso y abstracto, no oculta el simbolismo a veces abundante, aunque eso no resta nada a la calidad intelectual y de alto nivel de este retrato tan humano y analítico. Al final, la reflexión de Sorrentino sobre los conflictos generacionales y la ética sigue siendo tan fascinante como fragmentada.

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