VII Época - 54

ROSALÍA DE CASTRO

(1837, Santiago de Compostela – 1885, Padrón)

La gran poeta gallega, Rosalía de Castro, expresa el vivo dolor de todo fugitivo, acosado por quien sabe qué acción, por otros reprochada. Queda la melancolía en el ánimo, ante la visión en la lejanía de la luz y la vida de las que el perseguido fue despojado. Todos los humanos podemos ser en algún momento, en realidad somos, este montaraz lobo al que el hambre invernal de alguna sed ansiada y justiciera empuja a la muerte, en poblado

ASÍ COMO EL LOBO DESCIENDE A POBLADO

Así como el lobo desciende a poblado, 
si acaso en la sierra se ve perseguido, 
huyendo del hombre que acosa a los tristes, 
buscó entre las fieras el triste un asilo. 

El sol calentaba su lóbrega cueva, 
piadosa velaba su sueño la luna 
el árbol salvaje le daba sus frutos, 
la fuente sus aguas de grata frescura. 

Bien pronto los rayos del sol se nublaron. 
la luna entre brumas veló su semblante, 
secóse la fuente, y el árbol nególe, 
al par que su sombra, sus frutos salvajes. 

Dejando la sierra buscó en la llanura 
de otro árbol el fruto, la luz de otro cielo; 
y a un río profundo, de nombre ignorado, 
pidióle aguas puras su labio sediento. 

¡Ya en vano!, sin tregua siguióle la noche, 
la sed que atormenta y el hambre que mata; 
¡ya en vano!, que ni árbol, ni cielo, ni río, 
le dieron su fruto, su luz, ni sus aguas. 

Y en tanto el olvido, la duda y la muerte 
agrandan las sombras que en torno le cercan, 
allá en lontananza la luz de la vida, 
hiriendo sus ojos feliz centellea. 

Dichosos mortales a quien la fortuna 
fue siempre propicia… ¡Silencio!, ¡silencio!, 
si veis tantos seres que corren buscando 
las negras corrientes del hondo Leteo.

Este texto figura como VII y último de los poemas de “Los tristes”, incluidos en el libro “En las orillas del Sar” (1884), de Rosalía de Castro (edición S.A.P.E., 1986 – Madrid)

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